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jueves, marzo 17, 2016

#TuConstituyente

Desde Nomos Político estamos dando un seguimiento y cuestionándonos por el proceso venidero para la construcción de la Asamblea Constituyente que dará a la Ciudad de México una nueva constitución. Como parte del proceso hemos decidido difundir las otras y novedosas opciones que ciudadano y ciudadanas independientes quieren llegar a plantear participando en esta Asamblea. Publicamos ya sobre la plataforma #CiudadFeminista y hoy queremos dar espacio a #TuConstituyente
#TuConstituyente Es una red de organizaciones de la sociedad civil, ciudadanas y ciudadanos que desde hace años han dado la lucha para ampliar derechos cívicos a partir de la defensa de derechos humanos, de la democracia, la libertad de expresión la igualdad y justicia social así como del respeto a los bienes y espacios comunes.
Este grupo de ciudadanos y ciudadanas se identifica independiente de los partidos políticos, del crimen organizado y de los poderes fácticos.
Para #TuConstituyente, no se trata solo de poder continuar con la lucha, también el querer participar es el reflejo del cansancio generalizado que existe  por ver cómo esas luchas se han sometido a intereses y poderes para beneficio de unos cuantos. Para ellos es fundamental entonces promover la participación y la construcción colectiva, creen en la suma de esfuerzos ciudadanos, en la colaboración horizontal, y el control político de abajo hacia arriba para la rendición de cuentas, la legalidad y el Estado de derecho.
Desde esta postura #TuConstituyente quiere llegar a la Asamblea Constituyente para evitar que lo que consideran un proceso de imposición, como la propia reforma política de nuestra ciudad, termine con una imposición de una nueva constitución construida a dedazo por los tradicionales poderes políticos y excluyendo a la ciudadanía.
Para ello presentan cinco candidaturas independientes en voz de:
Puedes consultar las semblanzas aquí
La agenda que quieren impulsar es la siguiente:
  1. Ampliar y garantizar derechos y libertades: Una Ciudad con una Constitución que potencie los derechos reconocidos en la constitución federal para que en el centro de todo acto del gobierno estén los derechos humanos y el acceso a la justicia.
  2. Democracia real y participativa: Una Ciudad con una Constitución que potencie una mayor participación ciudadana que vigile permanentemente las políticas públicas, sus nombramientos y concesiones privadas; que le dé rumbo, visión de largo plazo y establezca nuevas y mejores reglas para la convivencia en la Ciudad. Que privilegie la democracia horizontal y deliberativa entre toda la población.
  3. Una ciudad diversa e igualitaria: Una Ciudad con una Constitución en la que quepan muchos mundos; que no discrimine; que respete y garantice los derechos de los pueblos originarios, las diversas identidades, la igualdad de género y los derechos sexuales y reproductivos; que permita el libre desarrollo de la personalidad, y sea garante de una educación de calidad y una política cultural incluyente.
  4. Contra la corrupción y la impunidad: Una Ciudad con una Constitución que cree nuevas herramientas para controlar a nuestros gobernantes, los obligue a rendir cuentas y castigue a los corruptos. Ante las elecciones próximas, abogamos por la creación de fiscalías independientes para investigar la corrupción. Que establezca la revocación de mandato, mecanismos de transparencia, cabildos con contrapesos, y gobierno abierto para combatir la corrupción e impunidad.
  5. Derecho a la ciudad: Una ciudad con una Constitución que garantice una urbe planeada y construida para que todas y todos puedan gozarla. Una ciudad que garantice el acceso equitativo a los servicios, la movilidad, la sostenibilidad de sus recursos naturales, la vivienda digna, sin corrupción inmobiliaria ni privatización de los bienes comunes. Una Ciudad que permita aprovechar las ventajas económicas y sociales que esta gran colectividad puede brindar a todos.
Es importante recordarles que este para las candidaturas independientes está dividido en dos partes: por un lado vencer la inequidad que el sistema electoral impone a las candidaturas independientes es decir contar con 74 mil firmas, antes del 31 de marzo, que avalen las candidaturas; y por otro el 5 de junio salir a votar por ellos.
Si quieres ayudar a #TuConstituyente a conseguir las firmas puedes hacer lo siguiente:
  • Firmar por vía electrónica en http://firmas.tuconstituyente.org/#/
  • O bien bajar el formato de firmas en http://www.tuconstituyente.org/formaton/ y llevarlo después a los puntos de recolección de firmas, estos cambian cada semana y fin de semana para estos días que vienen (17 al 20 de marzo) puedes asistir a Gante y Madero en el centro Histórico de 11 am a 19 pm (17 al 20 de marzo), o en Ciudad Universitaria saliendo de Metro Cu en la escultura de los Bigotes (17 al 19 de marzo) de 10am a 14 pm.
También puedes contactarles en: contacto@tuconstituyente.org 
Es una oportunidad única la que tenemos y creo que el cansancio que las plataformas ciudadanas demuestran, es el mismo que muchas personas vivimos cotidianamente, insisto en que tan solo permitir que lleguen a las elecciones se antoja ya interesante, después si te convencen vota por cualquier fórmula independiente que te llame la atención.

miércoles, julio 11, 2012

La democracia mexicana: farsas, tragedias e impugnaciones


Por Miguel Ángel Valenzuela Shelley.

Los resultados de la elección federal del pasado primero de julio, han dejado al descubierto –una vez más- los problemas, pendientes, debilidades y vacíos de nuestro sistema electoral; otra arista de la (al parecer) perenne problemática institucional mexicana. Se ha logrado mucho desde las elecciones limitadas de los años setenta, el fraude –ese sí, a todos luces- de 1988 y su “caída del sistema”, la (hasta cierto punto) cuestionable elección de Ernesto Zedillo y la sospechosista de Felipe Calderón Hinojosa, doce años después de aquella. La jornada es, sin duda alguna, menos oscura, es transparente aunque confusa; no está exenta de fallas, pero es mucho más confiable que otros ejercicios. Sin embargo, nuestra transición a la democracia, sigue siendo una camino lleno de farsas, tragedias e impugnaciones.

Los reclamos de AMLO y, hay que decirlo, de buena parte de las izquierdas, incluyendo movimientos ciudadanos, están cayendo en la irracionalidad, las suposiciones, el fanatismo, la nada extraña falta de autocrítica y una clara falta de visión a futuro, e inclusive realismo. No haría daño reflexionar un poco sobre algunos de estos argumentos que sostienen (débilmente) la impugnación; misma que se entiende más como una expresión irracional (en el sentido de la filosofía política) del hartazgo y frustración, que como una respuesta articulada y razonada frente a la profunda inequidad del proceso. Lo delicado, es que lo que se necesita –y desde hace 12 años, al menos- es lo segundo, y no lo primero.

En efecto EPN ganó la elección presidencial teniendo a más del 60% del electorado en contra de su candidatura, pero eso no lo hace una imposición, ni ilegítimo; y en todo caso el porcentaje se amplía con AMLO y JVM. Pretender que se desconozca a EPN o que renuncie y sea (nombrado) presidente AMLO, sí sería una imposición. No pretendo ser un apólogo del IFE, ni defensor de EPN o el PRI -¡jamás!- pero clamar “¡Fraude!” o “¡Impugnación!” es un asunto muy serio y debe estar documentado con pruebas irrefutables, no suposiciones, aunque estén fundamentadas en la razón o la historia. No invito al silencio, ni a la sumisión, pero sí a la responsabilidad que supone la presentación de pruebas, a fin de demostrar allende cualquier duda los ilícitos en materia electoral.
A ver, separemos tres cuestiones elementales: una cosa es la jornada electoral en su conjunto, otra el conteo de los votos y aún otra las condiciones en que se desarrolla el proceso electoral en sentido amplio. La primera obedece a los acontecimientos que suceden el día de la elección, ya sea dentro, fuera, cerca o en los alrededores de las casillas; así como todo aquello que impacte en la votación, de manera directa o indirecta, en todo el territorio nacional. Esta fue muy accidentada, no fue tersa, impoluta o inmaculada; nada más lejano a ello. Pero eso no la hace fraudulenta per se. Cierto, el IFE reportó más de mil incidentes el 1º de julio, pero la gran mayoría obedecieron a problemas al instalar las casillas; como las más de 70 casillas en Tamaulipas que tuvieron que cambiar de lugar o que retrasaron su apertura debido a la lluvia. Ahora bien, existen muchos reportes de compra del voto –Soriana y Monex- lo cual debe investigarse y es nuestra obligación exigir penas EJEMPLARES para quienes hayan cometido dichos ilícitos. Eso sí puede calificarse como fraude.

La Ley General de Medios de Impugnación en Materia Electoral es muy clara al señalar que no se puede ejercer presión o violencia física para influir en el resultado de la elección, de hacerlo sería causa de nulidad en la casilla (Artículos 75, 76, 77 y 77 bis). Pero también es clara la Ley al señalar que se deben comprobar dichas acciones, y para que se anule la elección se deben anular el 25% del total de casillas instaladas. No dudo de la compra de votos, pero sí dudo que haya sido exclusivo del PRI; ¿acaso no recordamos las elecciones internas del PRD? ¿ya olvidamos que alguna o algunas tuvieron que ser anuladas, precisamente por la compra de votos? Y también dudo que la compra de votos pueda cambiar el 25% de las casillas, y en consecuencia anular la elección; lo cual por cierto, haría el TEPJF, no el IFE. Por supuesto queda la duda de cómo comprobar que hubo compra del voto; ¿cómo comprobar que Juan Pérez cambió su voto a cambio de una despensa o un horno de microondas? Si estamos insatisfechos con los criterios del COFIPE, del TEPJF o con la Ley mencionada, entonces hay que organizarnos, hay que presionar para que se modifiquen. Pero esas reglas del juego, esos actores, esos árbitros, fueron avalados por los Partidos políticos, no fueron impuestos. El fraude desde la autoridad electoral, al menos en esta elección, es una farsa, un ardid, un sofisma o retórica, pero la limpieza de la jornada electoral también lo es. No porque haya dados cargados, o una conspiración a todo lo largo del territorio nacional para evitar que AMLO sea presidente, sino porque hay permisividad para la trampa, para el cochupo. Porque hay árbitros con muy pocos dientes, e interesados en que eso se mantenga. El IFE no aprobó la Ley, sino el Congreso.
La segunda, el conteo de los votos, se refiere simple y llanamente a eso, al ejercicio de sacar las boletas de las respectivas urnas y ubicarlas en el montoncito que le corresponde: PAN – PRD – PRI – PANAL – Nulos, y posteriormente contar las boletas no utilizadas. Corroborar las cifras finales de la casilla y  registrar el resultado en la sábana respectiva, con la anuencia y aprobación de los representantes de los partidos que ahí se encuentren. En esta elección, vale recordarlo, hubo representantes de todos los partidos políticos en poco más del 96% de las casillas; y simpatizantes de AMLO en más del 98% de ellas. Se reporta el resultado al IFE, se lleva la urna al Instituto, y ahí se lleva a cabo el conteo rápido, que es sólo una muestra estadística y una proyección del resultado. El miércoles posterior a la elección de realiza el cómputo de todas las casillas, y ése es el resultado final, que ratifica el Consejo General del IFE. A grandes rasgos, eso sucede en esta etapa del proceso, y en ella es muy difícil que exista manipulación alguna, toda vez que quienes participan son ciudadanos –no a partidistas muy probablemente, pero tampoco militantes- y además ¡hay representantes de los partidos en las casillas! Por si fuera poco, la UNAM -que de algún prestigio goza y no es de corrupta- analizó los procedimientos del Instituto Federal Electoral y los aprobó –podríamos decir- con Mención honorífica. Ahora, cierto, un buen conteo no significa equidad, ni legitimidad, aunque sí legalidad. De cualquier forma, esa sería otra discusión.

La tercera, es decir las condiciones en que se desarrolla el proceso electoral en sentido amplio, es en buena medida –a mi parecer- la clave del problema en nuestra transición a la democracia. El proceso fue claramente inequitativo, las irregularidades son la regularidad; el caos, la falta de certidumbre, de transparencia, el sospechosismo, la debilidad, temor y acotamiento del árbitro, son la norma, lo normal. Lo que debe estar ahora en nuestra mira es precisamente eso, las condiciones del sistema político-electoral, y del político en su conjunto. Si hubiera ganado AMLO, ¿hubiera estado todo bien? No, las tareas seguirían pendientes, al menos muchas de ellas. Recordemos que algunas de las leyes que el Gobierno del DF ahora presume –y hace bien- fueron detenidas por AMLO, quien por ejemplo quería someter a referéndum algunos derechos de la comunidad LBGTQ. Cosas de la vida, una diputada panista le corrigió la plana. Hay que presionar a los legisladores -vía personal, ONG’s o Movimientos ciudadanos- para que no sea permisible la compra del voto o cualquier otra ilegalidad, para que haya equidad en el proceso, para que haya penas duras ante alguna infracción o ilícito. Si creemos que la Segunda Vuelta electoral resolverá el problema de la legitimidad, entonces presionemos para que se legalice, se regule de forma precisa y no de forma espontánea. Sólo consideremos que la segunda opción de quienes simpatizan con el PAN es el PRI, por cuestiones de Agenda, y no el PRD.

Hay que aceptar, no guste o no, que el voto favoreció al PRI y su candidato; es decir, no sólo a EPN, sino al PRI, eso puede apreciarse en los resultados de la elección general, no sólo presidencial. Afirmar que quienes votaron por el PRI son corruptos o ignorantes, es un error y una irresponsabilidad. Hay millones de personas que eligieron esa opción, y seguramente la mayoría lo hizo consciente de su decisión; no coincido con ellos, en lo absoluto, pero tampoco puedo descalificarlos, ni acusarlos. Merecen respeto a su voto, amén del desacuerdo.
El resultado parece ser definitivo y no se ven signos, pruebas, de que un fallo del TEPJF vaya en sentido opuesto; en consecuencia debemos trabajar con las elecciones intermedias de 2015 y las federales d 2018 en mente. Presionemos por una Reforma del Estado que abra espacios de toma de decisión política, por la transparencia y el acceso a la información, por imponer límites a los grupos de interés, por otorgar dientes a los órganos que lo requieren a fin de articular y construir condiciones democráticas. Consolidemos la rendición de cuentas y sus mecanismos. Construyamos un sistema democrático.

La democracia, una vez más, es mucho más que elecciones; participar es mucho más que votar; rendir cuentas trasciende la re elección y las instituciones gubernamentales; la inequidad no es fraude, la ilegalidad sí lo es. Pensar lo contrario es una farsa y una tragedia.

viernes, junio 08, 2012

Respuesta al sospechosismo sobre #YoSoy132


Comparto algunas de las críticas y/o señalamientos que se hacen con respecto al Movimiento estudiantil #YoSoy132, al cual pertenezco. Me parece, y así lo intenté, que la agenda debía ser más política (estructural) y menos anti EPN, pues con ello se eliminaría –como sucedió- la posibilidad de un debate con todos los candidatos, así como la interlocución con un probable Presidente electo. Además el impacto sería inconmensurablemente mayor si se hubiese logrado un acuerdo/compromiso de una Reforma política. Tienen razón, el Movimiento no es apartidista pues nace de un No a EPN, aunque no está claramente inclinado hacia favorecer a un candidato, sí lo está contra uno de ellos; esto anula el apartidismo. Si fuera anti sistema democracia presidencialista, anti sistema político -por ubicarlo anti algo, lo que no es indispensable- sería apartidista, y la cuestión es que EPN en este momento representa precisamente un sistema político con el que no se está de acuerdo, pero los demás también; Enriqye Peña Nieto (EPN) representa la impunidad que parece caracterizar -en buena medida, pero únicamente- al PRI. Esta "personalización" del Movimiento se explica porque éste surge de aquél de la Ibero, por y en condiciones muy específicas.

Creo que el Movimiento debió buscar compromisos para una Reforma política que abra espacios en la toma de decisiones políticas y gubernamentales -referéndum, plebiscito, revocación de mandato, rendición de cuentas- a fin de trascender el 1o de julio e impactar en la estructura política, transitando hacia una democracia mixta. Pero no se decidió así en las Asambleas; en todo caso, le dieron un segundo lugar a esas cuestiones. Me parece que el #YoSoy132 no pudo o no supo leer su impacto coyuntural, amén de su probable permanencia, en cuyo caso estaría por verse qué peso político-social representaría. El peso en las primeras dos o tres semanas era un hecho, y tenía la capacidad de sentar a negociar a casi cualquier fuerza política –recordemos que el Senado le abrió las puertas del recinto legislativo, lo que fue ignorado. Ahora es una incógnita.

Las críticas y sospechas mencionan la falta de capacidad de autocrítica; de ello no estoy del todo convencido. En la UNAM, sección a la que pertenezco, hay muchas constantes discusiones de diversos temas, en ellas se critican algunas cuestiones y decisiones del Movimiento. Creo que parte de la intolerancia de la que es acusado el #YoSoy132 -en unos momentos hablaré de los errados conceptos- viene porque el Movimiento ha sido más que cuestionado atacado, en muchas ocasiones sin fundamentos, y le estamos endilgando a los jóvenes una responsabilidad que no deberían tener, al menos no sólo ellos. En vez de apoyarlos, también en las calles, sólo lo hacemos en facebook o twitter cuando no se les critica. Las batallas sólo, te ponen muy a la defensiva. Recordemos que es un Movimiento muy joven, y que en únicamente pocos días tuvieron que "evolucionar" de 131 jóvenes en la Universidad Iberoamericana a un Movimiento estudiantil de más de 50 centros de estudio, con una Agenda mucho más amplia que "Sí somos universitarios y no manipulados"...Qué bueno que muchos de sus críticos apoyen o simpaticen con Movimientos estudiantiles y sociales de otras latitudes, ellos también tuvieron y tienen sus problemas, fallas, deficiencias, pero aún así fueron apoyados, ya que el hartazgo era generalizado...pregúntenle a los egipcios.

Por último, sólo quisiera señalar algo que de alguna manera sigue preocupándome y -hasta cierto punto- extrañándome. Me refiero a la mala comprensión y en consecuencia utilización de algunos conceptos clave, tales como tolerancia y aún más democracia. Tolerancia tiene más que ver con inequidad que con equidad, me explico. Cuando uno tolera, se ubica por encima del otro ya sea moral, ideológica, racial o intelectualmente; la cuestión es de derechos, no tolerancia. El Otro tiene el derecho de disentir y expresarlo, estoy obligado a reconocer y aceptar su diferencia, no a tolerarla. El Movimiento de derechos civiles por afroamericanos (EEUU) o el Movimiento feminista, no buscaron -o buscan- tolerancia, sino equidad, derechos.

Por otra parte, se maneja democracia como sinónimo de democracia liberal, y no son lo mismo. No señalaré por qué ambos pueden ser hasta antitéticos, esa es una discusión teórica que no tiene sentido establecer en este momento, pero sí por qué uno es distinto de otro en aspectos elementales, y que esta "confusión" genera lecturas erróneas e incomprensión de escenarios y estrategias. Hace un par de semanas escuché que el coordinador de campaña de Josefina Vázquez Mota (JVM) afirmaba que "un demócrata no puede estar a favor o justificar la violencia como instrumento de la política" -palabras más o menos; argüir tal cosa demuestra una gran confusión o ignorancia, y señalamientos similares he escuchado en diversos ámbitos. Democracia es el gobierno del pueblo -y eso en una concepción matizada y modernizada, pues en un principio era la perversión de la República- sustituyendo mecanismos o gobiernos cerrados, y para que se diera un cambio en ellos -mecanismos y gobierno- era indispensable -no sé si la conjugación sea correcta, eso espero- un movimiento político en las calles, por lo regular violento. Abrir espacios de poder, de toma de decisión, no es fácil y por lo regular carece de vías legales e institucionales; la historia nos ha enseñado eso. Por tanto, un demócrata no puede estar contra la utilización de la violencia como una herramienta legítima, si bien NO deseable, de la política. No es lo mismo a ser apólogo de la violencia; nadie, en su sano juicio, puede serlo. Al menos no per se.

La democracia liberal, es sólo un tipo de democracia, aunque no lo crean no es la única. Esta sí supone un dominio del marco jurídico sobre el político, lo que es cuestionable desde un punto de vista teórico e inclusive práctico; las elecciones dudosas de 2006 así lo ejemplifican. Aclaro, en aquella elección anulé mi voto, pero yo no sé quién ganó y me hubiera gustado saberlo. La elección fue cuestionable, eso es indiscutible. En la democracia liberal el poder de los ciudadanos se limita a la representación -a cargo de los partidos políticos- y ahí se da la discusión; ahí se expresa el pluralismo. Por cierto, ¿cómo logran acuerdo visiones alternas y/o antitéticas? ¿Cómo se toman decisiones en el Congreso? Por votación, ¿cierto? Esas son matemáticas, no racionalidad, si acaso razonabilidad, no son los mismo.

P. S.
Uno de los más recientes ataques o sospechas sobre #YoSoy132, señala la relación entre el Movimiento y Carlos Slim - Andrés Manuel López Obrador (AMLO). La relación sospechosista es la siguiente: Carlos Slim es cercano a AMLO, Miguel Torruco –empresario turístico y una persona influyente en el medio- es cercano a AMLO, Slim y Torruco son consuegros, otro de los hijos de Torruco (al parecer esa es la relación) es estudiante de la Ibero, y líder –como se señala es la acusación sospechosista- del #YoSoy132. La misma acusación se pregunta ¿en dónde estaban los maestros y autoridades de la Ibero, que permitieron faltas de respeto y agresiones a EPN? El blog que promovió esto, también afirma que es la primera vez que se cuestiona a un candidato de esta manera, señala que no era necesario tanto Movimiento, pues con el simple voto se expresa al sentir popular. A esto respondo de la siguiente manera:

1.     El movimiento estudiantil #YoSoy132 no tiene líderes, es algo que no pueden comprender quienes no han estado en uno. El Movimiento estudiantil del 68, no tenía líderes, sino representantes; este es el mismo caso. ¿Cómo podría un muchacho controlar o influir, manipular, etc., a más de 54 centros de estudios de toda la República? Las expresiones de la Ibero, fueron organizadas, no orquestadas. Y si buscáramos relaciones consanguíneas de políticos o de la élite del poder, encontraríamos un sin fin de complots globales.
2.     Las Universidades son foros abiertos de expresión, discusión, debate, o eso deberían ser. Los candidatos no están al margen de ello, ni deben estarlo. No están por encima de nada, ni de nadie. Son, a fin de cuentas, nuestros empleados, nuestros servidores públicos. Los maestros y autoridades universitarias no deben limitar ni coartar la libertad de expresión; eso fueron, expresiones. Ni siquiera fueron mentiras.
3.     Claro que otros candidatos han sido cuestionados o “agredidos”, tal vez peor que a EPN en la Ibero; Diego Fernández de Cevallos o Francisco Labastida Ochoa, son ejemplos claros de ello.
4.     El voto popular es una forma de expresar una opinión política, pero lejos está de ser la única, aún en tiempos electorales. El pueblo es actor político cuando se convierte en legislador o cuando sale a la calle; eso dicen algunos teóricos de la política, no es sólo mi opinión. Decir que el pueblo debe expresarse sólo en las urnas es una visión muy estrecha de la dinámica político-social o muy manipuladora y temerosa.

Finalmente, para quienes dudan del peso de los medios de comunicación, los Medios no pueden imponer un candidato o presidente, pero pueden influir determinantemente en ambos casos, creer que no tienen esa capacidad, es una opción, pero es falsa. Casos hay muchos en la historia; pueden preguntarle al propio Al Gore.

viernes, junio 01, 2012

Se consolida #YoSoy132 y trasciende posturas iniciales

Por Miguel Ángel Valenzuela Shelley

El pasado miércoles 30 de mayo en Ciudad Universitaria se realizó la Primera Asamblea del Movimiento #YoSoy132, reuniendo a 54 universidades del país, públicas y privadas, logrando una participación de más de 6,500 personas; como es de suponer muchas de ellas no pudieron desplazarse a la Ciudad de México, pero continúan articulándose a través de la Internet. Este paso era fundamental para la consolidación del Movimiento y su posible y –definitivamente- deseable trascendencia política, al expresar el descontento generalizado y dirigirlo a puntos que impacten la estructura democrática mexicana, así como las condiciones en que ella de desarrolla.

En la Asamblea #YoSoy132 definió que es un movimiento político y apartidista, incluyente, plural y pacífico. Esto fue uno de los principales e incluso polémicos acuerdos, ya que a cinco semanas de la elección y ante un claro –y ya reconocido- desplazamiento de las preferencias electorales, en buena medida por el propio Movimiento,  debía aclarar y/o definir si seguiría sin apoyar tácitamente a un candidato o hacerlo. Existen diversas críticas, evidentemente priístas en su mayoría, que señalan que no es apartidista toda vez que si bien no apoyan claramente a un candidato –aunque sobresalen pancartas de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en las marchas, arguyen- sí son anti Enrique Peña Nieto (EPN), y eso diluye su apartidismo. Lo que parecen no entender estos críticos, es que EPN representa un sistema, una élite del poder, una clase política, que rechazan los estudiantes –y me atrevería a asegurar, millones de personas en el país representadas por estos jóvenes, por #YoSoy132- cosa que se aclara en el comunicado de la Asamblea, aunque ya podía adivinarse. Mismo caso parece sufrir el columnista Ricardo Alemán, quien se pregunta ¿quién paga este movimiento? ¿quién está detrás? Detrás, señor Alemán, están la indignación y el hartazgo de muchos años; menuda carga le hemos heredado a estos muchachos. En consecuencia, la sociedad –y principalmente- los profesores universitarios debemos estar con ellos, pero no sólo en las redes sociales.

Mantenerse como apartidista fortalece al propio Movimiento, pero lo que logra su posibilidad de trascender la coyuntura es la ampliación de objetivos políticos en y al margen de la coyuntura electoral. En ese sentido la Asamblea estableció su identidad política al estar en contra de la manipulación y las imposición mediáticas que pretenden restaurar el viejo régimen; señalar el autoritarismo, violencia de Estado y opacidad en la toma de decisiones y otras prácticas antidemocráticas del régimen priísta. En lo referente a la coyuntura electoral, #YoSoy132 hizo un llamado a la participación ciudadana –allende el IFE, dada su limitada credibilidad- para garantizar un proceso limpio, sin sospechosismos. Pide un código de ética para los medios de comunicación, vigilado por (y con la creación de) un Ombudsman.

El Movimiento también definió su Agenda post electoral, concentrándose en la relación entre medios de comunicación y procesos democráticos, transparencia y rendición de cuentas, política educativa, salud y ciencia tecnología. En estos temas hay cuestiones importantes como gratuidad de la educación, erradicar el analfabetismo, incremento del presupuesto a ciencia y tecnología, divulgación científica y la creación de una Secretaría que atienda precisamente dicha área. Sin embargo, me parece que #YoSoy132 debió ser más incisivo en una Reforma política que abriera espacios en la toma de decisiones políticas y gubernamentales (referéndum, plebiscito, revocación de mandato). Con ellas, se atacaría la concentración de poder y se comenzaría a construir un nuevo modelo democrático, una nueva relación entre representantes y representados; menor poder para el gobernante, mayor responsabilidad para la ciudadanía.

Las resoluciones ahora se votarán en cada universidad y el próxima Martes 5 de junio se comunicarán las resoluciones finales de #YoSoy132. Pero la tarea pendiente para quienes deseamos dar un paso más en la transformación de este país, es apoyar al Movimiento, también con críticas y señalamientos, pero no sólo apoyarlo con un like de Facebook.

Creo que #YoSoy132, es la tinta roja que está expresando nuestro descontento.

P. S. Quien esto escribe es parte del Movimiento.

viernes, octubre 28, 2011

Breve vistazo al estado actual de la Reforma Política en México


La Reforma Política se ha estacionado en la Cámara de Diputados y parece estar de nuevo secuestrada entre posiciones no sólo intransigentes sino poco inteligentes. La Gaceta Parlamentaria de este jueves 27 de octubre nos permite observar con detalle el tipo de incongruencias y de simplismos que rodean el debate.

Los diputados del PAN siguen expresando su descontento porque su propuesta no fue tomada en cuenta en comisiones. Pero el problema de fondo es que sus propuestas siguen pareciendo una línea tirada desde el ejecutivo federal. Por ejemplo, los diputados Javier Corral Jurado, Gustavo González Hernández, María Antonieta Pérez Reyes y Gregorio Hurtado Leija del grupo parlamentario del PAN insisten, en su voto particular, sobre el tema de la reelección. Dicha insistencia es en realidad una expresión de apoyo a la propuesta presentada por Felipe Calderón; de hecho dicen coincidir plenamente con los argumentos que aquella proporciona: “ante la existencia de una plena competencia electoral y un sistema de partidos plural, la prohibición en materia de reelección consecutiva para legisladores y funcionarios municipales carece de sentido por al menos tres motivos: a) entraña costos muy importantes para la calidad del gobierno así como para la relación entre ciudadanos y representantes electos; b) limita sensiblemente la posibilidad de legisladores y autoridades municipales de acumular conocimiento y experiencia en provecho de sus representados; y c) priva a los ciudadanos de la capacidad para aprobar o desaprobar la gestión de sus representantes en función de su desempeño.” Recordemos que el argumento ya estaba sobre la mesa desde que, el año pasado cuando Alonso Lujambio dijo que la democracia mexicana era tonta porque "desperdicia el talento de sus políticos."

El segundo problema es que los argumentos de los diputados son simplones y superficiales. Para sustentar su apoyo a la propuesta de reelección, citan a “estudiosos del tema” como Manuel González Oropeza, Francisco Berlín Valenzuela, Benito Nacif y Cesar Jáuregui Robles. Ninguno de los argumentos presentados da cuenta del desarrollo y descomposición históricos del poder legislativo en México. Es precisamente este tipo de superficialidad que permite a muchos argumentar que “no entienden” cómo se atreven los diputados que han sido legisladores en varias ocasiones –por medios plurinominales– a votar en contra de la reelección. Obvio que no lo entienden porque su fundamentalismo reeleccionista no les permite ver que la representación proporcional en México se ha convertido en otro gran músculo de la partidocracia. Sigue siendo mucho más fácil expresarse llanamente a favor o en contra de la reelección sin atender al verdadero problema de fondo que es el agotamiento de los proyectos de plurinominalidad en ambas cámaras.

Los legisladores panistas incluso se atreven a escribir: “En el ámbito internacional, es por todos conocido que solamente México y Costa Rica no permiten la reelección legislativa consecutiva. Esto es otro claro ejemplo del falso debate provocado por quienes aseguran que nuestra sociedad no se encuentra preparada para reelegir a sus representantes.” Habría que aclararle a los legisladores que México y Costa Rica son los únicos países que no permiten la reelección legislativa consecutiva en Latinoamérica y el Caribe, no “en el ámbito internacional.” Y aún más, que su ignorancia es mayúscula cuando no saben que de las dos democracias históricas en la región (Costa Rica y Chile), la de Costa Rica ha sido la más estable. Esto quiere decir que ilusoriamente poner a México y a Costa Rica en términos políticos no es un vicio sino una virtud. ¡Si a alguna democracia deberíamos querer parecernos es a la más estable de la región!

Afortunadamente también hay buenas noticias. En especial, el voto particular del diputado por el PT, Jaime Fernando Cárdenas Gracia, presenta una lista de elementos que a su parecer faltan en la reforma política, veinte críticas al dictamen y dieciséis propuestas. Más allá de estar de acuerdo o no con todos los elementos que según el diputado hacen falta a la reforma, es refrescante leer a alguien que dice que la reforma política no tiene un efecto democratizador si no antes se modifican otros elementos profundamente viciosos arraigados en el sistema político mexicano. Entre sus críticas al dictamen, el legislador menciona que “la facultad de iniciar consultas populares debe estar exclusivamente en manos de los ciudadanos y no del ejecutivo o de los legisladores,” lo cual tiene todo sentido y espíritu democratizador. El diputado también es explícito al escribir que “prever la reelección de legisladores sin establecer la revocación del mandato, sin que el constituyente permanente ordene la reforma en materia de medios para determinar que ninguno de ellos puede tener bajo su control más del 20 por ciento del espectro radioeléctrico, sin derogar el financiamiento privado y, sin una ley que regule la democracia interna de los partidos; la reelección puede conducir en las actuales condiciones, a la oligarquización de la política nacional.” Esto es un eco de las voces que alertamos sobre la instauración de la reelección sin la modificación mínima de algunos elementos del sistema político mexicano. También el diputado hace eco a quienes hemos insistido que las cláusulas de gobernabilidad son antidemocráticas: “Son antidemocráticas, porque no responden al principio de que a X número de votos corresponde Y número de escaños- las fórmulas de sobre representación –tanto del 30 por ciento vigente como del 40 por ciento propuesto- para integrar la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. No se debiera en consecuencia mantener ninguna cláusula de sobrerrepresentación, sobre todo, cuando es tan elevada.”

Desafortunadamente, la opinión y el enfoque que ofrece el diputado Jaime Fernando Cárdenas Gracia sigue siendo muy minoritario. La reforma política que se presentaba como una buena oportunidad para repensar algunas piezas clave de nuestro sistema político parece ser ahora carne de carroña legislativa.

lunes, octubre 24, 2011

Consideraciones sobre la Reforma Política

Amando Basurto Salazar y Miguel Angel Valenzuela Shelley


Alcances y límites de temas controversiales



A finales del mes de abril, el Senado de la República sorprendió con la aprobación de un decreto para reformar la Constitución que incluía algunas de las propuestas que el Presidente Felipe Calderón presentó en diciembre de 2009. Que la aprobación del decreto se haya realizado tarde en la sesión ordinaria del Congreso, puso presión extra no sólo sobre la Cámara de Diputados sino también sobre la opinión pública que deseaba tener algo que decir acerca del contenido de la reforma. Desafortunadamente, este contexto de prisa por aprobar la reforma –a manera de que sea aplicable a las elecciones del año 2012– generó la percepción de que no aprobar la reforma tal y como había pasado en el Senado significaba perder la oportunidad de dotar a la ciudadanía de herramientas más eficaces para influir sobre los espacios de toma de decisión política en México; la reforma, entonces, se volvió un juego de suma-cero.
Desafortunadamente, ante este panorama, las opiniones a favor y en contra de la reforma se han hecho escuchar con características desfavorables para el debate: por un lado, se nos han presentado consideraciones que abordan los temas sólo de manera superficial, casi en forma de publicidad; por el otro lado, hemos podido leer análisis que, en su academicismo, se pierden en teorías y modelos que no son aplicables a la realidad política de México y consideran muy poco, o nada, el desarrollo histórico institucional. El objetivo del presente documento es, precisamente, aportar una visión de los temas más controversiales de la reforma que puntualice y explique los pros y los contras del decreto aprobado por el Senado sin caer en los extremos antes mencionados, utilizando un formato y lenguaje sencillo. Tratando, en principio, de dejar atrás la posición de todo o nada que ha secuestrado el debate.
Cabe aclarar que hay dos temas que no se tratan en el presente documento: el derecho de iniciativa ciudadana y la consulta popular incluidos en el decreto de reforma al artículo 35 constitucional. La razón de su ausencia es simple, nos parece que ambas herramientas son primordiales y tienen un verdadero espíritu democratizador. De hecho, siendo estrictos, la aprobación de estas dos herramientas permitiría que el resto de los temas de la reforma política fuesen propuestos y votados desde la sociedad civil y no simplemente modificadas por iniciativa del Senado. Este documento, por lo tanto, se concentra en tres temas: las candidaturas ciudadanas, la reelección de legisladores y la cláusula de gobernabilidad para el Distrito Federal. Una presentación simple y argumentos claros nos permiten explicar cuáles son los beneficios de una reforma política de este tipo y cuáles sus limitaciones. En ningún caso se trata de un documento en contra de la reforma política; se trata, de un documento a favor de que la reforma no conlleve los vacíos político-legales con los que el Senado la aprobó.

Candidaturas Ciudadanas
En la modificación al artículo 35 de la Constitución –en el cual se enuncian los derechos del ciudadano– el Senado propuso incluir el derecho de "solicitar el registro de candidatos ante la autoridad electoral correspondiente… a los ciudadanos  que de manera independiente cumplan con los requisitos, condiciones y términos que determine la legislación." Esta modificación abre las puertas a las candidaturas ciudadanas independientes con la intención de retirar el monopolio electoral a los partidos políticos. En principio, es difícil negar las ventajas de poder elegir representantes que no estén atados a las estructuras corporativistas de los partidos políticos. El resultado lógico sería, por un lado, una disminución del control que los partidos ejercen sobre la política en general y, por el otro, un incremento en los incentivos electorales para que los partidos relacionen más estrechamente sus plataformas y su actuar político a los intereses de los ciudadanos que dicen representar.
Sin embargo, la lógica simple no aplica en el caso de la reforma política en México. La principales razones que parecen hacer inviables las candidaturas "ciudadanas" son: el financiamiento y la falta de transparencia, así como la difícil fiscalización de recursos y gastos de campaña. A diferencia de otros países, las candidaturas independientes representan un problema gigantesco para el financiamiento y fiscalización de las campañas políticas en México. Si el financiamiento se mantiene restringido y fundamentalmente público entonces sería necesario que el erario público pagase las campañas tanto de los partidos políticos como de todos aquellos individuos que cumplan con los requisitos y se registren como candidatos. También sería necesario dotar al Instituto Federal Electoral de un instrumental enorme para la fiscalización de los recursos tanto de partidos como de cada uno de los individuos registrados. Esto sería una carga enorme al erario que de por sí ya raya en lo ridículo: en México los partidos políticos recibieron, del erario público, más de $2,600 millones de pesos en 2008 y casi $3,000 millones de pesos en 2010. A este gasto se le sumaría el de cada individuo que se registrase de una manera proporcional al costo de la campaña por el puesto que se tratase.
Hay quien argumenta que con las candidaturas independientes también habría que admitir el financiamiento privado de las campañas. Este último caso no sólo triangularía gobierno–partidos políticos–ciudadanos, sino que sumaría una arista dejando la ecuación: gobierno–partidos políticos–ciudadanos con suficiente dinero para pagar una campaña–resto de los ciudadanos. La plutocracia mexicana no necesita de candidatos independientes con fuentes de financiamiento privado, pero sí puede hacer uso de su existencia para influir directamente en la agenda política y legislativa del país a partir de financiar a ciertos candidatos. Y aunque el elemento plutocrático pudiese ser excluido –lo cual es casi imposible– aún restaría el grave problema de la distancia entre los ciudadanos que se pueden financiar (o conseguir financiamiento) para su campaña y los que no; evidentemente la mayoría de los ciudadanos queda descalificado de esta manera para ser candidato "independiente". Entre los “lineamientos fundamentales para la reglamentación en la ley secundaria de las «candidaturas independientes»”, que incluyó en su dictamen la comisión permanente del Senado, indica que las candidaturas independientes no deben ser “una vía para la promoción de intereses personales o de poderes fácticos que atenten contra la democracia y el propio sistema electoral y de partidos políticos.” Evidentemente los “lineamientos” no dan ni una sola pista de cómo asegurar que esto no suceda.
En la historia reciente en México, el caso ejemplar por excelencia es el de los "Amigos de Fox" que, como asociación cívica, no estaba regulada por la legislación electoral y estaba protegida en su flujo de recursos por el secreto bancario. Esto significó, como lo indicó el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, un sistema paralelo de financiamiento que incurrió en irregularidades e ilegalidades que al final fueron protegidas por el derecho de secreto bancario que cobija a todos aquellos ciudadanos que aportaron recursos en México y en el extranjero. La regulación de estas asociaciones cívicas y sistemas paralelos de financiamiento es muy difícil como lo demuestra la incapacidad de controlar los llamados PACs (Political Action Comitees) en los Estados Unidos de América. Estos grupos o asociaciones civiles, que pueden recaudar fondos y contribuir a campañas políticas sin poder ser regulados por la Comisión Federal Electoral, gastaron en las elecciones nacionales de 2008 alrededor de 3 mil millones de dólares. Habría que evitar a toda costa que esto sucediese en México.
Para que una reforma constitucional abra el camino a candidaturas independientes debe de haber un debate amplio (no sólo en el Congreso) sobre cuáles son los alcances, límites y riesgos de este tipo de candidaturas en México. Este debate no sólo resultaría en acuerdos sobre cómo financiar y fiscalizar a los candidatos independientes, sino también en una fuente de presión para la total transparencia en el uso de los recursos de los partidos políticos. Por esto, tanto la opción de financiamiento público como la del financiamiento privado de las campañas parecen ser inviables hoy en día si primero: 1) no se modifica y reducen los montos de financiamiento a los partidos políticos haciendo posible el financiamiento a campañas independientes y; 2) no se consigue transparentar completamente las finanzas de los partidos políticos y hacer del IFE un eficaz fiscalizador.

Sobre la reelección de legisladores federales 

La modificación al artículo 59 constitucional propuesta por el Senado de la República establece la posibilidad de reelección de senadores y de diputados. De ser aprobada en la Cámara de Diputados, los miembros del Senado podrían ser reelectos por un período más (es decir un máximo de 12 años) y los miembros de la cámara de diputados por dos períodos más (un máximo de 9 años). El supuesto –enunciado puntualmente en el dictamen del Senado– es que la reelección le daría una oportunidad a los ciudadanos de premiar o castigar con su voto a los legisladores conforme éstos cumplan con su trabajo y además, se argumenta, haría posible –aunque no aseguraría– la profesionalización de la labor legislativa permitiendo que los legisladores acumulen y exploten su experiencia legislativa. Estas ventajas de la reelección podrían ser ciertas, pero resulta inocente –por decir lo menos– creer que su constitucionalización en México tendrá estos efectos si la reforma política deja intactos otros elementos que históricamente han marcado al poder legislativo mexicano. Estos temas son: un desarticulado bicameralismo, una plurinominalidad que no asegura pluralidad representativa y un sistema viciado e innecesario de suplencia legislativa.
Es cierto que la no-reelección es un mito –pero no resultado de una mentira como algunos argumentan– en la historia política mexicana. Desde la segunda mitad del siglo XIX, la reelección ha sido un tema de disputa que enfrentó a los conservadores-centralistas con los liberales-republicanos. Estos últimos tenían muy en claro que la liberalización y la democratización de México era imposible con reelecciones que justificaban la permanencia ilegítima en el poder. Los intentos de erradicar la reelección siempre se concentraron en los cargos ejecutivos (Presidente, Vicepresidente y Gobernadores) pero no así en los legislativos. Del Plan de la Noria a la Constitución de 1917 (pasando por el Plan de San Luis) contemplaban la no-reelección como principio básico de libertad e igualdad, pero no restringían la reelección de legisladores ni alcaldes. No es sino hasta abril de 1933 que, con la intención de tener mayor control sobre el nombramiento de los candidatos desde el seno del Partido Nacional Revolucionario, la reelección consecutiva fue retirada en su totalidad de la Constitución. Por desgracia, modificar hoy el artículo 59 y permitir de nuevo la reelección legislativa no garantiza ningún grado de democratización en una partidocracia como en la que vive hoy México.
Comencemos por enunciar las tres razones por las que la reelección sigue pareciendo una mala idea en el sistema político mexicano. La primera es que aquellos legisladores que busquen la reelección serán candidatos de nuevo durante el último año del periodo anterior a su posible reelección. Esto sucede en prácticamente todo sistema político con reelección, de tal manera que los ciudadanos pagará por tener legisladores que dedicarán buena parte de su tiempo a sus campañas de reelección y esto no ayudaría a la eficiencia legislativa. La segunda razón es que las probabilidades de que un legislador que busca la reelección gane la contienda electoral son mayores a perderlas (por ejemplo, en los Estados Unidos de América la proporción de legisladores federales que consiguen ser reelectos es de alrededor del 90%). En el caso de México, el hecho de que un diputado o senador pueda hacer uso de su influencia como legislador federal a la vez de tener acceso a la maquinaria de los partidos políticos hará muy difícil ganarle. La tercera razón por lo que la reelección parece ser hoy una mala idea es la terrible opacidad de la que disfrutan las fracciones parlamentarias. ¿Cómo se pretende evaluar el trabajo de los legisladores si los resultados de las auditorías realizadas a las Cámaras se consideran “información reservada”? Transparencia es la primera condición para evaluar, y con base en ello premiar o castigar, a los legisladores; sin una reforma a la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental, la reelección pierde todo su sentido de peritaje político.
A pesar de las razones anteriores, la reelección legislativa consecutiva tendría mucho más sentido si fuese acompañada por la modificación de aquellos elementos del poder legislativo que prácticamente cancelan la posibilidad de establecer una relación directa entre representante y representados. El primer tema a considerar es la descomposición histórica del Senado de la República.  El Senado es el órgano de representación que asegura condiciones igualdad legislativa a las entidades federativas. El objetivo de esta cámara alta, tal y como fue constitucionalmente diseñado por los estadounidenses, es el de contrapesar la representación directa de la ciudadanía con una representación unitaria por estado. Es decir, el hecho de que haya paridad representativa de los estados permite equilibrar la disparidad poblacional –lo que genera un sistema de contrapesos al interior del mismo poder legislativo. Este diseño constitucional que justifica un legislativo bicameral (porque una república liberal y democrática sólo necesita una cámara que represente a toda la nación y sus respectivos contrapesos en los poderes ejecutivo y judicial) es completamente erosionado por la plurinominalidad que en el Senado mexicano infla los números de curules de los tres principales partidos políticos.
La plurinominalidad en el Senado solamente tuvo sentido cuando el objetivo era terminar con la hegemonía del partido de estado. Hoy que la reelección se plantea como medida de control político ciudadano es necesario terminar con las asignaciones por primera minoría y representación proporcional, ya que en ambos casos se asignan curules a individuos sin legitimidad para representar a entidades federativas en forma de unidades políticas. Para ello es necesario modificar el artículo 56 constitucional para que la elección de los senadores no se realice con base en fórmulas sino individualmente, lo que posibilitaría que los senadores de un mismo estado pudiesen pertenecer a distintos partidos. Mantener la configuración actual del Senado no sólo duplica el principio de representación de la Cámara de Diputados sino que atenta contra la representación directa y unitaria de las entidades federales.
En el caso de la Cámara de Diputados, la representación no es por entidad federativa sino supone ser nacional, por distrito. Al igual que en el caso del Senado, la representación proporcional se instauró con el objetivo de desarticular el control político que ejercía el Partido Revolucionario Institucional; pero una vez que esto sucedió, la representación proporcional sólo ha generado que los grandes partidos políticos tengan un número de legisladores engrosado artificialmente. En la actual legislatura, el PRI tiene 184 diputados electos directamente y 53 por los que nadie voto; el PAN tiene 69 diputados electos y 73 asignados por el partido; y el PRD tiene 38 electos y 31 asignados. La representación proporcional entonces no sólo otorga demasiadas curules a los partidos grandes sino que además otorga posiciones legislativas a individuos que no representan a los ciudadanos, que no fueron directamente electos y que no responderán igual al incentivo de la reelección. ¿A quién rendirán cuentas? ¿Bajo qué supuesto se les piden cuentas?  Desafortunadamente un sistema de listas abiertas, para la elección de representantes por proporcionalidad, sólo disfraza el hecho de que las primera, segunda y tercera mayorías pueden de todos modos obtener más curules y asía actuar en sentido opuesto a la representación plural que ello supone; a fin de cuentas es sólo una repartición de curules con base en la correlación de fuerzas y su expresión electoral.
La ilusión bajo la que los mexicanos hemos vivido por treinta años es que la representación proporcional asegura una representación plural de los intereses de la ciudadanía y evita el colapso en un sistema bipartidista. Pero si hay algo claro hoy es que, en la Cámara de Diputados, las minorías y grupos vulnerables no están mejor representados (mujeres, jóvenes, comunidad LGTBQ, indígenas, etc.); peor aún, a pesar de un sistema de representación proporcional en ambas cámaras y de primera minoría en el Senado, hoy hay menos partidos políticos que hace 20 años. En México, la representación proporcional no es el elemento que permite la existencia de partidos de minoría; por ejemplo, 1) la representación proporcional del Partido Socialdemócrata en la LX Legislatura no aseguró su permanencia como partido político; y 2) el registro como partido político de Nueva Alianza no se pondría en riesgo sino tuviese diputados de representación proporcional en la LXI Legislatura (siendo Nueva Alianza el único partido en esta legislatura que tiene solamente curules de representación proporcional).
Por otra parte, la representación de las minorías –o de cualquier interés o grupo social- es mera formalidad toda vez que para defender dichos intereses se requieren grupos de legisladores numerosos o el apoyo de otras bancadas. Esta condición parlamentaria complica u obstruye importantemente un deseable ejercicio legislativo al margen de los intereses faccionarios. Lo que se incrementa exponencialmente con los legisladores ciudadanos. Fácilmente correrán la misma suerte que los Consejeros Ciudadanos en el DF, quines se vieron obligados a pertrecharse en un partido político dada la complicación resultante de la falta de estructura y financiamiento para operar eficientemente.
Por ello se propone, coincidiendo con varias iniciativas que se presentaron ante el Senado por diversos legisladores, la reducción del número de legisladores a 300 diputados y a 64 senadores, todo esto mediante la eliminación del sistema proporcional y de primera minoría. Esto no sólo evitará que, como ha sucedido, ciertos ciudadanos sean Senadores y Diputados más de una vez por lista, sino que haría de la reelección una herramienta política mucho más eficaz para los ciudadanos. Además cumpliría con el objetivo de la representación equitativa y la responsabilidad legislativa.
Finalmente está el problema de la suplencia en ambas cámaras. ¿Para qué necesitamos senadores y diputados suplentes?; esta pregunta ha permanecido en la obscuridad de la costumbre. Históricamente existen suplentes desde la Constitución de 1824 porque durante el siglo XIX era muy difícil asegurar gobernabilidad si los representantes electos dejaban vacantes sus curules. A pesar de ello, aquella constitución no asignaba un suplente por cada propietario; se elegía a un suplente por cada tres propietarios.
Lo que el sistema político mexicano requiere es que los diputados y senadores tengan un sentido de responsabilidad directo frente a su electorado para poder ser evaluados y en su caso reelectos; el legislador electo no debería ser reemplazable. Si por cualquier razón queda vacante una curul se cubriría en la siguiente elección en el caso de la Cámara de Diputados y a través de una elección especial (extemporánea) en el caso del Senado a fin de no dejar a una representación estatal con un solo senador.
Por otra parte, las suplencias han generado el fenómeno penoso de las juanitas; en que un grupo de por lo menos 15 congresistas electas solicitaron licencia dejando su curul al suplente de sexo masculino. Entonces ¿qué sucede con la equidad de género? ¿con la cuota de género? Lo que perecía ya una dádiva y no un cambio de fondo, ahora es simple ilusión. Existe ya una iniciativa que busca evitar que se repitan estos casos. La diputada federal por Coahuila Mary Telma Guajardo Villareal ha propuesto que las fórmulas al Congreso de la Unión estén compuestas por legisladores del mismo género. Sin duda la iniciativa es valiosa toda vez que pretende combatir una perversión del espíritu en la equidad de género, si embargo, no atiende a la problemática de relación directa entre legislador y su electorado que sólo se consigue con el propietario.
Hoy en día no hay una verdadera razón para mantener legisladores suplentes. Incluso más importante, el tema de reelección en la reforma política nos da la mejor razón para terminar con esta figura.

Sobre la cláusula de gobernabilidad en el DF
El ejemplo más contundente del problema que representa el que la reforma política se haya convertido en un tema de todo o nada (de que “la reforma va porque va”) es la propuesta de modificación al Artículo 122 constitucional que, en vez de eliminar la cláusula de gobernabilidad del Distrito federal, sólo aumenta el número necesario de constancias de mayoría a de 30 a 40%, pero esto no combate ni lo antidemocrático de la cláusula, ni el problema de su aplicabilidad, como lo demuestran los conflictos post electorales que al particular surgieron luego de las elecciones de 2003.
En la reforma constitucional de 1990 se estableció para la entonces Asamblea de Representantes del Distrito Federal –hoy Asamblea Legislativa del Distrito Federal, ALDF- la llamada cláusula de gobernabilidad (Artículo 122, fracción III). Ésta señala que al partido político con más diputaciones de mayoría relativa y habiendo rebasado el 30% del sufragio, se le otorgarán el número de curules de acuerdo a su lista de diputados por representación proporcional, necesarios para obtener la mayoría absoluta en dicho órgano legislativo.
El origen de la cláusula de gobernabilidad se encuentra en una coyuntura en la cual el PRI ya no podía obtener victorias aplastantes en los procesos electorales locales –con lo que controlaría las asambleas legislativas– pero aún podía alcanzar la mayoría de curules; no las necesarias, sin embargo, para controlar la Asamblea. En consecuencia mediante la creación de la cláusula de gobernabilidad, el otrora partido hegemónico, mantendría las riendas del aparato legislativo local, asegurándose un espacio de poder, más que la gobernabilidad.
Según el Dictamen del Senado para la Reforma Política, la cláusula de gobernabilidad vigente “ha dejado de tener sentido en el marco de los cambios realizados en el sistema electoral durante las tres décadas previas.” El argumento es que, tal y como está hoy, la legislación hace posible un caso aritméticamente extremo en el que “el partido de mayor número de constancias de mayoría podría obtener solamente 7 de 40 victorias distritales, pero obtener el 30 por ciento o más de los votos; dado que solamente existen 26 curules de representación proporcional, habría que asignarle todas, sin que por ello se cumpla la norma constitucional que obliga a otorgarle mayoría absoluta; es decir 34 curules.” Sin embargo no hay una sola consideración sobre el principio democrático, o antidemocrático, sobre el cual se sustenta la cláusula. Es evidente que toda cláusula de gobernabilidad antepone un principio de estabilidad política a cualquier principio democrático de representación y rendición de cuentas.
Una vez más, como se ha señalado a lo largo del presente escrito, el problema de esta medida tendiente a la conformación de un órgano legislativo es su falta de congruencia con los principios democráticos y de representatividad, de justicia electoral, de democracia y de relación entre los asambleístas y el electorado. El problema es especialmente grave en relación al último punto: no sólo se asignan curules a legisladores que no fueron electos por nadie, sino que éstas son asignadas con base en un criterio legaloide, y no electoral, que asegura el control mayoritario de una Asamblea Legislativa. Y más grave todavía, se han retirado curules ganadas en las urnas como resultado de escenarios no considerados por la ley.
La cláusula de gobernabilidad tiene su origen en consideraciones políticas de interés netamente partidista. La pluralidad, la proporcionalidad y el principio democrático-electoral, son violentados por la llamada cláusula de gobernabilidad. Al igual que en los otros casos mencionados, sería mejor y justa una conformación de la ALDF con 40 diputaciones de acuerdo a mayoría relativa en los distritos electorales, eliminado tanto a los asambleístas plurinominales, como aquellos repartidos por el criterio anacrónico y faccionario de la cláusula de gobernabilidad.



Propuestas
  • Definir qué criterios deben cumplirse los aspirantes a candidatos independientes para poder participar como tales en la elección.
  • Reducir el número de legisladores a 300 diputados y a 64 senadores, todo esto mediante la eliminación del sistema proporcional y de primera minoría.
  • Eliminar a los suplentes en ambas Cámaras.
  • Junto con la reelección parlamentaria, establecer la posibilidad de la remoción de legisladores a través de un referéndum, toda vez que esto sí representa una reprimenda o castigo al funcionario, y no lo es su no reelección.
  • Establecer mecanismos de transparencia y rendición de cuentas de funcionarios públicos, mismo que antecederían a la propia reelección; ésta es resultado de aquellos y no uno de ellos.
  • Eliminar la cláusula de gobernabilidad de la ALDF, toda vez que violenta los principios democráticos, de representación y responsabilidad de los legisladores locales.
  • Establecer mecanismos que definan cómo financiar y fiscalizar a los candidatos independientes, así como unos que garanticen total transparencia en el uso de los recursos de los partidos políticos.
  • Una propuesta relacionada al financiamiento –y que estuvo a consideración del Senado como iniciativa de un legislador– es crear un fondo a partir del presupuesto que se asigna a los partidos políticos, y con él financiar las campañas de candidatos independientes.
Amando Basurto es Candidato a Doctor en Ciencia Política por la New School for Social Research; Miguel Angel Valenzuela es Candidato a Doctor en Estudios en Relaciones Internacionales por la UNAM.