El día de ayer dio inicio el 68vo. Debate General de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas. En estos "debates", los jefes de Estado presentan discursos en los que exponen su agenda global y/o regional y, usualmente, instan a los demás miembros a secundar sus propuestas clave para el año.
Se esperaba que el discurso de este año de Barack Obama se centrara en la política exterior estadounidense hacia oriente medio. Y efectivamente, el terrorismo, la inestabilidad en Irak, la guerra civil en Siria, la dictadura militar en Egipto, la nueva presidencia de Irán y la renovación de las negociaciones entre Israel y Palestina son temas a los que Obama se refirió tratando de dejar en claro las posiciones de su gobierno. En general, el discurso de Obama hizo evidente nuevos elementos en el juego geopolítico y enunció las bases de política exterior de lo que resta de su mandato.
Un primer elemento a destacar es que el gobierno de los Estados Unidos está empeñado en evitar que los sucesos en Siria se conviertan en una reedición de la guerra fría. Porque aunque algunos acusan a Obama por su falta de decisión para actuar en contra del gobierno de Assad, en realidad lo que sucedió es que el gobierno ruso movió sus piezas de ajedrez para evitar abrir dos frentes en el conflicto Sirio. Ya "no estamos en la Guerra fría" explicó Obama, refiriéndose a que no hay un gran esquema ideológico detrás de los intereses políticos y humanitarios estadounidenses en Siria. Y es cierto que los intereses nacionales de los Estados Unidos en Siria no son de primer orden. Evidentemente, lo que más le preocupa al gobierno de Barack Obama es que el territorio sirio no se convierta en refugio de terroristas y que la inestabilidad política en ese país coadyuve a descarrilar el nuevo proceso de paz entre Israelíes y Palestinos.
Esto parece ser también el tenor de la relación estadounidense con el gobierno de Egipto, al que no califica de dictadura sino de un "gobierno interino" que remplazó a Mohammed Morsi respondiendo "a los deseos de millones de egipcios que creen que la revolución tomó un rumbo equivocado." Este no es un elemento nuevo sino uno reciclado de los anales de la cooperación entre el gobierno estadounidenses y dictaduras "convenientes"; el objetivo es, también en este caso, generar un ambiente de estabilidad que no ponga en riesgo la negociación Israel-Palestina a la vez de no permitir el acceso al poder a grupos considerados "extremistas".
La preponderancia del tema de Palestina sólo es igualada, según el propio Obama, por el riesgo que significa el programa nuclear del gobierno de Irán. Tras la elección de Hassan Rouhani el discurso del gobierno iraní ha tomado un tono mucho más moderado y esto ha permitido el relajamiento en las relaciones con los Estados Unidos de América. La posibilidad de reiniciar las relaciones diplomáticas rotas por más de 30 años comienza con el anuncio de que el Secretario de Estado, John Kerry, iniciará conversaciones con el gobierno iraní, de manera conjunta con la Unión Europea, para evitar así el desarrollo de armamento nuclear en ese país.
Finalmente, Obama enunció lo que puede llamarse la Doctrina Obama hacia el Medio Oriente que incluye cuatro puntos: primero, evidentemente, el gobierno estadounidense se reserva el derecho de usar fuerza militar cuando sea necesario para salvaguardar sus intereses; segundo, reconoce como estratégico asegurar el flujo de energéticos desde la región; tercero, se reserva también el derecho a la acción directa en casos de prevención de terrorismo; y cuarto, cero tolerancia al desarrollo de armamento de destrucción masiva.
A estos cuatro puntos hay que sumar el "sermón" que le ofreció a los Estados miembro al criticar la parálisis en la que ha caído la ONU en casos de "intervención humanitaria". Este sermón incluyó un comentario simplón sobre el uso del principio de "soberanía" como escudo para tiranos sin mencionar que la política exterior estadounidense ha sido y es escudo para dictadores. Y, para terminar, en un derroche de complacencia con la señora Samantha Power (representante estadounidense ante la ONU) Obama delineó el deseo de su gobierno de convertir a la ONU, que "fue designada para prevenir guerras entre Estados", en una institución que prevenga "matanzas dentro de los Estados"; es decir, de transformar a la ONU, que es una institución internacional, en una agencia de policía supranacional. Eso, creo yo, no sucederá en el corto plazo.
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miércoles, septiembre 25, 2013
miércoles, noviembre 21, 2012
En el corazón del polvorín: Israel y la Franja de Gaza
Por Miguel Ángel Valenzuela Shelley
En las últimas horas se espera rinda frutos la mediación egipcia y estadounidense, pero sigue preocupando que las fuerzas radicales de ambas partes siga fortaleciéndose, como lo parecen demostrar la intensificación de ataques por ambas partes el día de hoy.
En los últimos días hemos visto
una importante escalada en el conflicto entre Israel y Palestina,
específicamente en la Franja de Gaza, al suroeste en la frontera con Egipto.
Pero esos han sido únicamente los últimos días, los eventos más recientes;
falta mucha más información para comprender someramente la situación y poder
imaginar o vislumbrar acciones y/o consecuencias del conflicto. Lejos de una
visión maniquea –además muy común- debemos entender que es una enemistad de
varias décadas, pero que la profundidad y complejidad de ella con elementos
políticos, culturales y religiosos –sin mencionar el territorio y los recursos-
en el ámbito estructural, hacen de éste un conflicto más complejo que añejo. Es
evidente que hay que recurrir a la segunda posguerra para comprender el
conflicto entre Israel y Palestina, es decir la creación del Estado de Israel,
sin garantizar –o incluso preocuparse por- la creación del Estado palestino.
Eso, provocado también por la intransigencia palestina, originó una constante
pugna entre ambos, así como una tensa y constantemente violenta relación en
diversos puntos del territorio; situación intensificada con las constates
expansiones israelitas.
Sin embargo, en el caso específico
de la Franja de Gaza, un evento inmediato pero necesario para entender esta
coyuntura, es el debilitamiento de Fatah y el fortalecimiento de Hamas a partir
de 2006. Gaza fue gobernada por una facción política pragmática y secular,
Fatah, pero en 2006 fue superada por Hamas debido al alto nivel de corrupción y
debilidad ante Israel en las negociaciones de paz y acuerdos políticos. En
cuanto Hamas dominó Gaza se deterioró la relación con Israel, en buena medida
inspirados tanto en Irán como en Hezbollah (Líbano). Ambos, el gobierno de
Mehmet Ahmadinejad (Irán) y el Hezbollah, tuvieron políticas radicales frente a
sus enemigos y lograron importantes objetivos políticos; por ello, Hamas no
sólo escaló el conflicto con Israel secuestrando soldados, sino que logró un
importante apoyo de los actores mencionados. Sobre todo a partir de 2008 cuando
Irán y Hezbollah colaboraron para llevar armas a Gaza. Ambos buscaban debilitar
al principal adversario en la región, enemigo de varios países árabes, pero
algunos aliados potenciales (o supuestos) como Egipto, Siria, Jordania y
algunas otras monarquías árabes, temían más un probable desequilibrio en Medio
Oriente derivado del radicalismo. La lógica de Hamas, era –y es- que a través
de la muestra de poder frente a Israel, tanto ofensiva como defensivamente, se
pueden alcanzar objetivos políticos tales como el fin al embargo económico,
detener asentamiento israelitas en territorio palestino y mejores condiciones
para los diversos asentamientos palestinos en Israel. Pero la radicalización de
una parte recibe la misma respuesta de la otra.
Entre fines de 2008 y las
primeras semanas de 2009, ante el radicalismo de Hamas y su fortalecimiento en
armamento, Israel atacó Gaza; el resultado fue un serio debilitamiento de Hamas,
pero también fortaleció sus posiciones radicales. En ese momento Líbano estaba
reconstruyendo parte del sur del país luego de enfrentamientos con Israel,
Turquía –un esperado mediador en el área- estaba concentrada en problemas
internos; Arabia Saudita se mantuvo al margen, así como otros aliados y mecenas
de Hamas a fin de evitar que Estados Unidos tomara represalias; Irak estaba
consolidando su nueva estructura gubernamental, y aún lo hace, por lo que no
estaba en posición de intervenir en el conflicto; el propio Estados Unidos
estaba en pleno cambio de gobierno con los primeros días de Barack Obama y todo
lo que ello implicaba; sólo Egipto participó como mediador, aunque favoreciendo
a Israel en actividades estratégicas como interceptar cargamentos de armamento
procedente de Irán vía Sudán. Irán continuó apoyando a Hamas mediante el envío
de cohetes de largo alcance –con los que Hamas de hecho ha atacado a Israel
desde hace meses Tel Aviv y Jerusalén- aunque uno de los cargamentos más
grandes fue bombardeado por Israel cruzando el desierto del Sinaí (Egipto) con
apoyo del El Cairo.
Pero el escenario ha cambiado
substancialmente desde aquel invierno de 2008-2009. Hosni Mubarak ya no
gobierna Egipto, éste es dominado –no sin serios problemas- por la Hermandad
Musulmana, aliados de Hamas; y aunque Egipto está profundamente dividido y
enfrenta diversas crisis, no será un aliado de Tel Aviv, y sí en cambio El
Cairo podría dar legitimidad, así como ayuda política (difícilmente militar) a
Hamas. La Hermandad Musulmana tiene mucho apoyo en la región, y Hamas podría
beneficiarse de ello; de hecho así parecen entenderlo, pues se han distanciado
de su otrora aliado fundamental: Irán, que mantiene una tensa, complicada, pero
necesaria relación con Israel, toda vez que ambos tienen interés en monitorear
las actividades políticas en Siria y Líbano. La compleja situación en Siria ha
dado un importante ingrediente de desequilibrio y con ello impredictibilidad a
Damasco. Aunque Siria lejos está de ser aliado de Israel, ayudaba a Tel Aviv
manteniendo cierto control de Hezbollah. Turquía está poco interesada en
intervenir pues Ankara no quiere ser percibida ni cercana a Israel –lo que de
hecho no está después del incidente de Mavi Marmara (2010)- ni a grupos
radicales como Hamas. Arabia Saudita ve como una amenaza la Hermandad
Musulmana, al menos Riyad, por lo que tomará distancia de Hamas. Finalmente, la
crisis Hashemita en el valle del río Jordán amenaza a Israel con desestabilizar
más la región e incrementar el apoyo de Hamas.
Allende Oriente Medio las
posturas son más bien distantes, prudentes; Europa está muy dividida,
particularmente a partir de la crisis en Siria, sin mencionar que su atención
está más bien concentrada en ver cómo salir de la profunda crisis económica,
social y política. Estados Unidos trata de mantener cierta distancia, esperando
que Egipto y Turquía sirvan como mediadores; de hecho estos días se encuentra
en Egipto Hillary Clinton, buscando fortalecer la mediación de El Cairo.
Washington debe además reconfigurar algunas áreas de su gobierno hacia el
segundo período de Obama, lidiar con la mayoría Republicana en la Cámara de
Representantes y seguir manejando la crisis financiera –o tratar de hacerlo. Lo
que sí ha hecho Washington es presionar a Egipto para que actúe –esto a través
de el condicionamiento de su ayuda económica y militar- y apoyar a la oposición
sunita en Siria –junto con Turquía y otros países árabes. De consolidarse esta
oposición sunita, podría impactar en Líbano y eventualmente a Irán; de esta
forma, Teherán es menos atractiva como aliada para Hamas.
Después de que Hamas alcanzara el
control en Gaza, Israel ha establecido un bloqueo económico y diversas
sanciones en el territorio, señalando a la organización como terrorista. A
partir de entonces ambos han intercambiado ataques con misíles en diversas
ocasiones; el embargo es constante y los costos de él enormes para la ya
empobrecido población palestina. En esta ocasión el conflicto escaló por
bombardeos de Tel Aviv a instalaciones terroristas, y aunque ha habido
respuesta de Hamas, la gran mayoría de las víctimas –para no variar- son palestinas.
El conflicto podría agravarse exponencialmente si Israel lleva a cabo una
incursión por tierra, lo que se mantiene como una probabilidad dado el poco
compromiso –al parecer- de Occidente y la ausencia de contrapesos concretos en
la región, aunque por otra parte el fracaso de la ofensiva de 2008 y el
fortalecimiento militar de Gaza, sin duda disminuyen el interés israelí en una operación
por tierra.
En las últimas horas se espera rinda frutos la mediación egipcia y estadounidense, pero sigue preocupando que las fuerzas radicales de ambas partes siga fortaleciéndose, como lo parecen demostrar la intensificación de ataques por ambas partes el día de hoy.
miércoles, noviembre 14, 2012
El primer paso serio de diplomacia en Siria
Por Amando Basurto –
El presidente de Francia –François Hollande– anunció formalmente el día de ayer que su gobierno reconoce y promete asistencia al grupo rebelde que ha puesto en jaque al gobierno de Siria por alrededor de 20 meses. Después de muchos esfuerzos por parte de los rebeldes, el gobierno francés es el primer occidental en declarar abierta y formalmente su apoyo diplomático (y probablemente después con armamento). El primer gran paso lo tuvieron que dar los diversos grupos rebeldes al negociar con el Consejo de Cooperación del Golfo y conformar una sola fuerza político-militar. Desde el domingo el grupo rebelde se denomina “Coalición Nacional de las Fuerzas Revolucionarias y de Oposición Sirias,” y está formalmente dirigido por Ahmed Moaz al-Khatib.
Khatib es un geólogo Sunita que también ha sido imam (clérigo musulmán, líder de oración) de la Mezquita Umayyad en Damasco y profesor de Sharia (ley islámica). Como un opositor histórico del régimen Assad, Khatib ha promovido por años reformar el sistema político sirio para convertir a éste en un país plural y democrático. Tras su último periodo en prisión, el ahora líder formal de la Coalición se refugió en Egipto el pasado mes de julio. Su perfil de Sunita educado y moderado le otorga una posición estratégica en la consecución de los objetivos diplomáticos de la Coalición que por ahora se concentran en el reconocimiento.
Como ya había apuntado en un artículo publicado aquí el 16 de febrero pasado, reconocer el status de beligerancia de los grupos rebeldes sirios es, y desde el principio ha sido, la opción más razonable y coherente para auxiliar en aquel conflicto civil. Reconocer diplomáticamente la beligerancia de la Coalición significa que otros Estados y Organismos Internacionales le reconocen garantías internacionales pero también le asignan responsabilidad político-internacional sobre el conflicto y su solución. Los rebeldes, de esta manera, se vuelven sujetos de crédito y podrían convertirse en sujetos de asistencia militar. Esto implica otorgar espacio jurídico-político al grupo rebelde y delimitar el reconocimiento general de la soberanía del Estado Sirio.
El gobierno estadounidense también reconoció a la Coalición pero lo hizo de manera sigilosa y hasta timorata. Parece ser que la inteligencia estadounidense no ha dado del todo el visto bueno a la capacidad de Khatib de ordenar las fuerzas rebeldes en su totalidad y de garantizar que la Coalición no albergará extremistas o miembros de al-Qaeda. Los gobiernos británico y alemán, hasta el momento, siguen viendo a los toros desde detrás de la barrera, prometiendo apoyar los esfuerzos de pacificación del Consejo de Cooperación del Golfo. Por otro lado, los gobiernos ruso y chino (quienes han usado su poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU) deberán repensar su posición, porque mantener el apoyo irrestricto al gobierno de Assad ya no es una alternativa viable. A ningún país le conviene convertir el conflicto Sirio en un conflicto indirecto (proxy war) entre grandes potencias. También es prioritario evitar que el conflicto se regionalice, lo que implica no sólo que el gobierno turco debe mantener la cordura y no caer en provocaciones sino mantener a Israel lejos de intervenir en el conflicto.
El reconocimiento francés a la Coalición rebelde indica que la Unión Europea, en medio de su crisis financiera, no tiene una política exterior consistente y unísona. Sin embargo, el mismo reconocimiento también confirma la consistencia de una política del Estado francés de recuperar su carácter de actor internacional con iniciativa; no olvidemos que fue a iniciativa de Nicolás Sarkozy (y tras recibir éste en París a miembros del Consejo Nacional Libio de Transición) que las fuerzas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte asistieron a los rebeldes libios para derrocar al gobierno de Muamar el Gadafi.
El presidente de Francia –François Hollande– anunció formalmente el día de ayer que su gobierno reconoce y promete asistencia al grupo rebelde que ha puesto en jaque al gobierno de Siria por alrededor de 20 meses. Después de muchos esfuerzos por parte de los rebeldes, el gobierno francés es el primer occidental en declarar abierta y formalmente su apoyo diplomático (y probablemente después con armamento). El primer gran paso lo tuvieron que dar los diversos grupos rebeldes al negociar con el Consejo de Cooperación del Golfo y conformar una sola fuerza político-militar. Desde el domingo el grupo rebelde se denomina “Coalición Nacional de las Fuerzas Revolucionarias y de Oposición Sirias,” y está formalmente dirigido por Ahmed Moaz al-Khatib.
Khatib es un geólogo Sunita que también ha sido imam (clérigo musulmán, líder de oración) de la Mezquita Umayyad en Damasco y profesor de Sharia (ley islámica). Como un opositor histórico del régimen Assad, Khatib ha promovido por años reformar el sistema político sirio para convertir a éste en un país plural y democrático. Tras su último periodo en prisión, el ahora líder formal de la Coalición se refugió en Egipto el pasado mes de julio. Su perfil de Sunita educado y moderado le otorga una posición estratégica en la consecución de los objetivos diplomáticos de la Coalición que por ahora se concentran en el reconocimiento.
Como ya había apuntado en un artículo publicado aquí el 16 de febrero pasado, reconocer el status de beligerancia de los grupos rebeldes sirios es, y desde el principio ha sido, la opción más razonable y coherente para auxiliar en aquel conflicto civil. Reconocer diplomáticamente la beligerancia de la Coalición significa que otros Estados y Organismos Internacionales le reconocen garantías internacionales pero también le asignan responsabilidad político-internacional sobre el conflicto y su solución. Los rebeldes, de esta manera, se vuelven sujetos de crédito y podrían convertirse en sujetos de asistencia militar. Esto implica otorgar espacio jurídico-político al grupo rebelde y delimitar el reconocimiento general de la soberanía del Estado Sirio.
El gobierno estadounidense también reconoció a la Coalición pero lo hizo de manera sigilosa y hasta timorata. Parece ser que la inteligencia estadounidense no ha dado del todo el visto bueno a la capacidad de Khatib de ordenar las fuerzas rebeldes en su totalidad y de garantizar que la Coalición no albergará extremistas o miembros de al-Qaeda. Los gobiernos británico y alemán, hasta el momento, siguen viendo a los toros desde detrás de la barrera, prometiendo apoyar los esfuerzos de pacificación del Consejo de Cooperación del Golfo. Por otro lado, los gobiernos ruso y chino (quienes han usado su poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU) deberán repensar su posición, porque mantener el apoyo irrestricto al gobierno de Assad ya no es una alternativa viable. A ningún país le conviene convertir el conflicto Sirio en un conflicto indirecto (proxy war) entre grandes potencias. También es prioritario evitar que el conflicto se regionalice, lo que implica no sólo que el gobierno turco debe mantener la cordura y no caer en provocaciones sino mantener a Israel lejos de intervenir en el conflicto.
El reconocimiento francés a la Coalición rebelde indica que la Unión Europea, en medio de su crisis financiera, no tiene una política exterior consistente y unísona. Sin embargo, el mismo reconocimiento también confirma la consistencia de una política del Estado francés de recuperar su carácter de actor internacional con iniciativa; no olvidemos que fue a iniciativa de Nicolás Sarkozy (y tras recibir éste en París a miembros del Consejo Nacional Libio de Transición) que las fuerzas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte asistieron a los rebeldes libios para derrocar al gobierno de Muamar el Gadafi.
jueves, febrero 16, 2012
Rebelión en Siria
Por Amando Basurto.-
El presidente Bashar
al-Assad quema las naves e invierte toda su morralla política en decretar el
fin del gobierno de emergencia (que ha estado activo desde 1963) y en una
reforma constitucional que termine con el unipartidismo. Liberalizar el país en
medio de una revuelta resulta usualmente en una estrategia fallida. Es posible
que la República Árabe Siria llegue pronto a su fin como la conocemos hoy, pero
no lo hará sin agotar todas las instancias de fuerza y fuego que tiene a su
alcance. Evitemos pues opiniones ideológicamente ingenuas, a nadie nos sirven.
Una y
otra vez se escucha decir, o se lee en los medios, que son pocos los días que
le restan al régimen de Bashar
al-Assad, presidente de Siria. Por fin, durante estas dos semanas hemos podido
ver imágenes más claras de lo que en aquel país acontece. Y si, confirmamos que
es un caso grave de violencia. Pero aún es muy difícil hacerse de información
que lleve a un juicio claro e identifique plenamente al “grupo opositor”.
Los
medios noticiosos no se cansan de recetarnos las viejas formas de hacer crónica
sin tener clara idea de los sucesos y sin el mínimo rigor en el uso de la
palabra. Y no es necesario ser un literato para poder distinguir entre “manifestantes”
y “rebeldes.” La diferencia es fundamental en estos casos. Los primeros protestan
públicamente tratando de alzar la voz –a veces con desobediencia civil– pero
dentro del marco legal y político vigente. Los segundos toman calles y
enfrentan a los cuerpos de seguridad utilizando algún tipo de arma y, aún más
importante, desafían y exigen la dimisión de quienes están a cargo del gobierno
y el cambio de la estructura legal y política. Sin esta distinción se vuelve
imposible comprender lo que sucedió en Libia y lo que está acaeciendo en Siria.
Simplemente no se puede comprender la posible racionalidad que tienen los
embates que el ejército Sirio lanza contra sus opositores en las calles de Hama.
Al
igual que sucedió en Libia, la sensación que dejan las notas mediáticas es que
el gobierno ha utilizado una fuerza militar desmedida para detener “manifestaciones
pacíficas.” Sin desechar la posibilidad de que estos regímenes en verdad
sobre-reaccionen a manifestaciones civiles en sus países, es simplemente muy
difícil creer que el gobierno Sirio esté gastando tantos recursos en detener
“manifestaciones pacíficas.” Las imágenes que hora tenemos muestran a dos
fuerzas (incomparablemente) armadas enfrentándose. Y no se trata –en lo más
mínimo– de defender al gobierno Sirio, sino en reconocer la dignidad de
rebeldía de aquellos hombres y mujeres que han decidido levantarse en contra de
un régimen opresor. Me parece que es denigrante llamar “manifestantes” a un
grupo de rebeldes (o revolucionarios).
Utilizar
la denominación correcta no sólo permite tener una visión más clara de lo que
está sucediendo (el gobierno Sirio está peleando por su subsistencia y Bashar
al-Assad por su vida), también permite utilizar argumentos más inteligentes que
el de “intervención humanitaria,” como el de reconocimiento de “beligerancia”.
Reconocer el status de beligerancia significa que otros Estados y Organismos
Internacionales le reconocen garantías internacionales al grupo que, en este
caso, se ha levantado en contra del régimen Sirio (Consejo Nacional Sirio y el
Ejército Sirio de Liberación). Esto implica otorgar espacio jurídico-político
al grupo rebelde y calificar el principio de soberanía del Estado Sirio.
Esto
explica tanto la portada del último número de The Economist como el contenido
del artículo titulado “How to set Syria Free” (¿Cómo liberar Siria?) en su
interior. La portada del número publicado el 11 de febrero pasado no muestra a
un grupo de manifestantes sino a un nutrido grupo de rebeldes, muchos de ellos
armados con rifles Kalashnikov. Después de explicar las razones por las que
bombardear al ejército Sirio jugarían a favor de gobierno de al-Assad (y en
contra de un desorganizado y desunido Ejército Sirio de Liberación), The
Economist propone que el grupo rebelde muestre unidad y convenza a Kurdos y
Cristianos de apoyarlos en contra del régimen. Acto seguido, la editorial
propone que Turquía establezca y defienda una zona de seguridad (safe haven) al noroeste de Siria como la
“creada para los Kurdos en el norte de Irak,” que permita la agrupación y
entrenamiento del Ejército Sirio de Liberación y la formación de una “oposición
creíble.” Lo meritorio del artículo es que en vez de recurrir al discurso
“humanitarista” señala que lo que hay que hacer es reconocer y en su caso
apoyar a los rebeldes. El grave problema es que parece ignorar por completo que
los Kurdos son un grupo étnico que ha luchado históricamente por su
independencia y se ubican al norte de Irak, norte de Siria y este de Turquía.
De hecho, la mayor concentración poblacional de Kurdos se ubica en Turquía. Esto
significa que si el gobierno turco aceptase establecer una zona de seguridad
también aceptaría la posibilidad implícita de que en algún momento se cree una
dentro de su territorio para proteger a la población kurda. Eso, muy
probablemente, no va a suceder.
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