Mostrando entradas con la etiqueta Gabriel Quadri. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gabriel Quadri. Mostrar todas las entradas

jueves, julio 05, 2012

Evaluando los daños de la elección federal en México II


–Segunda entrega de dos

–Por Amando Basurto.

Hasta el día de ayer por la noche, al terminar de escribir la presente, los distritos electorales no había terminado de hacer el análisis ni el recuento total de (por lo menos) el 54.5% del total de la elección presidencial. Lo que quedaba cada vez más claro es la enorme cantidad de irregularidades del proceso; lo que ha significado de entrada una bofetada con guante blanco a todos aquellos que repitieron alguna variante del estribillo iluso: “la jornada electoral fue un ejemplo de pulcritud y expresión fina de la democracia mexicana”. Tener que recontar más de la mitad de la elección es un gran revés a la confiabilidad inicial del proceso.

Sin embargo, las irregularidades en las actas no es el peor de los problemas que enfrenta la confiabilidad de nuestro sistema electoral. Si lo es, desafortunadamente, el desaforado uso del poder político, el corporativismo, la corrupción, la compra sistemática de votos y el uso ilegal de recursos públicos en los que se ha convertido la maquinaria política de los partidos políticos. Especialmente las maquinarias estatales del Partido Revolucionario Institucional han demostrado ser el renovado origen de su poder político. Los grandes ganadores de las elecciones del año 2000 fueron los comités estatales que, tras depender del poder concentrado en la figura del presidente desde 1930, obtuvieron descomunales recursos para su operación política local (un avanzado cacicazgo institucionalizado). Estos son los espacios desde donde la coacción y la compra de votos fue orquestada este año con una coordinación difícilmente igualable. Esto ha puesto de cabeza el sistema electoral al que se había (supuestamente) blindado en contra del “embarazo” de urnas. El Instituto Federal Electoral y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación no tienen suficiente facultades para castigar estas ilegalidades y no tienen suficiente poder para anular completamente unas elecciones con tal cantidad de irregularidades. En este sentido, la evaluación arroja números rojos tanto para la confiabilidad general del proceso como para la legalidad con la que proceden los partidos políticos.

¿Cómo hacer para evitar que las dinámicas de corrupción y abuso de la necesidad sigan siendo la constante en nuestro país? Por lo visto una reforma política a fondo no será fácilmente aprobada por la partidocracia mexicana. Lo que nuestro país necesita es una sacudida política; al estilo del “pípila” –ese cuasi-mítico personaje de nuestra independencia– la estructura política necesita ser incendiada desde sus cimientos para reestablecer límites civiles de acción política, imponiendo altos costos al abuso y la corrupción y construyendo definitivamente un sistema electoral confiable. Pero más importante, ¿cómo lo hacemos políticamente antes de que la violencia nos gane el paso y veamos a nuestro país envuelto en una guerra civil?

La evaluación de daños arroja un gran perdedor. El Partido Acción Nacional pierde posiciones políticas en casi todos los puestos de elección por los que compitió el domingo. Perder la Presidencia se suma a la pérdida definitiva de la gubernatura de Morelos, a la reducción de su fuerza en el Distrito Federal y, finalmente, a convertirse en tercera fuerza política en el Congreso. La gran impopularidad de la administración Calderón penetró hondo en el sentir del electorado y Josefina Vázquez Mota no sólo cometió errores graves durante su campaña sino que no pudo desmarcarse del todo para venderse como producto “diferente”. Es muy probable que la bancada intenten convertir al PAN en el partido “bisagra” en la negociación de las “reformas estructurales” con el PRI, pero en todo caso asistirá a las negociaciones con una fuerza muy menguada.

En términos de sistema de partidos, los ciudadanos resultamos perdedores tras la jornada dominical. Que el Partido Nueva Alianza mantenga su registro sólo coadyuva a la institucionalización de la corrupción y el corporativismo. Que Gabriel Quadri haya recibido poco más del 2% del voto presidencial habla muy mal de la política mexicana, en donde algunos prácticamente votarían por cualquiera con tal de no votar por los de siempre. Lo peor es que el recuento distrital podría poner al PANAL en la situación de convertirse en un partido “bisagra”, lo que nos dejaría en manos de un triunvirato temible PRI-PVM-PANAL.
Sorpresivamente, suceda lo que suceda tras los conteos distritales, la revisión de los paquetes con irregularidades y las impugnaciones ante el tribunal electoral federal, los verdaderos ganadores de la jornada del primero de julio son los partidos que conforman la Coalición Movimiento Progresista. Aun si después de agotar todas las instancias legales Andrés Manuel López Obrador no es declarado Presidente, la Coalición consiguió ganar las gubernaturas de los estados de Morelos y Tabasco, así como la Jefatura de Gobierno del D.F. (los números de la elección siguen sin ser finales pero es necesario trabajar con este supuesto). El capital político adquirido es enorme; de no dilapidarlo y coordinarlo, la Coalición se erigirá como segunda fuerza política.

Lo que se requiere es una verdadera autocrítica al interior de la Coalición y una definición de sus prioridades. En caso de que el TEPJF otorgue la constancia de mayoría a Enrique Peña Nieto, la Coalición deberá considerar lo inefectivas que fueron las acciones post-electorales de 1988 y del 2006. Posiblemente la mejor opción sería reconocer el resultado bajo protesta y usar el nuevo capital político para intentar crear un marco jurídico mucho más efectivo en contra de todas las irregularidades que se han presentado en las últimas elecciones presidenciales. Podrían también jugar un papel más constructivo en las reformas fiscal y laboral, y una muy legítima oposición política desde el Congreso. Incluso más importante, podrían utilizar el movimiento construido por AMLO para presionar políticamente y fiscalizar a los gobiernos estatales priístas y panistas, así como para asegurar que los gobernadores de “las izquierdas” cumplan con las expectativas de quienes los eligieron. De esta manera allanarían el camino para la elección presidencial del 2018. Para eso tendrían que reconocer que, a diferencia de los casos de Morelos y Tabasco, ganaron la Jefatura de Gobierno y una mayoría legislativa y delegacional aplastante del D.F. como resultado del efecto Ebrard y no López Obrador. Esto ayudaría a convencer a AMLO de liberar su movimiento de su liderazgo y permitir que trascienda su persona en pos de una izquierda políticamente lista para dirigir el país.

Mientras tanto nos queda estar pendientes al proceso de conteo y calificación de la elección; y debemos hacerlo reconociendo que el IFE, la FEPADE, el TEPJF no tienen las facultades de resolver todos los ilícitos ocurridos durante la campaña y la jornada. Actuar de manera efectiva y estratégica será lo único que puede hacer de este proceso uno constructivo.

viernes, junio 29, 2012

Dudas para joder un voto razonado

Por Miguel Ángel Valenzuela Shelley


A menos de 48 horas de la jornada electoral, seguramente la gran mayoría de los votantes ya estén seguros sobre el sufragio que emitirán, de hecho muy probablemente lo estaban aún antes de que se definiera el candidato por el partido con el cual simpatizan o en que militan. Sin embargo, una parte importante de quienes emitiremos nuestro voto el 1o de julio -sin duda no la mayoría, pero sí un número que podría definir la elección- aún no definimos la intención de nuestro sufragio. Nos debatimos entre seis posibilidades al encontrarnos frente a la inevitable decisión: Josefina Vázquez Mota, Enrique Peña Nieto, Andrés Manuel López Obrador, Gabriel Quadri de la Torre, anular nuestro voto o simplemente, no asistir a la jornada electoral, y obviar o evadir nuestra responsabilidad ciudadana. Para quienes nos encontramos en esta situación, aunque nos estemos inclinando hacia alguna de esas posibilidades, los cuestionamientos que a continuación expongo, reflejan las dudas, angustia y sin sabores que enfrentamos. Éstos, podrían a fin de cuentas invitar a una última reflexión antes de tomar la decisión final sobre el proceso electoral y las opciones que se nos presentan.

Idealmente, deberíamos preguntarnos qué candidato o qué plataforma nos atrae más, cuál creemos que es más adecuada, conveniente, etcétera, no obstante, parece que para quienes no simpatizamos (al parecer) incondicionalmente con alguno de los principales partidos políticos, la decisión está entre quién es el menos malo, quién traería menos costos y algunos beneficios. Con base en esa lógica la decisión se hizo muy difícil toda vez que cada una de las opciones nos presentan un alto grado de desencanto, riesgo y dudas. El historial y personalidad de casa uno de los aspirantes a la presidencia de la república, nos generaba muchas dudas, y las campañas que el miércoles 27 de junio han terminado, no hicieron más que profundizarlas; quienes ya habían decidido su voto, sólo utilizaron las campañas para radicalizar sus posturas y tratar de disminuir el apoyo a otro candidato, principalmente a través de las redes sociales.

¿Por qué no votar por Josefina Vázquez Mota? La candidata del Partido Acción Nacional representa continuar con un proyecto de gobierno que si bien ha generado una gran estabilidad económica, cosa no menor si consideramos la inestabilidad que caracterizó a México al menos desde los años setenta y hasta los noventa, también ha traído un gran costo social, se ha incrementado la desigualdad, no ha habido desarrollo que acompañe la estabilidad, la estrategia del presidente Calderón en el combate al narcotráfico ha sido errada y muy costosa, la corrupción se ha incrementado y varios estados han combatido algunas iniciativas progresistas en materia de equidad de género y derechos para la comunidad homosexual. La continuidad se ese proyecto parece alto, pero no habría que hacer a un lado que mientras que buena parte de nuestros socios comerciales pasan por muy severas crisis económicas, lo que ha afectado a regiones enteras, México ha soportado dichas crisis gracias al buen manejo financiero; pero a fin de cuentas esa estabilidad podría desvanecerse si el desarrollo sigue siendo una promesa del futuro...la eterna promesa de las campañas electorales; ¿retórica vacía o sofismas? Aunado a esto, Josefina Vázquez Mota no logró inspirar al electorado, tarea nada fácil, de hecho -a excepción del segundo debate y probablemente el tercero- inclusive la candidata fue rechazada por dos personas a quienes ella "invitó" a formar parte de su gabinete. JVM en más de una ocasión demostró falta de capacidad al entrar en contacto directo con la gente en espacios no controlados -como el caso de Tres Marías- amen de diversos gazapos en declaraciones, comentarios, afirmaciones, etc. Tal es el caso de su último comentario, al señalar que invitaría al presidente Calderón formar parte de su gabinete como Secretario de Seguridad.

¿Y Enrique Peña Nieto? Para muchos es difícil pensar en el regreso del PRI a la presidencia de la República. Hace apenas doce años México salió del "dominio priísta", de la "dictadura perfecta", y comenzamos un largo camino, una transición hacia algo aún por definir. En esa transición el PRI aún no tiene cabida en la Presidencia, consideramos muchos. Pero no sólo por la historia, desestimada por muchos priístas, sino por el presente. ¿Cómo convencernos de un nuevo PRI, cuando mantienen viejas "tradiciones" como proteger a miembros de su partido aún frente a serias y documentadas sospechas de ilícitos? Tal es el caso de Mario Marín, Arturo Montiel, Ulises Ruiz, Humberto Moreira, Fidel Herrera, Carlos Romero Deschamps o el propio candidato Peña Nieto, quien fungiera como tesorero durante la gobernatura de Montiel. ¿De qué nuevo PRI está hablando el candidato? Cuando seguimos viendo compra de votos, rebase de topes de campaña, bodegas llenas de artículos "promocionales" que van desde playeras hasta estufas, televisores o refrigeradores, ¿A qué viejas prácticas ya desaparecidas hace alusión? ¿Cómo creer en un candidato y su promesa de gobernar para todos, de dialogar con todos, cuando es incapaz de manejar un escenario adverso con estudiantes, de enfrentarlos -no confrontarlos- y/o de aceptar una invitación para in tercer debate? La victoria de EPN significaría la desesperanza del pueblo mexicano ante un proceso inevitablemente largo, como lo es la transición a la democracia, lo que además en nuestro caso significa muchas cosas y no sólo alternancia en el poder. Significaría muy probablemente, autoritarismo, como lo demostró en muchas ocasiones como gobernador del Estado de México. Pero también sería una muestra de la falta de crítica del electorado, de lo pobre de cuestionamiento, o de lo fácil que es lucrar políticamente con la pobreza, o de la corta memoria histórica, o de lo fácil que compramos un producto tan pobre, tan vacío; o del éxito de la alianza entre televisoras y partidos políticos. O todo junto.

¿Y AMLO? Andrés Manuel López Obrador representa una opción natural para muchos, merecida para otros, real de cambio para la mayoría de quienes lo apoyan, ya sea por fe, esperanza o convencimiento. Pero muchos otros no estamos tan seguros y menos convencidos. AMLO es tenaz, sin duda, pero fácilmente se convierte en necedad. Comunica e inspira a buena parte del electorado, pero mantiene un discurso maniqueo, mismo que ha matizado en las últimas semanas. Habemos muchos que creemos en una opción de izquierda a la situación que vivimos, al modelo de nación, de desarrollo, pero dudamos que AMLO la represente. En verdad parece ver un escenario de los años setenta, en política interna y exterior, en la que afirma que México no será colonia de nadie; ¿De qué está hablando? Parece retórica y puede suponer a qué se refiere, pero no hay mejores formas de comunicarlo en el siglo XXI!? ¿Qué pasa con las instituciones? No soy un defensor de ellas a rajatabla, y creo que el pueblo es un actor político cuando toma el papel de legislador o cuando toma las calles, pero desconocerlas o ponerlas en tela de juicio sin pruebas sólidas, reales y casi irrefutables, es muy irresponsable y -sin duda- poco democrático. Hace algunas semanas él cuestiono y descalificó al IFE, me pregunto si tendrá la misma opinión si resulta ganador del proceso electoral. Ya había hablado de someterse a una consulta popular al segundo años de su mandato, lo hizo en la Ciudad de México, con un método muy cuestionable, por cierto. Pero, ¿Qué tanto tomaría en cuenta a la sociedad, si a veces uno podría pensar que ni a sus asesores considera? Sin embargo, AMLO tiene un elemento muy importante a su favor, el gabinete que ha propuesto -y al que no le han declinado invitación alguna- es muy interesante toda vez que está compuesto de personas con muy buena trayectoria, reconocidas y confiables. ¿Será suficiente?

¿Quadri? Para la mayoría, según lo dictan las encuestas y el sentido común, Gabriel Quadri no es una opción real ni deseable en el proceso electoral del próximo domingo. La razón es muy sencilla y suficiente para no considerarlo como opción; Quadri significa Elba Esther Gordillo, es decir corrupción, es decir mantener a la sempiterna secretaria del SNTE como un parásito más viviendo -a todo lujo- del presupuesto. Quadri quiere convencer al electorado de su origen ciudadano, pero en realidad es un peón al servicio de Elba Esther Gordillo y del propio PRI; aquel distanciamiento entre ambos partidos políticos es una clara farsa. Un solo voto a Gabriel Quadri significaría darle un tentáculo más a la Secretaria del SNTE, y sería una clara muestra de la mediocridad o inocencia de nuestra ciudadanía.

¿Anular o no ir, he ahí el dilema? Votar es un derecho, pero también una obligación, por tanto me parece que la opción de simplemente no ejercer ese derecho, es una grave falta cívica y de respeto a nuestra historia. Debemos comprometernos con la sociedad, con el país, con nuestra familia, con nosotros mismos. Ahora, contrariamente a la corriente que se expresa mucho en las redes sociales, considero que anular el voto es una opción válida en cualquier elección. Hay que tener claro, eso sí, que el voto nulo es una apuesta a la siguiente elección, no a la presente. La apuesta consiste en que si el porcentaje del voto nulo -ir a la casilla y anular la boleta- supera a la diferencia entre primer y segunda lugar de la elección, los partidos se preocuparán por atraer a esos votantes en la siguiente elección y con ello tener más legitimidad, ganar la elección y/o más curules en el Congreso.

La moneda sigue en el aire, ya que las elecciones no se ganan ni con encuestas, ni con marchas descomunales, sino con votos, y según estudios la mayoría de los indecisos y algunos que no están del todo convencidos, definen su voto al estar frente a la boleta electoral. Hasta ese momento, muchos nos haremos estas y otras preguntas; decidiremos, y entonces le daremos paso a la esperanza y la fe. Paradojas de la modernidad, aún ahora.

martes, junio 19, 2012

Carta Abierta al ingeniero Gabriel Quadri de la Torre


Escribo esta carta con la intención no sólo de expresarle abiertamente mi sentir con respecto a su actual candidatura a la Presidencia de la República sino de proponerle algo. No es necesario conocerle para saber, después de leer sobre los estudios que ha realizado, los puestos que ha ocupado y sus logros, que es usted una persona inteligente. Además, es evidente que usted ha sido y puede ser una persona valiosa en la promoción de temas de protección ambiental y desarrollo sustentable como lo demuestra especialmente su trabajo desde la sociedad civil y la iniciativa privada.

Lo que uno no alcanza a comprender, tras la lectura de su trabajo y sus logros, es por qué aceptó ser el candidato del Partido Nueva Alianza. Es incomprensible no sólo porque usted tendría que ser un “político de siempre” (de esos que con razón descalifica todo el tiempo) para pagar el costo político de vincularse al partido dirigido por la familia de la señora Elba Esther Gordillo, sino también porque tras abanderar el esfuerzo electoral de dicho partido va a ser muy difícil que recupere su imagen de probidad y su valía para la sociedad civil.

Aunque muchos le creemos que usted no fue designado por la señora Gordillo como candidato, no creemos que sea tan escaso de entendimiento como para no comprender que su labor se reduce a ayudar a obtener los votos suficientes para que el PANAL mantenga su registro. Es difícil creer que la dirigencia del partido se esté aprovechando de su inocencia y de su inexperiencia para que usted no se de cuenta de que sólo es un instrumento de subsistencia del partido. Que usted, en pocas palabras, trabaja para ellos. El que el PANAL le otorgue tanta autonomía en términos de plataforma sólo indica que no importa lo que usted diga o prometa en campaña mientras se consigan los votos suficientes para mantener el registro. El resto de los ciudadanos y la misma dirigencia del PANAL estamos seguros de una cosa: usted no ganará la elección presidencial del primero de julio. Lo único que conseguirá, en grave detrimento de la democracia mexicana, es la permanencia del partido político que representa la cúspide del sistema corporativo mexicano (sí, ese de chantaje y corrupción). Muy en el fondo usted también sabe que esto es cierto.

Es por ello que me he decidido a escribir y proponerle una alternativa; la única alternativa que no sólo le permite retener su dignidad sino que le permite hacer algo con verdadero valor histórico y político: renuncie públicamente a su candidatura (sin declinar a favor de nadie) y permita que el Partido Nueva Alianza siga su curso natural de extinción. Mantener su candidatura no es asunto de dignidad o de palabra, sino de terquedad, incompetencia y falta de ética política. Hoy tiene una oportunidad única de hacer algo que cambie la historia del el sistema político mexicano, no hacerlo lo hace cómplice (consciente o no) de los “políticos de siempre”.

Atentamente
Mtro. Amando Basurto Salazar

viernes, febrero 17, 2012

Nueva Alianza y la futura Elección Presidencial en México


Por Carlos Luis Sánchez y Sánchez

La reciente designación de Gabriel Quadri como precandidato del Partido Nueva Alianza a la Presidencia de la República termina de integrar formalmente el conjunto de alternativas sobre las que habrá de elegir al titular del Poder Ejecutivo el 1 de julio próximo. Quadri es un especialista en temas de economía urbana y desarrollo sustentable, un outsider desconocido no sólo para el común de la ciudadanía sino entre la clase política tradicional.

Lo relevante de ésta (pre)candidatura descansa en dos cuestiones: 1) Si Gabriel Quadri coadyuvará a que Nueva Alianza trascienda el umbral del 2% en la próxima votación nacional y con ello pueda conservar el registro como Partido Político y 2) si  Nueva Alianza jugará un papel estratégico en la elección Presidencial. Todo esto en la medida en que logre movilizar a una importante proporción de su coalición de electores, y con ello inclinar la balanza hacia Enrique Peña Nieto (PRI), Josefina Vázques Mota (PAN) y remotamente (por su franco rechazo al partido y su líder de facto Elba Esther Gordillo) hacia Andrés Manuel López Obrador (PRD).

En el primer caso, el hecho de que Nueva Alianza mantenga el registro no descansa en la candidatura de Quadri; el partido lo tiene asegurado con la votación que obtenga en los 175 distritos de mayoría que se reservó para ir sólo en la contienda cuando firmó la fallida alianza con el PRI en noviembre pasado. De hecho, la coalición con el PRI y el Partido Verde –que se basaba en ir aliados en 125 de las 300 diputaciones de mayoría, (72 candidaturas serían para el PRI,  30 para el PVEM y 23 para el PANAL) y que incluía también encabezar 4 Senadurías (Chiapas, Sinaloa, Puebla y Nayarit)– representaba para el PANAL un 3% o 4% extra aproximadamente; con la alianza con el PRI iban sobre un óptimo de 6% de la votación nacional.

Por otra parte, si Nueva Alianza jugará o no un papel de partido pivote en la elección de julio próximo dependerá de que la competencia electoral –que inicia formalmente a finales de marzo– se fragmente en más de dos candidaturas presidenciales relevantes. Es decir, que se vaya configurando paulatinamente un escenario reflejado en las encuestas en el que, por ejemplo, se vislumbre que el tercer candidato más votado (sea quién sea) superará un umbral del 20% y con  ello los punteros alcanzaran cada uno menos del 40% de los votos.

Como sabemos, ésta fue la distribución que se presentó en la elección de julio del 2006, en donde se atribuye a un segmento de votantes el haber sido decisivos en el triunfo de Felipe Calderón sobre Andrés Manuel López Obrador por menos de un punto porcentual (0.58% ó 243 mil 934 votos). Se ha especulado acerca de que estos votantes provienen de una coalición que habría sufragado por los distintos candidatos a Diputados Federales de Nueva Alianza, pero que no lo hicieron por Roberto Campa, el candidato a la Presidencia.

Lo relevante es que la explicación de la incidencia que tuvo y que posiblemente pueda tener Nueva Alianza en la elección Presidencial, se encuentra por un lado en un sistema de partidos predominantemente tripartita en el que un tercer candidato a la Presidencia puede alcanzar más del 20% de los votos y por otro en la vigencia de la regla de elección del Presidente de la República, basada en la mayoría relativa, lo cual produce un ganador con un estrecho margen de diferencia respecto del segundo lugar y con un bajo apoyo popular, tal y como sucedió en 2006. Este contexto ofrece a Nueva Alianza los incentivos necesarios no sólo para participar en la elección y avanzar en la consecución de escaños y prerrogativas, sino también para –como ocurrió hace seis años– hacer un llamado a la diferenciación de su voto. Sólo hay que recordar como Roberto Campa, en la última fase de la campaña, pedía que al menos le dieran al partido "uno de tres" votos; era una cuasi declinación implícita de Campa, como se dijo en ese entonces a favor de Felipe Calderón.

¿Esto fue así? En principio, con los datos oficiales a nivel agregado podemos ilustrar el éxito de la diferenciación del voto de la coalición "nuevo aliancista:" su candidato a la Presidencia obtuvo 401 mil 884 votos (0.96%) mientras que en la elección de Diputados de Mayoría la votación fue de 1 millón 872 mil 283 votos (4.54%) lo que a la postre le permitió obtener el registro como Partido Político Nacional.  Lo anterior muestra que más de 1 millón 470 mil votantes de Nueva Alianza, distribuyeron su voto entre el resto de los candidatos a la Presidencia: PRI/PVEM, PRD/PT/Convergencia e incluso Alternativa Socialdemócrata pero sobretodo habrían, si queremos ser conservadores, coadyuvado en el triunfo de Felipe Calderón. Esto justificaría la repartición subsecuente de carteras y posiciones en el Gobierno Federal (La Subdirección de Educación Media Básica en la Secretaría de Educación Pública, La dirección de la Lotería Nacional, la Secretaría Ejecutiva del Sistema Nacional de Seguridad Pública para el propio Campa entre las más mencionadas) a la lideresa magisterial Elba Esther Gordillo, líder de facto de Nueva Alianza.

Si Nueva Alianza contribuyó al triunfo de Calderón o no, sólo podemos saberlo con la ayuda de una encuesta de salida (exit poll por sus siglas en inglés) aplicando distintos análisis que pueden ir de lo descriptivo a lo inferencial. Un primer acercamiento con una sencilla tabla cruzada en que se presenta la relación entre  Voto por Diputado Federal y Voto por Presidente,   utilizando los datos de la Encuesta de Salida realizada por el Departamento de Investigación del Periódico Reforma nos indica que:


Voto por Presidente * Voto por Diputado

Voto por Diputado
Voto por Presidente
PRD/PT/CV
PRI/PVEM
PAN
Nueva Alianza
Alternativa
PRD
91.4
14.1
8.4
30.4
30.9
PRI
2.5
71.1
3.6
13.1
4.0
PAN
4.9
12.0
85.9
34.3
28.2
Nueva Alianza
0.1
0.4
0.2
11.0
1.3
Alternativa Socialdemócrata
0.8
1.7
1.4
8.5
32.9
Ns/Nc
0.2
0.6
0.5
2.8
2.7
Total
100
100
100
100
100
Coeficiente de Contingencia: .75 V de Cramer: .57  Chi-cuadrado: .000.
Fuente: Encuesta de Salida Nacional 2 de julio del 2006. Departamento de Investigación Periódico Reforma N: 5662


La distribución de las personas que votaron por Nueva Alianza por Diputado pero que lo hicieron por distintos partidos a la Presidencia de la República fue de la siguiente forma: En su mayoría, pequeña pero mayoría, por Felipe Calderón en 34.3%., en segundo lugar con 30.4% por el PRD (Andrés Manuel López Obrador también se benefició del voto de esta coalición) la diferencia entre ambos fue de .4% (similar a los resultados oficiales), 13.1% por el PRI, 8.5% por Alternativa Socialdemócrata y sólo en 11% por  Roberto Campa. En suma, es posible señalar, al menos en un primer momento, que existió una coordinación estratégica, escasa pero exitosa, entre los electores de Nueva Alianza que tuvo un peso específico en el triunfo de Felipe Calderón en la elección Presidencial del 2006.

Sin embargo, que una situación de este tipo se repita dependerá primero del curso mismo de  la campaña, es decir de que la brecha entre el primero y segundo lugar se acorte paulatinamente e indique que el día de la jornada la elección se pueda decidir por una mínima diferencia. Y segundo, dependerá de la capacidad de convencimiento y movilización que pueda tener Elba Esther Gordillo y los distintos líderes locales de Nueva Alianza para propiciar un voto diferenciado a favor de Enrique Peña Nieto o en su defecto Josefina Vázquez Mota.

El papel testimonial o no que pueda jugar Nueva Alianza, es función de un esquema de competencia de más de dos candidaturas relevantes que puede producir una polarización en las preferencias. Con ello la apuesta por Gabriel Quadri responde únicamente, desde mi punto de vista, a la intención de maximizar una base electoral, que con cálculos conservadores oscila entre el millón y millón y medio de votantes, y alcanzar un 5% o 6% de la votación nacional y con ello ampliar su representación en las Cámaras. Pero aún cuando este escenario no se cumpliera, el futuro del registro de Nueva Alianza está asegurado con un voto duro proveniente en su mayoría del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.




Carlos Luis Sánchez y Sánchez. Maestro en Estudios Políticos y Sociales por la Universidad Nacional Autónoma de México y Doctor en Investigación en Ciencias sociales, con orientación en Ciencia Política por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, sede México.