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jueves, noviembre 08, 2012

Cuatro años menos para Barack Obama


Por Miguel Angel Valenzuela Shelley y Amando Basurto –

Siempre vale la pena, hablando de políticas públicas y representatividad republicana, pensar los periodos político-administrativos no sólo como tiempo que uno tiene de más”, sino como el tiempo que a uno le resta para cumplir lo prometido en campaña. Es por ello que, después de las elecciones de ayer, es deseable que el Presidente Barack Obama comprenda que lo que tiene son cuatro años menos y que tendrá que cambiar de estrategia si no quiere ver su gobierno de nuevo amputado por la parálisis legislativa. Un vistazo inicial a los resultados de la elección permite proyectar las posibles lecturas políticas que les darán ambos partidos.

El día de ayer, Obama fue reelecto luego de una apretada contienda que le otorga entre 303 y 332 votos del Colegio electoral –faltando que se determine el resultado en Florida- contra 206 ó 235 de Mitt Romney. El análisis de los resultados a grosso modo de una elección (es decir sólo con las cifras finales) impide una lectura correcta, amplia del propio proceso; esto es especialmente cierto en los Estados Unidos debido a su complejo sistema electoral. El resultado ya mencionado parecería indicar una clara victoria de Obama. También el resultado parcial del voto popular que le da al Presidente 60’075,442 sobre los 57’397,415 obtenidos por el ex gobernador Romney parece ser muy categórico. Pero es necesario conocer a mayor profundidad el sentido del voto –quién y con qué características voto en qué sentido- para comprender el resultado del proceso y cómo se podrían mover los Partidos en un futuro.

Un primer vistazo a los números indica que a mayor nivel de urbanidad y educativo más votos para Obama, y a mayor ingreso y práctica religiosa, más simpatía por Mitt Romney. Eso puede apreciarse, allende las cifras, tanto en los estados que apoyaron a uno y a otro, como en la dinámica electoral. Es por ello que podía adelantarse –proyectarse- antes del cómputo final, que Obama ganaría Ohio, Virginia y Florida por las características urbanas y sociales de los distritos que faltaban por enviar resultados, sin importar que el Presidente estuviera debajo en los conteos. En Ohio, por ejemplo,  la región automotriz del estado tardó en enviar los resultados –Sandusky, Lorain, Cuyahoga, etc.; mismo caso el los condados de Charlottesville y Albermarle de Virginia, o de Palm Beach, Broward y Miami Dade, en Florida, que enviaron resultados hasta ya muy entrada la noche, y al ir llegando estos se invirtieran los resultados parciales.

También se puede observar que mientras los hombres votaron mayoritariamente por Romney (52%), las mujeres y los jóvenes lo hicieron por Obama (55% y 60% respectivamente). Sin embargo, al discernir el perfil de las votantes encontramos que el voto de las afroamericanas y latinas fue muy relevante: 42% de las mujeres blancas, 76% de las mujeres latinas y 96% de las afroamericanas votaron por Barack Obama. El caso del voto masculino es muy similar: 35% de los hombres blancos, 65% de los latinos votaron y 87% de los afroamericanos votaron por el Presidente. Lo que se puede apreciar con estas cifras, es que no fueron mujeres quienes apoyaron al Presidente, sino mujeres afroamericanas y latinas, es decir, el voto femenino de las minorías. Parece haber no sólo una clara distinción ideológica, sino racial en el electorado norteamericano.

Una de las razones por la cual Barack Obama fue re electo, según muchos analistas (simpatizantes del Partido Demócrata u Obama; cabe mencionar que ya se debate quién ganó si el Partido Demócrata o el Presidente Obama), es la inspiración que éste genera en los jóvenes, y el 60% del voto joven parece indicarlo así, pero una vez más acerquémonos a los números. Entre jóvenes blancos de 18 a 29 años el 44% votó por Obama, mientras el 74% de jóvenes latinos y el 91% de afroamericanos tomaron la misma decisión. En ese mismo sentido, 55% de los votantes entre 30 y 39 años apoyaron la re elección demócrata, pero la gran mayoría fueron latinos y afroamericanos. Se repite la conclusión del voto femenino; no son los jóvenes que apoyaron a Obama, fue la aplastante mayoría de jóvenes latinos y afroamericanos. Esto también ayuda a explicar la derrota Republicana, y les indica qué espacios deben cubrir.

Se puede deducir que las minorías deciden ahora las elecciones presidenciales estadounidenses; los blancos, anglosajones y protestantes –el público preferido por el Partido Republicano- ya no tienen la capacidad de definirlas. También se puede decir, para evitar simplemente racializar el voto estadounidense, que ambos partidos políticos han perdido terreno al sobrevalorar el rol que la economía juega en las elecciones. La política y la decisión de quien será el próximo presidente no es un asunto de “creación de empleo” (aunque Romney como Felipe Calderón insistan en ello); la política es un asunto de la positivización y la defensa de derechos. Ojalá quede confirmado que hoy no se puede ganar una elección con propuestas que atentan contra los derechos de las mujeres, de aquellos en situación más vulnerable, del 47% que –según Romney­– son unos vividores del sistema. Es por ello que Obama consiguió ser electo con uno de los niveles más bajos de aprobación en su administración y con un nivel de desempleo de más del 8%. Parafraseando un “dicho” muy estadounidenses muy a menudo: “No, estúpido, no es simplemente la economía.”

Ejemplo de lo anterior es la aprobación en Maine, Maryland y Washington del matrimonio entre personas del mismo, o el rechazo de los votantes a una ley que lo prohibiría en Minnesota; la legalización de la marihuana en Colorado, su uso médico en Massachusetts; la elección de la senadora Tammy Baldwin (Wisconsin), la primera persona abiertamente gay electa al Senado; o el número histórico de 20 senadoras. Aún en una severa crisis económica y con altos índices de desempleo, los votantes tuvieron otras consideraciones además de la economía; Nevada, que tiene el índice de desempleo más alto del país es sólo un botón de muestra. Al final, la mayoría de los electores estadounidenses prefirieron prolongar la administración Obama, con todas sus limitaciones, a darle una sola oportunidad a quienes proponen políticas ultraconservadoras para “salvar” al país.

Los retos para Obama siguen siendo enormes. El “acantilado fiscal” que se avecina pondrá en jaque a las economías estadounidense e internacional. Hacer frente al problema poniendo orden en las finanzas públicas y cobrando impuestos a los que más dinero ganan será fundamental para evitar un periodo prolongado de estancamiento económico. Promover un gasto público razonable para mantener en marcha la producción y el consumo nacionales serán de seguro una prioridad. Y muy especialmente, Obama deberá probar a muchos más estadounidenses que sus políticas no son una expresión de una guerra entre clases (class warfare) sino una estrategia seria para renovar un sistema político y social que ha dado importantes muestras de agotamiento. Cuatro años menos, señor presidente, para lograrlo.

lunes, noviembre 05, 2012

Otro final de fotografía en la elección presidencial de EEUU

(Too close to call)

Por Miguel Ángel Valenzuela Shelley


El próximo martes 6 de noviembre se llevará a cabo la elección general en los Estados Unidos, y los norteamericanos elegirán mediante sus 51 procesos electorales (50 estados y Washington, D.C.) una tercera parte del Senado, renovarán la Cámara de Representantes y mediante la elección de electores, el Colegio electoral definirá la Administración por los próximos cuatro años. Las encuestas indican que no habrá mucho movimiento en las Cámaras –los Republicanos mantendrán el control de la de Representantes y los Demócratas tendrán la mayoría en el Senado- pero la elección presidencial está muy cerrada como para anticipar un ganador. La clave serán –como mencionamos hace ya algunos meses en Nomos político- los estados de Ohio, Virginia y Florida; en ellos el Presidente Obama tiene una ligera ventaja, pero Romney ha recaudado más dinero que la campaña Demócrata -escenario contrario al que tuvo Obama hace cuatro años- y eso podría definir una muy cerrada elección.

Hasta antes del primer debate presidencial entre Barack Obama y Mitt Romney, la elección estaba casi decidida, pero después de aquel primer encuentro las encuestas se cerraron y así se han mantenido; puntos arriba y abajo para ambos, pero tres días antes de la elección Obama y Romney están empatados. Sin embargo, Obama lleva una ligera ventaja en los tres swing states mencionados, aunque es de apenas 1 punto en Florida, 2 en Virginia y de 5 en Ohio. De confirmarse las tendencias y sumando a la contabilidad demócrata Ohio y Virginia, el Presidente Obama alcanzaría 274 votos del Colegio electoral y con ello cuatro años más en la Casa Blanca. Pero considerando las diversas encuestas –aceptación, rumbo del país, apoyo de votantes registrados, de votantes no registrados, etc- los swing states (Colorado, Iowa, Wisconsin, Ohio, New Hampshire, Virginia y Florida) están muy cerrados como para predecir un ganador.

Los analistas estadounidenses comentan que algo pasa en Octubre que impacta en las Campañas y podría ayudar a definir la elección; esta ocasión estaba a punto de acabar el mes cuando apareció dicho evento extraordinario: Sandy. Hace cuatro años la crisis financiera estadounidense impactó las Campañas –John McCain propuso una pausa para ambos candidatos (y senadores) a fin de lograr un proyecto bipartidista que atendiera la crisis; Obama aprovechó la declaración para señalar que el Presidente debía estar listo para atender diversos problemas, y él lo estaba- y también tuvo su efecto en el electorado, pues la crisis financiera se sumó a una larga lista de desencantos sobre la Administración Bush. En esta ocasión la súper tormenta Sandy –superstorm como la llamaron en EEUU- parece estar ayudando al Presidente Obama, pues si bien los estragos han sido muy importantes y la recuperación será paulatina y costosa, se vio un liderazgo inmediato, eficiente y confiable. Con ello, algunos severos críticos del Presidente alabaron su desempeño ante la crisis, entre ellos el gobernador de New Jersey, el Republicano Chris Christie; tal vez esto ayudó a que muchos votantes en swing states se han inclinado por Obama después de Sandy.

Pero no sólo el liderazgo de Obama ha ayudado a su campaña, Sandy también ayudó a traer a la mesa de discusión electoral el plan de Romney de desaparecer FEMA (Federal Emergency Management Agency) y que cada estado enfrente las crisis por sí mismo o a partir de liderazgo; esto frente a la iniciativa de Obama de incrementar los recursos para dicha Agencia. Otro ejemplo de la diferencia en ambos proyectos. Y ahí la pregunta crucial sobre el rumbo del país; pregunta que comenzó a estar en las mesas de análisis y en las encuestas –al menos con mayor peso y continuidad- a partir de la intervención de Bill Clinton en la Convención Nacional Demócrata. La pregunta arroja un resultado sumamente dividido entre los votantes: 55% piensan que el país tiene un rumbo negativo y 43% que es positivo. De primera instancia parece una importante diferencia, pero es la menor desde 1988.

Las encuestas están tan cerradas que ya se comienza a hablar de empate o que ninguno de los candidatos alcance los 270 votos necesarios del Colegio electoral, de ser así la Cámara de Representantes elegiría al Presidente –cada estado tendría un solo voto- y el Senado al Vicepresidente, bajo las mismas condiciones. No obstante, previendo conflictos post electorales, ambas Campañas ya cuentan con varios equipos de abogados listos para pelear los votos. Lo que es casi un hecho es que la noche del Martes 6 de noviembre no conoceremos al ganador de la elección general 2012.

viernes, octubre 05, 2012

Game change

Dos proyectos para el futuro estadounidense en el primer debate presidencial 

Por Amando Basurto Salazar y Miguel A. Valenzuela Shelley



La noche del Miércoles, Mitt Romney y Barack Obama se encontraron en la Universidad de Denver para el primero de los tres debates que sostendrán antes de las elecciones el próximo día 6 de noviembre. Ambos han insistido en que esta elección no es simplemente entre dos opciones personales o partidistas, sino que se trata de la elección del futuro proyecto económico y de nación (recordemos que algo muy similar decía Andrés Manuel López Obrador). Pareciera que ahora en vez de evaluar la relevancia histórica de eventos pasados, las campañas políticas se han dedicado a pronosticar la relevancia histórica del acto electoral futuro. En realidad, frente a la angustia que genera la polarización política y los altos niveles de antipatía las campañas políticas están recurriendo a la superlativización de las elecciones: “¡esta elección es la buena, es contundente, es la que define el futuro!”, dicen.
El escenario era perfecto para una noche de debate político entre contrincantes que  están, según las encuestas, en un empate técnico (con ligerísima ventaja de Obama 49% a 45%, según Real Clear Politics). Históricamente el titular (incumbent) de la presidencia ha tenido ventaja a la hora de presentarse a reelección por los recursos a los que tiene acceso, pero ahora los súper-PACs –y los grupos 527- han cambiado eso; el ex gobernador de Massachusetts ha recaudado ligeramente más que el Presidente. Romney llegaba al encuentro en la Universidad de Denver con una ventaja: menos presión, pues él no tenía nada que perder. Mitt Romney ni es el presidente, ni el favorito, ni el tenía una “ligera ventaja” qué proteger; esto le ayudó a desenvolverse con mayor flexibilidad y soltura. Barack Obama, por el contrario, se vio poco preparado y sorprendido por la eficacia de su rival; ¿lo habrá distraído su vigésimo aniversario de bodas?
Romney debía mostrarse como un candidato que puede vencer al Presidente, que puede comunicar de forma precisa y debatir exitosamente con una figura política (candidato, para ser exactos) temida por los Republicanos. Tenía que demostrar que la elección no está decidida aún, como lo anunciaran algunos analistas tanto en EEUU como en México. Mitt Romney logró su objetivo con creces; después del debate de ayer el juego cambió en las campañas y para el electorado. Obama por su parte, debía consolidar su ligera ventaja –y ampliarla, sobre todo en Ohio, Virginia y Florida– mostrando que puede evadir ataques y contrarrestar críticas a su Administración, a la vez de presentar un proyecto con bases sólidas –creadas en estos primeros cuatro años– que requiere continuidad a fin de transformar al país y alcanzar los objetivos establecidos en 2008 –y los que se acumulen. Pero el Presidente Obama tuvo un desempeño regular tanto a la defensiva como a la ofensiva. Por momentos, y no fueron pocos, parecía recibir una reprimenda por parte del ex Gobernador. Se vio una gran diferencia entre el Obama de 2008 y el de 2012, así como entre la Campaña de Obama y el Presidente –también candidato– Barack Obama.
Jim Lehrer, el moderador, fue capaz de hacer que los candidatos contrastaran claramente sus propuestas económicas sobre empleo, salud y déficit. El contraste entre las propuestas de uno y otro lado –mismo que se había perdido en las elecciones presidenciales de los últimos 24 años– se hizo patente en prácticamente todas las intervenciones. El punto de principal disidencia: el papel del gobierno federal en la vida de los individuos y la economía de los Estados. ¿Cuál es la mejor vía ante la crisis que se sigue viviendo, y que –según el FMI– durará diez años más: un gobierno fuerte, interventor o las fuerzas del libre Mercado?
El juego cambió después del primer debate por las siguientes razones: Romney está en la pelea por estados indecisos –Virginia y Florida, claramente– esto obligará a la Campaña de Obama a redoblar esfuerzos en esos estados (y otros que podrían seguir el mismo camino). Los Republicanos confianza más en la candidatura de Romney y eso generará más donaciones, sobre todo millonarias (súper PAC’s y grupos 527, quienes han mostrado su éxito en limitar la recaudación de Obama).  El Presidente Obama debe pasar de la ofensiva a jugar en ambos lados del campo –ofensiva y defensiva- y para hacerlo eficientemente debe replantear su estrategia de comunicación y administración financiera; Obama no cuenta con los recursos de 2008 –cuando quintuplicaba la recaudación de McCain- ni con el apoyo de súper PAC’s o incluso PAC’S de aquella elección.
El juego cambió, las campañas re diseñarán sus estrategias –incluidas las financieras– y se prepararán para el segundo debate el 16 de octubre. Este primer debate servirá, no sólo a los candidatos, para entender que no hay que subestimar al adversario. También nos ofrece otras lecciones: 1) Mitt Romney no es John McCain y Obama ya no es Senador,  tiene que presentarse mucho más presidencial; 2) Siempre hay que estar listo para re-accionar a los game-changers, la elección no está definida y todavía puede inclinarse para cualquier lado y; 3) pudiera ser que Barack Obama fuese un gran candidato, pero ahora debe demostrar que es un Presidente re elegible.

miércoles, octubre 03, 2012

Sobre la Reforma Laboral



Por Amando Basurto-

La cámara de diputados aprobó la Reforma Laboral la semana pasada, aquélla que según algunos aumentará el empleo y la competitividad económica del país, pero que otros acusan de catastrófica para los derechos de los trabajadores. Tanto se ha escrito al respecto que no creo que valga la pena repetir aquí un análisis sobre lo terrible o lo benéfica que será la nueva ley. Lo que sí creo que vale la pena es comentar lo que la reforma y la oposición a la misma significan laboral y políticamente.

Habría que iniciar por decir que la reforma, ciertamente, tiene como objetivo hacer más competitivo el mercado laboral y de abatir el desempleo. Esta es la gran promesa incumplida de la administración de Felipe Calderón. También es una de las promesas de la administración que tomará cargo el próximo primero de diciembre. La reforma es, en este sentido, parte del “cumplimiento” tardío o adelantado –según se quiera ver– de vagas promesas de campaña. Sin embargo, esta consideración nos lleva a las siguientes preguntas: ¿será que los mexicanos necesitamos más y no mejores trabajos? ¿será que lo que se necesita es más empleo aunque sea mal remunerado, limitado por corruptelas y charrismos sindicales? ¿a poco la “subcontratación” no será solo un “parche” en la disfuncionalidad contractual de las empresas? ¿a poco las malas condiciones laborales no seguirán aumentando el “empleo informal”? ¿no será que lo que se requiere es mejorar las condiciones laborales, eliminar todos los rastros de discriminación y terminar con los sindicatos corruptos e ineficientes? Entonces, ¿no tendíamos que estar hablando mejor de aumentar la calidad del empleo y no simplemente de abatir el desempleo?

El grave problema para quienes no somos “empresarios empleadores” (si, de esos que no contratan trabajadores para generar ganancia y gastársela sino que son buenos samaritanos que “crean empleo”) es que las políticas laborales en México han estado secuestradas ya sea por los patrones ya sea por los aparatos corporativistas en los que se han convertido muchos sindicatos. También nos encontramos cuasi-maniatados frente a un gobierno que históricamente se ha aliado con los empresarios o se ha coludido con los sindicatos. El colmo es que la “izquierda” tampoco propone un esquema laboral nuevo, en cambio ofrecen una defensa a ultranza incluso de los peores vicios sindicales y una gran incapacidad de actuar sin terminar infructuosamente boicoteando el trabajo legislativo.

Pero el problema no termina con la aprobación de una ley en detrimento de los “derechos históricos” de los trabajadores y a favor de la “competitividad” de todo México, dicha aprobación hace evidentes algunos de los límites “democráticos” de nuestro sistema político. Es cierto que la actividad parlamentaria debe de ser un ejercicio de razonamiento, razonabilidad y convencimiento de aquellos que defienden intereses diversos y tienen una opinión distinta. Sin embargo, en un sistema partidocrático como el mexicano, las mayorías legislativas pueden escuchar pero no necesariamente tomar en cuenta los razonamientos de las minorías. Y no es que las “izquierdas” en este caso hayan manifestado un caso inteligente o de manera inteligente, sino que aunque hubiesen presentado razones claras y contundentes en contra de la propuesta de reforma estas evidentemente no serían suficientes para cambiar el resultado. Una vez que la mayoría, en este caso del PRI y del PAN, se ha puesto de acuerdo es casi imposible convencer a un numero de ellos de cambiar de opinión de manera que revierta la tendencia de una votación.

La reforma laboral, entonces, puede acabar siendo no sólo un revés para las condiciones laborales de los mexicanos, sino también una grave muestra de la disfuncionalidad política del parlamentarismo en el Congreso. Esta disfuncionalidad podría traducirse en conflictos laborales incapaces de ser dirimidos en las caducas juntas de conciliación y arbitraje o en la simple aceptación, por parte de todos nosotros, del alto costo que suponen las nuevas condiciones laborales que se requieren para aumentar “la competitividad” de esas empresas que “tanto han dado a nuestro país”.

jueves, septiembre 20, 2012

Entre Septiembre negro y la Sorpresa de Octubre

Por Miguel Ángel Valenzuela Shelley


A menos de 50 días de la elección, las campañas del Presidente Barack Obama y el ex Gobernador Mitt Romney luchan por convencer a un electorado que duda de ambos. Los estados que aún no definen el sentido de su voto y que serán –algunos de ellos- los fieles de la balanza en la elección general del martes 6 de noviembre, están siendo el centro de atención tanto de las campañas como de los distintos comités de acción política (PAC’s, Súper PAC’s y grupos 527) que operan la propaganda y la guerra sucia localmente. La campaña de Romney se encuentra inmersa en un muy oscuro septiembre negro derivado de varios desatinos –errores estratégicos, comentarios inadecuados y filtraciones- que lo coloca en un escenario cada vez más complicado frente al Presidente Obama. Sin embargo, la moneda sigue en el aire, pues ambas campañas están aún a la espera de la Sorpresa de Octubre; un acontecimiento inesperado de política interna o internacional que define la elección de último momento.

Las Convenciones Nacionales (Republicana y Demócrata) tradicional y lógicamente impulsan al candidato que acepta la nominación de su partido, volviendo a equilibrarse los números –o a las condiciones a priori aquellas- una vez realizadas ambas Convenciones. En este caso, luego de la reunión Republicana en Tampa Mitt Romney incrementó su números en las encuestas llegando incluso a superar ligera y brevemente a Barack Obama. El escenario se diluyó unos días después al llevarse a cabo el encuentro Demócrata en Charlotte. Elemento clave para el repunte del Presidente Obama no fue su discurso de aceptación, ni el emotivo mensaje de Michelle Obama, o la importante presencia de “Hollywood”, sino el discurso del ex Presidente Bill Clinton, quien convenció a los televidentes y a miles de quienes supieron del mensaje de una u otra manera, de que si bien falta mucho por hacer, el rumbo que siguen los Estados Unidos, es el adecuado.

El impacto del discurso de Bill Clinton es evidente, pues a nivel nacional los electores que consideran que el país va en la dirección correcta aumentaron de Mayo a Agosto en más del 5%. Esto ha sido clave en estados indefinidos –o swing states- y que definirán la elección, como Ohio, Florida y Virginia. En ellos, Obama ha logrado una ventaja sobre Romney de entre 5 y 8, en los tres casos. Esto es clave toda vez que entre los 3 estados suman 60 votos del Colegio electoral, y en caso de que se cumplan los resultados por estados que reflejan las encuestas, la fórmula Obama/Biden necesita 23 votos del Colegio electoral –supuestamente cuentan con 247; esto sin contar Nevada y Colorado, que comienzan a inclinarse hacia el Partido Demócrata. Esto deja ver un escenario muy complicado para la fórmula Republicana (Romney/Ryan), que poco éxito ha tenido tanto para combatir a la Administración Obama como para posicionarse en electorado y en su propio partido.

Los temas de ataque y posicionamiento de Mitt Romney fueron desde un principio la economía y la política exterior; lo que aparentemente fortalecería su compañero de fórmula (Paul Ryan). De hecho uno de los pocos temas en que Romney superaba a Obama en las encuestas a nivel nacional, era la economía; los electores percibían al ex Gobernador como mejor preparado para enfrentar las dificultades económicas. Sin embargo los entuertos no se hicieron esperar, particularmente a partir del discurso del Representante por Wisconsin, Paul Ryan, en que aceptó la candidatura a la Vicepresidencia. Pero en las últimas semanas una serie de errores, desatinos e imprudencias eliminaron la ventaja de Romney en el tema económico, e incrementaron la ventaja de Obama en política exterior.

Las propuestas Republicana en política exterior ha estado claramente influida por los neoconservadores y su enfoque Cruzado; el poder disuade, el poder es para incrementar el poder, el poder se aprovecha, el poder obliga, el poder sirve para moldear el mundo de acuerdo a las necesidades. Estas posturas han sido claras e implícitas en la plataforma de Mitt Romney, al señalar a Rusia, China, Irán y Corea del Norte, como enemigos de los Estados Unidos, siendo el poder duro y no el suave lo que debe predominar en la estrategia de política exterior de los EEUU. Pero luego de los ataques a las embajadas estadounidenses –y algunos negocios como KFC- en Inglaterra, Alemania, Siria, Egipto, Israel, Turquía, Irán, Irak, Sudán, Libia, Yemen, Afganistán, Pakistán, Líbano, Túnez, Bahrein, India, Bangladesh, Malasia e Indonesia, Romney criticó la política de Obama en la región, acusándolo o haciéndolo responsable de los ataques y las vidas perdidas en ellos. Los señalamientos del candidato presidencial del GOP –como se le conoce al Partido Republicano- fueron duramente criticados tanto por la población como diversos analistas políticos; incluso miembros del Partido Republicano, como John McCain, reprobaron el golpe bajo de Mitt Romney, subrayando que si bien la política de la Administración es cuestionable, es momento de rezar por las almas de los fallecidos y respaldar al Presidente.

Uno de los principales problemas de Romney ha sido que es percibido como un político originado en la élite económica, muy lejano a la realidad del estadounidense común; en consecuencia no conecta con el grueso del electorado. Por ello es que parte fundamental de la estrategia de campaña –lo que se estableció claramente en los discursos que le precedieron en la Convención Nacional Republicana- era crear una imagen de Mitt Romney como un ejemplo de la Promesa Americana; al menos de tercera generación. Pero el video que se filtró esta semana en que el candidato comenta en un evento de recaudación de fondos que “47% de los estadounidenses dependen del gobierno, y creen que tienen derecho a salud, educación y vivienda”, aclarando además que “ocuparse de ellos, no era su trabajo”, poco ayuda a la imagen del Romney cercano y sensible a las necesidades de la gente. A estos gazapos habría que añadir por ejemplo, las constantes quejas de importantes donadores a la Campaña Romney/Ryan, con respecto a su Coordinador de fundraising, Stu Stevens, por no atender las necesidades de los donadores. ¿A qué se referirán?

El Septiembre negro de la Campaña de Romney ha ayudado al Presidente Obama a obtener ventaja en estados indecisos que podrían definir la elección, pero falta historia por escribir; no sólo la Sorpresa de Octubre, sino los debates presidenciales que comienzan el 3 de Octubre. Los retos se acumulan para Romney; recuperar el tema económico, posicionarse en política exterior, obtener votos de minorías clave, como las mujeres y los latinos. La comunidad LGBQT y afroamericana, son misión imposible.

lunes, septiembre 10, 2012

El factor “López Obrador” y las izquierdas en México


Por Amando Basurto-

Tras el discurso de Andrés Manuel López Obrador en el mitin del día ayer en la Plaza de la Constitución de la Ciudad de México, vale la pena pensar lo que su escisión con los partidos del Movimiento Progresista significa y significará en un futuro cercano. Sin embargo, un análisis así admitiría el status quo de “las izquierdas” en México en vez de cuestionar críticamente qué significa ser de izquierda en nuestro país.

Desde sus antecedentes Jacobinos, la “izquierda” ha sido una denominación política poco clara y por ello mudable. El origen de la palabra se remonta a la Francia revolucionaria del siglo XVIII y se refería a la posición que (en los Estados Generales y luego en la Asamblea Nacional) tomaron los más radicales defensores de la República (los Jacobinos). El Reino de Terror instaurado por Maximilien Robespierre dotará de un específico carácter de “violento” al concepto de “izquierda”. Más tarde, los rasgos “radical y violento” fueron reforzados al denominar a todo movimiento Socialista y Comunista como de “izquierda”. Finalmente, “la izquierda” ha sido utilizada para etiquetar a los anti-conservadores de todo tipo (incluso a los liberales demócratas como Barack Obama en los Estados Unidos).

Pero, ¿qué significa ser de izquierda hoy en México? No significa, de seguro, un antimonarquismo radical (eso lo eran algunos miembros de las fuerzas insurgentes independentistas a principio del siglo XIX). Tampoco significa ser simplemente “radical”, porque en todo esquema político hay tanto radicales de derecha como de izquierda (radical es sólo una posición relativa y no requiere ser violenta). Mucho menos significa ser Socialista o Comunista; o ¿acaso creemos que Cuauhtémoc Cárdenas, López Obrador, Jesús Sambrano, o Dolores Padierna son Comunistas? Entonces, ¿son anti-conservadores? ¿Cómo se puede ser anti-conservador si en su discurso representan viejas formas de corporativismo estatal que fueron práctica común en el México de la década de los 50?

¿Ser de izquierda en México significa ser “progresista”? ¿Liberal? ¿Ultraliberal? ¿Estar en contra del poder del clero y de la concentración del poder en un solo nivel de gobierno? ¿Es estar a favor de la defensa de los Derechos Humanos? ¿Es una posición de gobierno o sólo se puede ejercer desde la oposición? Tal vez, en México, no se pueda ejercer ni desde el gobierno ni desde la oposición porque en ambos casos se está limitado a los límites institucionales y a las componendas de partido. ¿Será que sólo se puede ser de izquierda de manera constructiva y sin ataduras corporativas desde la sociedad civil?

Estas preguntas vienen a colación de que el “izquierdoso más peligroso de y para México” ha decidido separarse de los partidos del Movimiento Progresista. López Obrador hecho pública su voluntad de proseguir con su papel de “luchador social” fuera de la vida partidista. Por lo menos hasta que los congresos de MoReNa no decidan que intentarán constituirse como partido político.

Por un lado, la separación de López Obrador del Movimiento Progresista es una buena noticia en lo general. No sólo porque abre la posibilidad, como dijo Jesús Ortega, de que se termine la “esquizofrenia” de la izquierda; y digo posibilidad porque el ex-dirigente del Partido de la Revolución Democrática parece sobrevaluar la figura de López Obrador y menospreciar la gran aportación “esquizofrénica” de las tribus al interior del PRD y de la pluralidad que representan “las izquierdas”. De hecho, al contrario, si MoReNa se constituyese como partido político, el primero de los efectos sería una mayor esquizofrenia y una potencialmente mayor fractura entre las izquierdas. Por desgracia las batallas campales las acabará pagando la ciudadanía; especialmente la sociedad civil organizada podría encontrar los espacios de negociación copados y/o ya muy repartidos.

Pero, ¿qué sucede si MoReNa se mantiene como organización civil? Es difícil predecir con certeza porque nunca ha habido en México una organización de este tipo tan grande y organizada (y tampoco una organización así de popular y previamente ordenada se ha convertido en un partido político nunca). Dos cosas podrían suceder: si López Obrador no renuncia a liderar a la organización, su peso político se podría convertir en un lastre para otras organizaciones civiles. Cancelando así la posibilidad de que la izquierda constructiva se desarrolle desde este ámbito. Por el otro lado, si López Obrador renuncia a dirigir MoReNa y permite la habilitación de espacios para la generación de cuadros a nivel local, con objetivos locales y estatales, que permitan su articulación con otras organización civiles en luchas específicas, entonces MoReNa puede convertirse en un motor de la movilización política en México. Para ello, hay que insistir, los miembros de MoReNa tendrían que renunciar al protagonismo y al caudillismo.

Difícil tarea pues la de definir a la izquierda en México. Aún más difícil será para los que se denominan de izquierda reconstituirse no sólo como una alternativa viable no de gobierno, sino como una alternativa viable y constructiva de acción desde la sociedad civil.