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martes, junio 06, 2017

Los resultantes electorales de la jornada dominical

Por Amando Basurto-

Ya se ha enfatizado la importancia de la jornada electoral del día domingo al ser el prefacio a las elecciones generales del próximo año. Vale la pena hacerlo aquí de nuevo. Todavía falta tener a mano los resultados finales de las elecciones llevadas a cabo en Coahuila, el Estado de México, Nayarit y Veracruz para poder hacer un análisis completo de lo ocurrido, si embargo es posible señalar un par de resultantes cuya relevancia será mayor conforme pasen los días y los conteos distritales y la calificación de la elección se realicen.

Primero, parece haber un partido ganador en la contienda del domingo. El Movimiento de Regeneración Nacional se posicionó fuertemente en el Estado de México a pesar de su probable derrota. El corto margen reportado con el 97% de las casillas computadas en el Programa de Resultados Electorales Preliminares entre los candidatos de MORENA y del Partido Revolucionario Institucional es de menos de 3% lo que indica que, a pesar del poderío electoral del PRI en aquel estado, a penas le fue suficiente para no perder. Pero más importante que el margen de diferencia entre ambos candidatos es la cantidad de votos que gana el partido de López Obrador en total. Hay que recordar que la lista nominal del Estado de México contiene poco más de 11 millones de posibles votantes y por ello representa fundamental en las aspiraciones de cualquier partido a ganar elecciones presidenciales. La cosecha de MORENA el pasado domingo rebasa un millón quinientos mil votos, convirtiéndola en la primera fuerza política en el Estado de México (ya que Alfredo del Mazo obtuvo arriba de un millón novecientos pero sólo tras la suma de los votos aportados por PRI, PVEM, PANAL y ES en coalición). A esto habría que sumar las cosechas electorales de MORENA en las elecciones llevadas acabo justo hace un año tanto en Veracruz como en la Ciudad de México. En el primer caso, el candidato Cuitláhuac García (MORENA) obtuvo poco más de 809 mil votos por debajo de dos coaliciones electorales (una PAN/PRD y otra PRI/PVEM/PANAL/AVE); en el caso de las Ciudad de México MORENA obtuvo (en las elecciones a la Asamblea) casi 750 mil votos, convirtiéndose en la primera fuerza política en la capital del país. Esto quiere decir que MORENA es hoy la primera fuerza electoral en tres de los cuatro estados con los padrones electorales más grandes (el otro caso es Jalisco).

Esto no quiere decir que Regeneración Nacional vaya en caballo de hacienda rumbo la contienda electoral de próximo año, ni mucho menos. El principal enemigo de ese partido es la soberbia y egolatría de su dirigente (y su dirigencia en lo general) y, por ello, el primer reto a vencer es el caudillismo que tanto daño político le ha causado a nuestro país históricamente. Lo que los resultados arriba mencionados indican es que estamos entrando en un momento parteaguas en la historia electoral en nuestro país que se caracteriza, uno, por requerir coaliciones para ganar elecciones (ya sea que la izquierda encuentre una manera de ir en coalición o que se fragmente en el intento de detener al partido de más rápido crecimiento electoral) y, dos, por haber abierto una escotilla falsa a las candidaturas independientes (que muy difícilmente podrá contender contra las maquinarias partidistas y de coalición en el 2018).

Pero más allá de los partidos políticos y de sus “triunfos” del pasado domingo hay una segunda resultante que habrá que seguir de cerca: el actuar de las autoridades electorales (institutos y cortes). La mala, ineficaz, o cómplice acción de estas autoridades es el un problema fundamental en nuestro sistema político. Habrá que esperar a ver lo que sucede y habrá que estar pendientes del resultado de conteos distritales y de la calificación de las elecciones (tan sólo en el Estado de México se registraron casi doscientos casos de posibles delitos electorales en la jornada del domingo). Mientras elecciones con la enorme cantidad de irregularidades como las disputadas el domingo no sean descalificadas por las instancias judiciales, el sistema electoral mexicano seguirá preso de una corrupción legalizada que perpetúa, con razón, la incredulidad ciudadana en sus instituciones. Se requiere de medidas políticas, legales y judiciales radicales para romper con el círculo vicioso (hoy tan común) de la corrupción electoral en nuestro país. Sin estas medidas no podemos llamar a nuestro sistema político, ni siquiera de manera laxa, una democracia.


Amando Basurto Salazar

Doctor en Política por la New School for Social Research, N.Y. y Maestro en Estudios en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional Autónoma de México 

lunes, mayo 08, 2017

El voto francés contra el ultranacionalismo

Por Amando Basurto-

Ayer, la derrota electoral de Marine Le Pen en Francia tomó a muy pocos por sorpresa. A pesar de registrarse el más alto nivel de abstencionismo (casi 30%) en más de 30 años, el triunfo de Emmanuel Macron ha sido contundente. El resultado deja muy pocas dudas, los franceses son conservadores pero no ultranacionalistas. En los próximos días veremos, muy probablemente, análisis sobre cómo las identidades locales/regionales han resistido históricamente políticas y discursos ultranacionalistas (como los de la familia Le Pen y allegados) y cómo influyeron en las elecciones de ayer.

El triunfo de Macron es un “triunfo por amontonamiento” (como lo fue el de Jacques Chirac sobre Jean-Marie Le Pen en 2002), es un triunfo de “todos contra Le Pen”. El llamado a votar en contra de políticas patrioteras, aislacionistas y xenófobas (y religiosamente discriminatorias) fue suficiente para que una gran mayoría de los franceses que votaron lo hicieran a favor de políticas neoliberales concentradas en En Marche!, el movimiento “ciudadano” independiente que Macron creó tras salir de entre las filas del Partido Socialista hace un año. Es importante resaltar que Macron fue electo por alrededor del 66% de los votantes en una elección en donde los votos blanco y nulos fueron de casi 10% y en donde votaron 33 de 47 millones de votantes inscritos (de un total de casi 70 millones de posibles votantes).

En Marche! asemeja una versión francesa de la Tercera Vía que, sin romper con el neoliberalismo imperante por cuarenta años, pretende ciudadanizar la agenda pública y re-moralizar la política en Francia. Es un remozamiento “popular” de la derecha tradicional que pone en evidencia el bipolarismo partidista heredado del siglo XX. Aún más importante para muchos, Macron promete afianzar el papel de liderazgo de Francia dentro de la Unión Europea (ojalá lo haga de una marea mucho menos parca que su discurso de victoria el día de ayer). Resulta irónico que el discurso ultranacionalista del Frente Nacional haya resultado antipatriótico al llamar hoy a romper con la Unión Europea por que no puede haber algo menos franco-nacionalista que seguir el ejemplo de los británicos (Brexit). Macron, por su lado, no dudó en aparecer frente a las banderas francesa y europea durante su discurso de victoria (veremos como influye esto en la negociación que Theresa May tiene que realizar para completar la escisión del Reino Unido de la Unión Europea). El gran reto de Macron será generar rápidamente una alianza estratégica para las elecciones legislativas que se llevarán a cabo en un mes ya que la Asamblea, por el sistema de cohabitación francés, puede reducir mucho su margen de maniobra si no lograse designar un primer ministro que conduzca su agenda de manera exitosa.

La gran perdedora de las elecciones en Francia (como parece ser una constante alrededor del mundo) es la izquierda (moderada y radical), que no ha podido articular un discurso ni políticas convincente frente a los nuevos retos que impone un mundo mucho mejor “conectado” que sólo ha favorecido un gran acumulación de riqueza en las manos de unos pocos.

lunes, octubre 10, 2016

Apuntes sobre el segundo debate

Por Amando Basurto –

No me extrañaría que, debido al tono y políticas propuestas, los debates presidenciales  entre Hillary Clinton y Donald Trump sean de los más vistos en la historia. Ya sea por interés o morbo, gente alrededor del mundo ha estado al pendiente ya sea de su transmisión o de los resultados. No es seguro que los debates tengan un relevante impacto sobre las preferencias electorales, sin embargo los ataques mediáticos alrededor de los debates parece tendrán una mayor influencia no sólo sobre la percepción de los electores sino sobre las bases de apoyo partidistas de los candidatos. Aquí les presento 3 puntos sobre el debate que me parece relevante tener en cuenta.

1. Más allá de los rounds de ataques mutuos, Donald Trump mostró no estar preparado para un debate así (y mucho menos para ser presidente). Trump ha practicado durante más de un año un discurso mediocre que está cimentado sobre generalizaciones infundadas y el abuso de adjetivos que le impiden hablar de un solo tema de manera directa y concisa; por ello no respondió a la mayoría de las preguntas que se le hicieron durante el debate de ayer. Eso no significa que le haya ido mal en la percepción de su desempeño en el debate; la popularidad de Trump prueba que a muchos estadounidenses les importa poco que su discurso sea difuso y falto de propuestas precisas (a pesar de que a muchos de nosotros nos sorprenda que alguien pueda sobrevivir un debate sin contestar puntualmente ninguno de los temas que allí se trataron), lo que parece importar es que Trump adorne con “carácter” y “decisión” sus promesas de atacar y cambiar el status quo. La crisis en el partido republicano ha llevado a presentar una dupla de candidatos radicalmente opuesta a la de 2008, aquella en que un senador con gran experiencia política (John McCain) lideraba una propuesta secundada por una gobernadora (Sarah Palin) cuya retórica se concentraba en embestir contra el status quo. En aquel entonces la ignorancia de Palin era contrapesada con el sentido común de McCain, no creo que Mike Pence tenga ni la capacidad ni el interés de compensar por la falta de preparación de Trump.

2. Por su parte Hillary Clinton y su equipo de campaña parecen haber optado por una estrategia que evite parecer que están a la defensiva. De tal manera que Clinton se preocupó, tal vez de más, por guardar la compostura y no responder asertivamente los ataques de su oponente. No es una casualidad que desde el inicio del debate Clinton citara de nuevo a su “amiga” Michelle Obama diciendo “when they go low, we go high”; es obvio que ese es el tono que han decidido guardar en los debates (mientras los mensajes mediáticos de la campaña y la filtración de información van en sentido opuesto, lo cual ayuda a la percepción que muchos tienen de que Hillary Clinton no es honesta sino doble-cara). Sin embargo, el mensaje mesurado de Clinton parece denotar una combinación de debilidad y condescendencia dirigido más a no perder el apoyo de sus seguidores que a buscar el apoyo de quienes se dicen indecisos. Esto significó, por ejemplo, perder la oportunidad de enfatizar el tono dictatorial/autoritario que tienen no sólo la propuesta que hace Trump de forzar a los países de origen a recibir a sus nacionales deportados desde los Estados Unidos sino, también, la advertencia que hace de llevar a cabo una investigación especial para encarcelar a Hillary Clinton una vez que él tome posesión de la presidencia.

3. Los “periodicazos” contra Trump sobre la evasión de impuestos federales y sobre las expresiones que muestran lo soez del tono de su relación con y el trato a las mujeres en general le hicieron mucho daño a la campaña en general pero, especialmente, a este debate. Trump y su equipo de campaña fueron incapaces de desviar la atención hacia los escándalos de acoso sexual de William Clinton y por ello erraron en infligir mayor daño a la campaña de Hillary. Esto fue evidentemente un error de “timing” mediático. Donald Trump ya había advertido muchas veces en público que su campaña hablaría y enfatizaría el maltrato a las mujeres del que se acusa a Bill Clinton tratando de caracterizar a Hillary como su cómplice, pero nunca encontraron un momento oportuno para hacerlo y, antes de que sucediera, el video con el audio en el que Trump tiene una “conversación entre hombres” (locker-room talk) fue filtrado a los medios. Esto desencadenó una reacción tardía por parte de los estrategas republicanos: primero lanzando un mensaje de disculpa muy tarde por la noche y, después, organizando el evento con mujeres presuntamente acosadas por Bill Clinton sólo unas horas antes del debate y con un efecto mediático disminuido (que además no parece va a ser contestado por parte de la campaña de Clinton).

A mi parecer, en su recta final ambas campañas podrían acabar por alejar al electorado más que por aumentar su capacidad de movilización. El nivel de abstencionismo del próximo 8 de noviembre nos dirá si esto es cierto.


Amando Basurto Salazar

Doctor en Política por la New School for Social Research, N.Y. y Maestro en Estudios en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional Autónoma de México @amandobasurto

miércoles, septiembre 28, 2016

El detalle está en los pormenores del debate

Por Amando Basurto–

Y llovieron los comentarios tras el debate entre los candidatos presidenciales Donald Trump y Hillary R. Clinton. La mayoría se concentró en juzgar quién ganó, cómo el debate cambiaba las condiciones de la carrera electoral, si el valor del peso mexicano respondió como se esperaba, si alguno o los dos candidatos tienen talante y aplomo presidencial, etcétera. Especial atención se puso, en México, al hecho que el primer país que Trump mencionó en el debate –casi inmediatamente– fue precisamente el nuestro. Y es cierto, es importante tener una idea del posible impacto político del debate (aunque en verdad se exagera cuando se cree que los debates influyen relevantemente en las preferencias) en relación no sólo con proceso electoral sino, también, con el futuro de la política exterior estadounidense.

Es en los detalles del discurso de los candidatos que encontramos señales sobre lo interesante o lo insensato de sus proyectos. Aquí les presento una lista de tres detalles del debate llevado acabo el pasado lunes que pueden ver de nuevo aquí:

1. Donald Trump indicó que va a repatriar (o evitar la fuga) de compañías a travez de imponer un arancel que haga muy costoso producir fuera de los Estados Unidos e introducir dichos productos en el mercado estadounidense. Hay quienes han calificado esta política como “proteccionista”, pero no lo es en estricto sentido. Repatriar una compañía o todo un sector industrial a travez del uso punitivo de aranceles no significa protegerles sino obligarles, no es pues una propuesta proteccionista sino disciplinario-mercantilista. Ya que el objetivo no es proteger a un sector productivo sino obligar a producir dentro del territorio estadounidense (posiblemente con mano de obra estadounidense) sería necesario asegurarse de que esta opción implique costos de producción menores al costo que representa el pago del arancel y por lo tanto una muy poco probable reducción del precio de mano de obra en los Estados Unidos. El plan de Trump podría difícilmente crear empleos, y si lo hace serían mal pagados y de mala calidad muy probablemente. Cabe señalar que el candidato republicano es muy claro en su propuesta “we have to stop them [las compañías] from leaving”; es decir, su proyecto pretende alinear al sector privado (por lo menos una parte) bajo un a política pública de repatriación industrial. No han a estar felices muchos empresarios.

2. Hillary Clinton camina sobre una línea muy delgada cuando se refiere al problema de racismo en los Estados Unidos y su expresión en abuso policiaco que sistemáticamente sufren las comunidades afroamericanas e hispanas en buena parte del país. ¿Cómo hablar de los efectos judiciales del racismo sin que los cuerpos policiacos y sistemas judiciales locales se sientan atacados? ¿cómo referirse y proponer soluciones al racismo sin atender los problemas de exclusión social y económica estructurales? Este no es un tema de simple “ley y orden”, como supone Donald Trump, sino un tema de justicia en el más amplio sentido de la palabra; es decir, de compaginar la aplicación de la ley con un completo respeto a los derechos civiles de los ciudadanos. Trump tiene razón, sin embargo, cuando afirma que el partido demócrata ha defraudado históricamente a las comunidades afroamericana e hispana al no impulsar políticas que realmente reduzcan los diferenciales de bienestar o permitan la regularización de migrantes sin documentos sin antecedentes penales, así que Clinton requiere volver a ganar la confianza de ambas para movilizarlas electoralmente.

3. Es obvio que Donald Trump confunde su “éxito” empresarial con tener las cualidades para conducir la economía y política exterior estadounidense; como si fuese igual dirigir una o varias empresas y presidir un país (en México ya sufrimos los efectos devastadores cuando un presidente de la CocaCola fue electo como presidente de la república). Esta confusión es lo que lleva a Trump a pensar que los acuerdos bilaterales y regionales de defensa mutua se pueden transformar en simples contratos de prestación de servicios militares, ¿cómo? pues simplemente haciendo saber a los aliados históricos de los Estados Unidos que la defensa mutua sólo será posible si pagan por los “tremendos servicios” (Trump dixit) que reciben o se tendrán que defender ellos mismos (volviendo ahora si de facto a las fuerzas armadas estadounidenses en mercenarios). Esto es, pues, otra expresión del mercantilismo-punitivo militar que Trump dice planea usar como estrategia de política exterior. La postura de Trump termina siendo congruente: si para no pagarle a personas que han prestado sus servicios para sus compañías Trump ha “taken advantage of the laws of the nation”, cree que puede hacer lo mismo con respecto a los servicios prestados a estados militarmente aliados al sacar provecho del derecho internacional transgrediendo el principio pacta sunt servanda (los acuerdos deben ser cumplidos) que es fundamental para la gobernabilidad construida en el último siglo.


- Amando Basurto Salazar

Doctor en Política por la New School for Social Research, N.Y. y Maestro en Estudios en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional Autónoma de México @amandobasurto

jueves, agosto 04, 2016

Hillary Clinton y Donald Trump, a 96 días de la elección.

Por Miguel Ángel Valenzuela Shelley


¿Pánico en el Partido Republicano?

Luego de las turbulentas convenciones del Partido Republicano y el Demócrata –en Cleveland y Filadelfia, respectivamente- está definida (todo parece indicar) la carrera presidencial que terminará en noviembre entre el millonario Donald Trump y la ex Senadora y otrora Secretaria de Estado, Hillary Clinton. Trump se impuso sorpresivamente a candidatos que contaban tanto con experiencia política, como con el respaldo de la clase política republicana y a jóvenes promesas del Partido; tal fue el caso de Jeb Bush, Rick Perry, Chris Christie, Marco Rubio o Ted Cruz, entre otros. Clinton por su parte, logró vencer con más dificultades de las previstas a un Bernie Sanders, quien si bien no obtuvo la nominación, sí pudo influir en la definición de la plataforma del Partido, dada la gran cantidad de delegados y respaldo popular; ahora, la candidata no está obligada a apegarse a la plataforma, pero deberá al menos seguir los ejes del programa de Sanders, si quiere contar con el apoyo de sus simpatizantes. Pero, ¿cómo inician la carrera ambos candidatos? ¿Qué perspectiva tienen?
El proceso demócrata para definir a su candidato, culminó en medio de escándalos tanto del Partido mismo como de la entonces pre candidata Hillary Clinton; escándalos que incluso hicieron necesaria una investigación del FBI por el manejo irresponsable de información clasificada vía correo electrónico desde la Secretaría de Estado. A fin de cuentas fue exonerada, permitiéndole así seguir en la búsqueda de la nominación; lo que pareció más una decisión política que judicial. Clinton también enfrentaba –y enfrentará durante la campaña presidencial- cuestionamientos con respecto a su responsabilidad en el ataque al consulado estadounidense en Bengasi (Libia). Por último, el Partido Demócrata sufrió unas horas antes del inicio de su Convención un ataque cibernético, mediante el cual se filtraron cientos de correos electrónicos en los que se mencionaba la estrategia del establishment demócrata para asegurar la candidatura de la ex senadora. Estos problemas sin duda representan una dificultad para la campaña de Clinton, principalmente Bengasi y los e-mails, sin embargo el buen posicionamiento en estados clave, la maquinaria electoral demócrata y la superioridad en el financiamiento (a fines de julio Clinton ha reaudado cuatro veces más que Trump, según la Federal Election Comission) presentan una muy halagüeña perspectiva a Hillary Clinton.  A esto habría que agregar los desatinos en la campaña de Donald Trump.
La estrategia de Trump o su personalidad -ya a estas alturas no está claro qué domina la campaña- se ha caracterizado por ser altisonante, burda, absurda y confusamente anti minorías. Gracias a esto ganó la nominación republicana, pues le habla a aquellos que no se sienten representados por los candidatos tradicionales del Partido Republicano o Grand Old Party (GOP), a aquellos trabajadores afectados por la Globalización; una especie de Barack Obama de la derecha. Obama le hablaba a los liberales que querían más reformas, más cambios, más gobierno, más democracia y menos capitalismo salvaje, liderazgo y no hegemonía; Trump, le habla a quienes buscan mano dura en seguridad, en migración, en política internacional, menos gobierno y más Mercado. Pero esta exitosa estrategia –demos el beneficio de la duda- está mostrando muy temprano en el día su falibilidad en la elección general.
Trump se ha alejado claramente de las minorías –sin duda un muy bajo porcentaje de mujeres, latinos, musulmanes o negros votarán por él, si es que alguno lo hace- y con ello de muchos electores independientes, pero también lo ha hecho de su propio partido; y eso se acrecienta día con día. A sólo semanas de haber aceptado la candidatura, Donald Trump entró en un desafortunado debate con el padre del capitán Humayun Kahn, muerto en servicio en Irak; con Paul Ryan (Speaker of the House) y con el senador John McCain, al no apoyarlos en su reelección para sus respectivas cámaras; y con la Comisión para los Debates Presidenciales (Comission for Presidential Debates, CPD), por programar convenientemente para Hillary Clinton –afirma Trump- dos de los tres debates presidenciales coincidiendo con juegos de la NFL; sin embargo, el calendario de debates se hizo público el 23 de septiembre de 2015. Esto sin mencionar la exigencia de que haga públicos sus declaraciones al Internal Revenue Service (ISR); tema por demás delicado, al parecer.
Los desatinos (al menos) semanales de Trump han provocado que su jefe de campaña, Paul Manafort, exprese su frustración con respecto a la falta de disciplina del candidato; que cada vez más miembros de la clase política republicana declaren que votarán por Clinton o al menos no lo harán por su partido; que su compañero de fórmula, Mike Pence, lo contradiga abiertamente con respecto al apoyo a Ryan y McCain; y que los sondeos en estados clave como Pensilvania, Virginia, North Carolina, Nevada, Colorado o Florida, se vayan decantando por la candidata demócrata. Esto es mortal para la campaña de Trump, pues no sólo los demócratas tienen virtual ventaja en el Colegio electoral (202 votos contra 154) sino que hasta fines de julio Clinton cuenta con 84 millones de dólares, frente a los 22 de Trump. A este respecto vale la pena mencionar que el millonario neoyorkino podría optar por financiamiento federal –que asciende a 96 mdd- con lo que alcanzaría a Clinton, pero tendría que renunciar al financiamiento privado; no obstante, el perfil anti gobierno federal de Trump, hace prácticamente nula esa posibilidad.
Ante tal escenario el Partido Republicano podría asumir una escandalosa derrota en la elección presidencial pero proteger el Congreso –que parece ser la opción elegida- apoyar a un candidato que no les simpatiza y que podría traer altos costos, o aplicar el artículo 9 de la Comisión Nacional Republicana y cambiar al candidato. Esto no ha sucedido, pero ya que el artículo establece esa posibilidad en caso de “muerte, renuncia o cualquier otra cosa”, se abre esa alternativa. La pregunta es ¿hasta dónde llegará el pánico del Partido Republicano? Una cosa es cierta, con las semanas se incrementa.

jueves, junio 30, 2016

Vuelve la burra al trigo: España 26J

Hace justo 4 meses escribía en este espacio sobre el resultado en las elecciones en España de diciembre de 2015: Elecciones en España: de cómo terminar con un presidente que la mayoría no eligió.
En aquel momento hacía un recuento del resultado así como de las  (im)posibilidades de que el PSOE formara un gobierno de coalición con los partidos emergentes.  Remarcaba que quizás lo novedoso y muy notorio del proceso electoral de diciembre era el fin del bipartidismo de la democracia española.
Pues bien pasó medio año de la jornada electoral y fue imposible hacer gobierno en coalición, lo que llevó a convocar nuevamente a elecciones generales este pasado 26 de junio. Las encuestadoras y el ánimo apuntaban a que Podemos, quien durante estos meses planteó alianza con el partido Izquierda Unida, iba a repuntar o quizás rebasar al PSOE para quedar como segunda preferencia y así lograra la posibilidad de formar gobierno.
La realidad: el abstencionismo aumentó, contrario a las predicciones Podemos no logró sobrepasar al PSOE y solo obtuvo 2 escaños más teniendo un total de 71; PSOE obtuvo 85 escaños, 5 menos que las elecciones pasadas, Ciudadanos pierde 8 escaños y se queda con tan solo 32; y el PP se alza como el ganador con 137 escaños 14 más que en las elecciones pasadas. Sin embargo esto deja en una situación más complicada a los españoles.
Por un lado el novedoso quiebre del bipartidismo se desquebrajó toda vez que el 55% de los votantes eligió a los ya tradicionales PP y PSOE, partidos que siguen hablándole a la España de 50 años o más y que deja a los jóvenes fuera de sus prioridades , de su discurso y sus propuestas.
Por otro lado el PP sigue sin tener la mayoría de 176 escaños para formar gobierno, lo cual lleva a Rajoy a la necesidad de negociar con los partidos que no han querido generar alianzas con el PP y que dadas sus plataformas sería como plantear que agua y aceite funcionen. Puede negociar con Ciudadanos, un partido joven pero con quien comparte idearios y propuestas desde la derecha. Sin embargo ello no plantea un escenario suficiente para lograr la mayoría y necesitarán 8 lugares más para declarar gobierno.
Su última opción es un gobierno en minoría mismo que tendría que ser aprobado por los diputados y de no llegar a ese acuerdo convocar a nuevas elecciones. Para ello tendrán que convencer a los demás partidos que voten a favor o bien se abstengan. Queda claro que los partidos de izquierda y extrema izquierda votarán en contra ¿qué pasará con PSOE que dados los resultados poco le conviene ir a otras elecciones, que no votará a favor pero que de abstenerse lograría que el PP lo logre?
Rajoy gobernará, el PP gobernará habiendo obtenido solo el 32% de la preferencia de los votantes, gobernará con una oposición absoluta, tendrá que negociar política pública, presupuestos y directrices con quien no las comparte. Presidirá en minoría con la premura de poder gobernar y llegar a acuerdos, en una España urgida de acciones y de soluciones a su crisis política, económica y sí también social. Gobernará un país con dos territorios que en sus resultados electorales muestran su cada vez más marcada diferencia con el resto: País Vasco y Cataluña.
La situación política de España invita a la autocrítica de un sistema que aunque democrático claramente es poco representativo, quizás esta oposición mayoritaria pudiera considerar una urgente reforma política. También toca a la ciudadanía hacer una reflexión a conciencia de su voto y de qué tan responsables son de lo sucedido.
Así vuelve la burra al trigo: Elecciones en España: de cómo terminar con un presidente que la mayoría no eligió.

– Melissa Ortiz Massó

Melissa Ortiz Massó es activista social especialista en poder legislativo, transparencia, rendición de cuentas y acceso a la información. Promotora del Parlamento y Gobierno Abierto @melamalo

miércoles, junio 08, 2016

Bonita Democracia

BONITA DEMOCRACIA

Terminó la temporada electoral de este 2016 y tras una jornada de sorpresas para unos y de desencantos para otros vale la pena hacer un alto y pensar qué sucedió.
La mayor parte de la prensa anuncia esta jornada como un día de pérdida para el PRI y de ganar para el PAN, pero ¿qué hay detrás de esto? ¿De verdad ganó el PAN o la gente simplemente dice “no más”?
Llama la atención que particularmente Durango, Quintana Roo, Veracruz y Tamaulipas hayan por fin dejado al PRI detrás, después de décadas (casi nueve) de estar bajo gobierno priistas. Puede entenderse que bajo los niveles de violencia y crimen en los que viven, particularmente Veracruz y Tamaulipas, la gente decidiera probar otra opción ¿sin embargo qué opciones hay?
Parece ser que la gente votó desde el hartazgo, completamente comprensible, pero hay que preguntarse si de verdad se votó por una nueva opción, si de verdad el PAN tiene la facultad y la distinción para poder resolver estos grandes problemas que aquejan a la población de los estados que han ganado.
Cuesta trabajo entender qué propuestas se pueden plantear cuando en algunos de estos estados, como es el caso de Durango, Quintana Roo y Veracruz el PAN gana en alianza con el PRD partido que por definición y en planteamientos de agenda ha sido antagonista del PAN, si quisiéramos entenderlo como una alianza entre la derecha y la “izquierda”. ¿Cómo desde estos desencuentro lograrán acuerdos?
Quizás la gran sorpresa para el PAN es Chihuahua un estado tradicionalmente priista en donde gana con Javier Corral, un político panista que se ha caracterizado por sus constantes enfrentamientos con la propia cúpula del PAN y por en numerosas ocasiones no se ha alineado a la disciplina panista y más bien ha demostrado integridad y coherencia con los temas que ha empujado desde su trabajo como legislador. Será interesante ver qué tan íntegro se mantiene en la gubernatura y desde luego se le extrañará como legislador.
Por otro lado seguimos viendo tendencias priistas en estados que si bien ha pasado por transiciones que el PRI gane francamente no revela gran sorpresa tal es el caso de Hidalgo, Tlaxcala, Oaxaca y Sinaloa que pese a los índices de violencia, desacuerdo social, gran pobreza que anteriores gobiernos priista no han podido (o no ha querido) resolver, el voto les sigue favoreciendo.
Tenemos además el escenario de la Ciudad de México en donde la elección se caracterizó por su bajísima asistencia, sólo 30% del padrón asistió a votar. Muchos aducen la falta de información de qué se trataba la elección y lo atípico de la misma, la elección del constituyente. El resultado favorece en la elección a  Morena aunque dado el diseño de conformación del Constituyente el PRD es quien tendrá mayoría en la asamblea ¿democrático el proceso?
Qué pasa con las izquierdas en el país, cuando  Morena y PRD van separados y el PRD incluso prefiere una alianza con la derecha, que buscar un proyecto desde sus agendas con un movimiento más afín como Morena. ¿Qué hubiera pasado en Veracruz si el escenario hubiera sido una alianza del PRD-Morena y no con el PAN? Parece que el PRD no confía en su agenda, y está solo buscando la sobrevivencia electoral, sus alianzas con el PAN dan señales de no tener más propuesta ni solidez y desde luego de poca congruencia. A Morena por otro lado habrá que tenerla en el ojo dadas sus ganancias, si bien no en gubernaturas, sí lograron posicionarse de manera interesante en los congresos de Oaxaca, Veracruz y Ciudad de México, será su prueba de oro para ver qué tan opción pueden ser para quienes confían su voto rumbo al 2018 y habrá que ver que tan dispuestos o hábiles están para unir izquierdas y no irse solos, porque así me temo que poco lograrán a nivel nacional.
Otro proceso electoral más, tildándolo de democrático, pero lo cierto es que este país muestra cada día más que estamos lejos de la democracia cuando no hay verdaderas opciones que respondan a la ciudadanía. Cuando tenemos partidos aliados que tradicionalmente son antagonista; cuando el PAN se proclama ganador de algo que ni siquiera construyeron y que no queda claro que estén preparados o verdaderamente interesados para afrontar; cuando hay un PRI que gobierna al país y continúa en sus mismas prácticas sin ánimo de cambio pese al hartazgo de la ciudadanía; cuando ante la opción de dar espacio a la ciudadanía a que decida su futuro en la Ciudad de México ésta no cree en ello y los resultados le dan la razón, gana un partido que no tendrá la mayoría.
Y sobre todo esto unos legisladores que pareciera esperan las elecciones para tener moneda de cambio y que llevan meses discutiendo un urgente sistema anticorrupción como si este fuera la herramienta que les permitirá o darle el traste a sus opositores o acomodarlo a gusto para seguir en las mismas pero no generar cambios.
Y después de las elecciones ¿qué? ¿Esperar a ver si ahora sí viene un cambio? ¿Seguir sentados para tener solo como oportunidad de participación las elecciones? Bonita democracia…

– Melissa Ortiz Massó

Melissa Ortiz Massó es activista social especialista en poder legislativo, transparencia, rendición de cuentas y acceso a la información. Promotora del Parlamento y Gobierno Abierto @melamalo

miércoles, mayo 11, 2016

El camino a la Casa Blanca: cuesta arriba e incomodidad para el GOP.


Por Miguel Ángel Valenzuela Shelley

El escenario de una Convención disputada o abierta prácticamente ha desaparecido, con lo que se confirmaría la contienda entre Hillary Clinton y Donald Trump por la presidencia de los Estados Unidos de América. La elección tendrá lugar el segundo martes de noviembre –en esta ocasión martes 8- y aunque todavía falta que los candidatos acepten la nominación en sus respectivas convenciones, veremos de aquí hasta ese momento una gran cantidad de encuestas y proyecciones que de una u otra manera nos mostrarán parte del escenario electoral, principalmente en estados que podrían decidir quién ocupará la Casa Blanca en los próximos cuatro u ocho años. En este artículo presentaré la situación que parecen enfrentar ambos partidos, partiendo de la pregunta ¿podrá Donald Trump repetir la sorpresa y convertirse en el 45º presidente de los EEUU?
Aunque en un principio la élite política del Partido Republicano –el establishment Republicano- no consideró posible que Donald Trump fuese el eventual candidato del Grand Old Party (GOP) –como se conoce a dicho Partido- conforme la candidatura del empresario neoyorkino cobró fuerza,  aquella intentó evitar que se convirtiera en su abanderado. No obstante, el apoyo a John Ellis “Jeb” Bush, posteriormente a Marco Rubio y finalmente a Ted Cruz –quien inclusive trató de ganar delegados al nombrar a la otrora empresaria y precandidata Carly Fiorina como compañera de fórmula-  fueron infructuosos y probablemente ayudaron a la victorias de Trump en Florida, Indiana o Texas, en algún sentido. Es decir, Donald Trump está a punto de ser el candidato Republicano a la presidencia a pesar (o tal vez gracias) al establishment del GOP; habrá que ver cómo pesará esto en la elección general de noviembre.
De acuerdo al sistema electoral de los EEUU un candidato o candidata, necesita 270 votos del Colegio electoral para ganar la Presidencia, por lo que esa es la cantidad que se debe buscar en las sumas y restas de los votos del Colegio electoral que representa cada estado de la Unión. Toda vez que quien gana un estado se lleva todos los votos –a excepción de  Nebraska y Maine que pueden dividirlos, pero aportan muy pocos votos del Colegio electoral; 5 y 4, respectivamente- y que las ciudades más pobladas pueden decidir la elección, hay que poner atención en la distribución poblacional y sus características, lo que –dicho sea de paso- ha modificado el mapa electoral. Es decir, la población blanca tradicional (White Anglo Saxon and Protestant, WASP) ya no decide por sí sola cada vez más estados, y son las minorías las que lo están haciendo; mujeres, negros, latinos y homosexuales, principalmente, son grupos de ciudadanos que deben ser más tomados en cuenta como parte fundamental del crisol estadounidense, no sólo en el discurso, sino en las políticas públicas, en el ideario político. He aquí la clave de la cuesta arriba Republicana.
Le elección de 2012 alejó claramente a los Republicanos de las minorías; en aquella Obama obtuvo 332 votos del Colegio electoral contra apenas 206 de Mitt Romney. Pero más aún, confirmó la tendencia Demócrata al alza y la baja Republicana. Si comparamos el mapa electoral de 2004 (GW Bush vs JF Kerry) con el de 2012 (BH Obama vs WM Romney), los Demócratas han ganado en 2008 y 2012 los estados de Florida, Colorado, New Mexico, Ohio, Virginia, Nevada y Iowa, es decir 88 votos del Colegio electoral; eso explica la victoria en 2008 por 365 contra 173 y la ya mencionada en 2012 (332 versus 206), pero también es un indicador importante para esta elección, pues muestra una tendencia.
Donald Trump retó al establishment Republicano y ganó, lo que alimenta su afirmación con respecto a que puede ganar aún sin los Republicanos –refiriéndose a la élite del Partido- el problema para Trump es que si los Demócratas ganan los 19 estados que han ganado en las últimas 6 elecciones más Florida y Washington D. C., Hillary Clinton sería la 45ª presidenta de los EEUU al sumar 271 votos del Colegio electoral; y eso en una perspectiva en cierto modo conservadora, ya que algunas proyecciones dan a Clinton un resultado favorable de 337 contra 201 de Trump. Esta es una de las razones por las que la campaña de Trump y algunas casas encuestadoras, como Quinnipiac University, intentan manipular al electorado amañando algunos resultados en las encuestas. Por ejemplo, el día de hoy -10 de mayo- Donald Trump celebró en redes sociales el hecho de que un estudio de la mencionada Universidad lo ubica por delante de Hillary Clinton en un estado importante, representativo (cuestionable) y no definido, como es Ohio, sin embargo, este estado tiene un 79% de población blanca votante y el estudio se realizó con un 83%, cosa no menor toda vez que la diferencia entre el Republicano y la Demócrata es precisamente de 4%.
Un estado clave en las aspiraciones presidenciales y que ha sido muy peleado es Florida. Muchos podrían pensar que dado que dos de los principales contendientes por la candidatura Republicana pertenecen políticamente a dicho estado –Marco Rubio y Jeb Bush- los 29 votos que otorga Florida irían a la columna de Trump, pero los Demócratas han ganado las dos últimas elecciones ahí. En 2000 GW Bush ganó el estado por 537 votos, pero Obama lo hizo por poco más de 100 mil en 2008 y por cerca de 74 mil en 2012; y lo que es más, Clinton aventaja a Trump por 7% de acuerdo al promedio de Election Projection, según distintas encuestadoras en un reporte actualizado el día de hoy (mayo 10).
Si vemos el escenario desde la perspectiva Republicana la situación es peor, pues aún ganando los estados que tradicionalmente obtiene o que ha ganado en las últimas seis elecciones, el GOP contaría con 102 votos electorales, es decir que aún debería buscar 168 más. Cierto, es muy probable que gane 9 estados más que significarían 117 votos del Colegio electoral y podría pelear Colorado y Florida, que los llevaría a 255, pero aún así quedaría corto por 15 votos. La pregunta no es sólo de dónde sacaría esos votos, sino si alcanzará los votos necesarios para estar en la pelea, y es que la apuesta Republicana en las últimas dos elecciones ha sido por el voto blanco, alejándose de las minorías; estrategia que no sólo está repitiendo Donald Trump, sino que está yendo más allá al afirmar que podría ganar sin el establishment Republicano.
En cierta forma Donald Trump es la expresión de Obama en el GOP, es decir, Barack Obama tuvo un gran apoyo del electorado por ser un outsider, es decir, un político ajeno (hasta cierto punto) a la clase política tradicional, al establishment Demócrata. Por eso Trump ha tendido tanto apoyo en estados como Indiana o incluso Florida, pero Obama contaba con las minorías y eso decidió el proceso electoral; lección –al parecer- aprendida por el Partido Republicano al contar con candidatos como Carly Fiorina, Ben Carson, Ted Cruz o Marco Rubio, pero el candidato será Donald Trump. La carrera por la Casa Blanca está definida y al momento, es cuesta arriba para el Grand Old Party y su incómodo candidato.

viernes, febrero 26, 2016

Elecciones en España: de cómo terminar con un presidente que la mayoría no eligió

Melissa Ortiz Massó –

El pasado 20 de diciembre se llevaron a cabo elecciones generales en el Reino de España, unas elecciones muy esperadas tras una de las peores crisis económicas y sociales en España desde la llegada de la democracia. Unas elecciones con nuevos actores, nuevos partidos con una cara distinta y nuevos votantes. Todo ello  adelantaba el fin del bipartidismo del Partido Popular (PP) y el Partidos Socialista Obrero Español (PSOE).

En efecto el resultado trae las nuevas buenas: final del modelo bipartidista tras casi 4 décadas. Sin embargo no todo son buenas noticias, el resultado mete al Congreso y a los españoles en un dilema y atore del que a más de dos meses y sólo unos días de la investidura presidencial, no han podido salir.
De acuerdo al sistema electoral español para que un partido logre el encargo presidencial debe llegar a tener mayoría absoluta, es decir 176 diputados. En las elecciones el PP con Mariano Rajoy a la cabeza gana la mayoría de escaños en el Congreso con 123 votos, seguido del PSOE de Pedro Sánchez con 90, Podemos de Pablo Iglesias con 69 y Ciudadanos de Albert Rivera con 40 (el resto de los 6 partidos obtienen 28 escaños entre todos). Dados estos resultados el PP y el PSOE se ven en la necesidad de asegurar alianzas con los demás partidos para conseguir los diputados necesarios que les lleve a la Presidencia.

Esto no es solo un problema simple de aritmética. Entramos aquí en la discusión y en las etiquetas que entre uno y otros se han puesto o que bien han demostrado es su quehacer gubernamental o en sus plataformas, unos de izquierdas PSOE y Podemos y otros de derechas PP y Ciudadanos, con sus matices e intensidades, unos más en los extremos Podemos y PP y otros más en los centros PSOE y Ciudadanos. Son estas etiquetas las que pudiendo hacer las combinaciones posibles, en realidad hacen lo imposible: ponerlos de acuerdo.

El PP desde un inicio manifestó interés del apoyo de Ciudadanos pero aun así le era necesario negociar con el PSOE o Podemos, partidos que claramente no se sentarían con ellos sea por el deseo del poder exclusivo o por incongruencia de visiones políticas y morales. Igualmente para el PSOE, pese a tener uno de los peores resultados en su historia electoral, desde un principio manifestó la negativa a negociar con el PP y cederles la posibilidad de gobernar por un periodo más. Ante ello PSOE necesita sentarse con Ciudadanos y con Podemos para lograr el título, suena fácil sin embargo Ciudadanos y Podemos tienen clara la imposibilidad congeniar ni sentarse en conjunto porque sus visiones de España y de política social y económica no coinciden.

En medio de este embrollo de posturas y vale decir arrogancias, tras no tener un acuerdo que diera presidente a España, el Rey Felipe en su calidad de jefe de Estado decide el 2 de Febrero encargar (lo que ello signifique) a Pedro Sánchez del PSOE que forme coaliciones para obtener la Presidencia teniendo un mes para hacerlo.

En principio el próximo 2 de marzo Pedro Sánchez tendría que presentarse ante el congreso y obtener la investidura Presidencial. La prensa española ha dado cuenta desde el 3 de febrero a la fecha de todos los dimes y diretes entre los cuatro partidos, y el ir y venir de acusaciones, de desplantes y de una evidente lucha por el poder que deja ver lo alejados que están los partidos del interés primordial de la ciudadanía.

Notas van y vienen reflejando el nivel de negociación en el que cada partido se ha instalado. Un PP que le habla a una mayoría del electorado mayor de 40 años; un PSOE que insiste instalarse en la izquierda aunque sus propuestas y plataformas no reflejen esa postura; un Podemos que, pese a ser una novedosa opción para el electorado joven, no ha sabido comunicarse con la mayoría de adultos y que lejos de sostener sus propuestas pareciera que están luchando por los puestos y no la agenda; y por último Ciudadanos que siendo la cuarta fuerza y con solo 40 escaños apunta al ser el gran ganador, olvidando su cercanía al PP y prefiriendo pactar con el PSOE a cambio sí de lugares en el gobierno pero también de agenda.

Termina febrero y parece que España no tiene miras para llegar al 2 de marzo y tener presidente. Grave es, ante una recesión económica inminente, la presión de los jerarcas europeo y empresariales, pero quizás más grave para las y los españoles es estar atorados en un sistema electoral que les de pluralidad pero que no refleja necesariamente democracia. Un sistema en donde el Rey encarga a un partido sin mayoría que busque gobierno. Un sistema que hoy no les permite tener el gobierno que quisieran: las últimas encuestas hechas por Metroscopía muestran al PP como la preferencia de la mayoría (eso sí sin Rajoy al frente), el PSOE como segunda fuerza, Podemos como la tercera y Ciudadanos como la cuarta. Un sistema donde los representantes tan alejados de sus representados alegan por el poder y no por las agendas, lo que se escuchan son condiciones de negociación y no propuestas en común.

España se enfrenta a una crisis económica y social que no termina; con una Cataluña que amenaza independizarse; políticas laborales y de libertades que el pasado gobierno del PP impuso en una lógica liberal y regresiva en materia de derechos y ahora una crisis política que pudiera no terminar de la forma más democrática. Las opciones para la ciudadanía: estar cerca y presionando a sus representantes, exigir unas nuevas elecciones en junio y después de ellas una necesaria reforma política.




- Melissa Ortiz Massó


Melissa Ortiz Massó es activista social especialista en poder legislativo, transparencia, rendición de cuentas y acceso a la información. Promotora del Parlamento y Gobierno Abierto @melamalo




[1] http://metroscopia.org/barometro-febrero-2016/

jueves, noviembre 08, 2012

Cuatro años menos para Barack Obama


Por Miguel Angel Valenzuela Shelley y Amando Basurto –

Siempre vale la pena, hablando de políticas públicas y representatividad republicana, pensar los periodos político-administrativos no sólo como tiempo que uno tiene de “más”, sino como el tiempo que a uno le resta para cumplir lo prometido en campaña. Es por ello que, después de las elecciones de ayer, es deseable que el Presidente Barack Obama comprenda que lo que tiene son cuatro años menos y que tendrá que cambiar de estrategia si no quiere ver su gobierno de nuevo amputado por la parálisis legislativa. Un vistazo inicial a los resultados de la elección permite proyectar las posibles lecturas políticas que les darán ambos partidos.

El día de ayer, Obama fue reelecto luego de una apretada contienda que le otorga entre 303 y 332 votos del Colegio electoral –faltando que se determine el resultado en Florida- contra 206 ó 235 de Mitt Romney. El análisis de los resultados a grosso modo de una elección (es decir sólo con las cifras finales) impide una lectura correcta, amplia del propio proceso; esto es especialmente cierto en los Estados Unidos debido a su complejo sistema electoral. El resultado ya mencionado parecería indicar una clara victoria de Obama. También el resultado parcial del voto popular que le da al Presidente 60’075,442 sobre los 57’397,415 obtenidos por el ex gobernador Romney parece ser muy categórico. Pero es necesario conocer a mayor profundidad el sentido del voto –quién y con qué características voto en qué sentido- para comprender el resultado del proceso y cómo se podrían mover los Partidos en un futuro.

Un primer vistazo a los números indica que a mayor nivel de urbanidad y educativo más votos para Obama, y a mayor ingreso y práctica religiosa, más simpatía por Mitt Romney. Eso puede apreciarse, allende las cifras, tanto en los estados que apoyaron a uno y a otro, como en la dinámica electoral. Es por ello que podía adelantarse –proyectarse- antes del cómputo final, que Obama ganaría Ohio, Virginia y Florida por las características urbanas y sociales de los distritos que faltaban por enviar resultados, sin importar que el Presidente estuviera debajo en los conteos. En Ohio, por ejemplo,  la región automotriz del estado tardó en enviar los resultados –Sandusky, Lorain, Cuyahoga, etc.; mismo caso el los condados de Charlottesville y Albermarle de Virginia, o de Palm Beach, Broward y Miami Dade, en Florida, que enviaron resultados hasta ya muy entrada la noche, y al ir llegando estos se invirtieran los resultados parciales.

También se puede observar que mientras los hombres votaron mayoritariamente por Romney (52%), las mujeres y los jóvenes lo hicieron por Obama (55% y 60% respectivamente). Sin embargo, al discernir el perfil de las votantes encontramos que el voto de las afroamericanas y latinas fue muy relevante: 42% de las mujeres blancas, 76% de las mujeres latinas y 96% de las afroamericanas votaron por Barack Obama. El caso del voto masculino es muy similar: 35% de los hombres blancos, 65% de los latinos votaron y 87% de los afroamericanos votaron por el Presidente. Lo que se puede apreciar con estas cifras, es que no fueron mujeres quienes apoyaron al Presidente, sino mujeres afroamericanas y latinas, es decir, el voto femenino de las minorías. Parece haber no sólo una clara distinción ideológica, sino racial en el electorado norteamericano.

Una de las razones por la cual Barack Obama fue re electo, según muchos analistas (simpatizantes del Partido Demócrata u Obama; cabe mencionar que ya se debate quién ganó si el Partido Demócrata o el Presidente Obama), es la inspiración que éste genera en los jóvenes, y el 60% del voto joven parece indicarlo así, pero una vez más acerquémonos a los números. Entre jóvenes blancos de 18 a 29 años el 44% votó por Obama, mientras el 74% de jóvenes latinos y el 91% de afroamericanos tomaron la misma decisión. En ese mismo sentido, 55% de los votantes entre 30 y 39 años apoyaron la re elección demócrata, pero la gran mayoría fueron latinos y afroamericanos. Se repite la conclusión del voto femenino; no son los jóvenes que apoyaron a Obama, fue la aplastante mayoría de jóvenes latinos y afroamericanos. Esto también ayuda a explicar la derrota Republicana, y les indica qué espacios deben cubrir.

Se puede deducir que las minorías deciden ahora las elecciones presidenciales estadounidenses; los blancos, anglosajones y protestantes –el público preferido por el Partido Republicano- ya no tienen la capacidad de definirlas. También se puede decir, para evitar simplemente racializar el voto estadounidense, que ambos partidos políticos han perdido terreno al sobrevalorar el rol que la economía juega en las elecciones. La política y la decisión de quien será el próximo presidente no es un asunto de “creación de empleo” (aunque Romney como Felipe Calderón insistan en ello); la política es un asunto de la positivización y la defensa de derechos. Ojalá quede confirmado que hoy no se puede ganar una elección con propuestas que atentan contra los derechos de las mujeres, de aquellos en situación más vulnerable, del 47% que –según Romney­– son unos vividores del sistema. Es por ello que Obama consiguió ser electo con uno de los niveles más bajos de aprobación en su administración y con un nivel de desempleo de más del 8%. Parafraseando un “dicho” muy estadounidenses muy a menudo: “No, estúpido, no es simplemente la economía.”

Ejemplo de lo anterior es la aprobación en Maine, Maryland y Washington del matrimonio entre personas del mismo, o el rechazo de los votantes a una ley que lo prohibiría en Minnesota; la legalización de la marihuana en Colorado, su uso médico en Massachusetts; la elección de la senadora Tammy Baldwin (Wisconsin), la primera persona abiertamente gay electa al Senado; o el número histórico de 20 senadoras. Aún en una severa crisis económica y con altos índices de desempleo, los votantes tuvieron otras consideraciones además de la economía; Nevada, que tiene el índice de desempleo más alto del país es sólo un botón de muestra. Al final, la mayoría de los electores estadounidenses prefirieron prolongar la administración Obama, con todas sus limitaciones, a darle una sola oportunidad a quienes proponen políticas ultraconservadoras para “salvar” al país.

Los retos para Obama siguen siendo enormes. El “acantilado fiscal” que se avecina pondrá en jaque a las economías estadounidense e internacional. Hacer frente al problema poniendo orden en las finanzas públicas y cobrando impuestos a los que más dinero ganan será fundamental para evitar un periodo prolongado de estancamiento económico. Promover un gasto público razonable para mantener en marcha la producción y el consumo nacionales serán de seguro una prioridad. Y muy especialmente, Obama deberá probar a muchos más estadounidenses que sus políticas no son una expresión de una guerra entre clases (class warfare) sino una estrategia seria para renovar un sistema político y social que ha dado importantes muestras de agotamiento. Cuatro años menos, señor presidente, para lograrlo.