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lunes, abril 18, 2016

La revolución política de Bernie Sanders

Por Amando Basurto –

Mañana se llevará a cabo le elección primaria del Partido Demócrata en el estado de Nueva York y será un evento políticamente relevante por el simple hecho que en ella se enfrentan un nativo de Brooklyn aunque con trayectoria política en Vermont – Bernie Sanders– y una hija pródiga adoptiva y exSenadora por Nueva York –Hillary Clinton. Una victoria por amplia mayoría de Sanders en NY pondría en muy serios aprietos la nominación de Clinton. Es importante resaltar el elemento de “amplia mayoría” porque ganar la elección por un margen reducido no es suficiente en Estados en los que los delegados se asignan proporcionalmente (por ejemplo, la última victoria de Sanders se dio en Wyoming en donde obtuvo el 55% de los votos por lo que los 14 delegados en juego se dividieron siete para él y siete para Clinton). Sin embargo, estos triunfos tienen un gran valor propagandístico y permiten que la campaña de Sanders mantenga viva las esperanzas de alcanzar y rebasar a Clinton en la cantidad de delegados comprometidos.

¿Pero quién es Sanders, qué representa su desafío al oficialismo demócrata y cuáles son los límites de su proyecto? Bernie Sanders es Senador por el estado de Vermont con una vibrante carrera política como independiente. La mayor parte de su trabajo político la ha realizado a nivel local; fue alcalde de la ciudad de Burlington (1981-1989) y después legislador estatal (1991-2007). Desde 2008 se desempeña como Senador por el estado de Vermont. Todos estos puestos de elección popular los ha obtenido participando como “Independiente” en un estado que ha sido dominado históricamente por el Partido Republicano. Su ascendente carrera política ha sido caracterizada por un consistente discurso en contra del oficialismo partidista y de la colusión entre los gobiernos estatales y federal con las grandes corporaciones. También ha sido muy consistente en la promoción de ampliar las coberturas públicas de salud, educación y desempleo.

Bernie Sanders es un significativo heredero de la tradición “progresista” estadounidense de finales del siglo 19 que abanderó la lucha en contra del poder económico y político de los grandes monopolios. Woodrow Wilson, una versión desradicalizada y tardía de aquel progresismo ganó las elecciones presidenciales de 1912. Las comparaciones personales son odiosas y por ello no haré una aquí, especialmente porque en vez de pensar en las posibles disimilitudes entre Wilson y Sanders habría que analizar seriamente las similitudes entre las condiciones de alta concentración de capital y riqueza a finales del siglo 19 (características de la gran depresión de 1873 y sus efectos) y las de principios del siglo 21. Sería realmente irónico que Sanders ganase la nominación y las elecciones de noviembre como Woodrow Wilson lo hizo en 1912, es decir, aprovechando un escisión en el Partido Republicano.

Sanders ha concentrado sus ataques a la campaña de Hillary Clinton en dos frentes: el primero, el más consistente, ha sido el señalamiento de la cercanía de la candidata con grandes intereses económicos y financieros, insistiendo en cómo ésta limita seriamente la posibilidad de que su presidencia les desafíe en favor de los derechos del ciudadano común. Este señalamiento se inscribe en un proyecto general de reformar la política de financiamiento a las campañas políticas que incluye revertir la decisión de la Suprema Corte en el caso comúnmente llamado Citizens United. El segundo frente ha sido cuestionar el “juicio” de Hillary Clinton en relación tanto a su voto como Senadora a favor de la invasión a Irak en 2003 y la inadecuada planeación alrededor del cambio de régimen en Libia mientras fungía como Secretaria de Estado. En contraste, Sanders propone una política exterior que utilice la vía armada sólo como último recurso y nunca como herramienta habitual de política exterior.

La agenda económica de Sanders es definitivamente la más progresista entre los candidatos que aun tienen oportunidad de abanderar a sus partidos en noviembre. Esta incluye una serie de medidas como aumentar 100% el salario mínimo federal, anular los acuerdos de libre comercio que –él acusa– han resultado en la exportación de producción y empleos, establecer un sistema de salud de cobertura universal y la segmentación de los bancos y agencias financieras más grandes del país. Es especialmente esta agenda la que ha motivado la masiva movilización de demócratas e independientes que se han sumado a lo que Sanders llama “revolución política”.

El Senador ha ganado las últimas siete elecciones primarias estatales, lo que ha significado un gran impulso a una campaña a la que pocos auguraban buen fin. Sin embargo, la gran desventaja de Sanders sigue siendo la cantidad de superdelegados (469 de 500) que han anunciado votarán por Clinton en la Convención Nacional a realizarse en Julio y que difícilmente cambiarán de parecer. El otro gran reto de la “revolución política” de Sanders será, de ganar la nominación y la presidencia, poder cumplir sus ambiciosas políticas; esto requeriría una mayoría legislativa que difícilmente lograrán los demócratas. De hecho, para poder ganar los cuatro asientos que les regresarían el control del Senado, los demócratas requieren movilizar toda su maquinaria política (el stablishment), que es blanco central de los ataques del mismo Sanders. Aunque el partido demócrata consiguiera la muy difícil tarea de ganar el control de ambas cámaras del congreso es muy probable que las políticas propuestas por Sanders sólo puedan ser llevadas a cabo parcialmente sin aprobación legislativa en forma de órdenes ejecutivas.

El mayor problema de la “revolución política” de Bernie Sanders es que parece depender de su elección como presidente, sin una verdadera base político legislativa (en algo que bien se podría llamar caudillismo a la estadounidense). El contraejemplo es el ultraconservador Tea Party, que no sólo moviliza ciudadanos a grandes mítines sino que han conseguido instalar a algunos de sus miembros en el Congreso. Desde allí, los ultraconservadores han erosionado el poder del oficialismo republicano (que ya no tiene a un pre-candidato en la carrera). Una verdadera “revolución progresista” en los Estados Unidos requeriría de un trabajo político similar: la elección al Congreso de una serie de progresistas demócratas que dieran sustento y viabilidad a una agenda como la de Sanders.

Por el momento Sanders y Clinton se enfrentarán mañana en NY. La campaña de Sanders sabe muy bien que será difícil ganar la elección; si lo logran pondrán en grandes aprietos a Hillary Clinton. Su estrategia, ganando o no, es quitarle tantos delegados como sea posible a Clinton para mantener el margen entre ellos tan cerrado como sea posible.


- Amando Basurto Salazar

Doctor en Política por la New School for Social Research, N.Y. y Maestro en Estudios en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional Autónoma de México @amandobasurto

martes, marzo 01, 2016

Apuntes para el Súper Martes de elecciones primarias en los EE.UU.

Por Amando Basurto –

Múltiples focos rojos se encendieron durante la última semana desde que Donald Trump ganara los caucuses de Nevada con un 46% del voto, por lo que su candidatura pareciera imparable ahora que es favorito a ganar en la mayoría de los 13 estados que van a elecciones primarias el día de hoy. Los miembros del status quo republicano ven su influencia cada vez más reducida, como aplastada entre el paralizante tea party y el energéticamente movilizador Donald Trump. ¿Qué, Donald no es lo suficientemente conservador para ser el candidato republicano? Posiblemente no, pero ese no es el problema. Ahora, propios y extraños, reconocen a Trump como una bala suelta, es decir, como un inexperto egomaniático populista (lo cual definitivamente no es peligroso) con posibilidades de ganar la candidatura republicana y la presidencia estadounidense acompañado de una mayoría republicana en ambas cámaras del congreso (lo cual sería verdaderamente alarmante). Las elecciones del día de hoy son fundamentales tanto para las aspiraciones de Trump como para las esperanzas del establishment republicano de detenerlo en el intento. Las peores noticias para los republicanos en general es que Ted Cruz y Marco Rubio no parecen, ni de lejos, caballos ganadores. Si Trump obtiene una ventaja muy importante el día de hoy muy probablemente veremos al partido republicano hacer uso de medidas extra-electorales para deshacerse de él.

En el caso del Partido Demócrata, este martes se llevarán a cabo elecciones primarias en 11 estados de la unión (y el territorio de Samoa).  De este lado del ring también los dados están fuertemente cargados a favor de Hillary Clinton, quien se prevé ganará la mayoría de las contiendas asegurando una ventaja casi insuperable de camino a la convención nacional del partido. En este caso los focos encendidos después de las elecciones en Carolina del Sur del sábado pasado son azules, muy azules, ya que calmaron la ansiedad del establishment demócrata porque las probabilidades de que Bernie Sanders gane la candidatura al parecer se verán drásticamente reducidas esta misma noche. Y no es que Bernie Sanders sea una bala perdida, ni mucho menos un ególatra populista, sino que el oficialismo demócrata considera que la radicalidad de su “revolución política” aliena a una fracción importante de demócratas “conservadores y moderados” que son fundamentales para mantener el control de la Casa Blanca. Si, de la Casa Blanca porque será muy difícil que tanto Clinton como Sanders generen tal tracción electoral que les lleve a ganar la presidencia y, además, impulsar la elección de una mayoría demócrata en el congreso. Y es precisamente por eso que, a pesar de su “radicalidad”, Sanders no es considerado un “peligro”: su presidencia muy probablemente tendría que sobrellevar el peso de una paralizante mayoría legislativa republicana y, por lo tanto, sería casi inoperante desde el día uno.

Aún con este panorama, y con los oficialismos partidistas encima, no se puede descartar completamente una contienda entre Donald Trump y Bernie Sanders por la presidencia estadounidense. Si ésta sucediera, ya lo ha advertido, el magnate Michael Bloomberg planea lanzar una campaña independiente que, irónicamente, aumentaría las probabilidades de que Sanders ganase las elecciones; parecido a lo acontecido en la elección presidencial de 1912, la candidatura “progresista” de Theodore Roosevelt dividió el voto republicano (siendo William H. Taft el candidato formal), lo que abrió la puerta al triunfo de Woodrow Wilson. La ironía no reside en que Sanders, como Wilson, ganase las elecciones por una fractura entre los republicanos, sino que la elecciones las ganase un “socialista” cuando en aquella elección de 1912 Eugene Debs perdió obteniendo casi un millón de votos (la mayor cantidad que conseguiría el Partido Socialista de América) pero sin poder ganar los votos electorales de un solo estado.


- Amando Basurto Salazar

Doctor en Política por la New School for Social Research, N.Y.y Maestro en Estudios en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional Autónoma de México @amandobasurto