miércoles, febrero 22, 2012

El GOP, el arma secreta de Obama


Por Miguel Ángel Valenzuela Shelley
 
Aunque el desempleo se mantiene arriba del 8% por los últimos tres años y la economía parece recuperarse pálidamente; a pesar de que los precios de las casas se han desplomado a lo más bajo desde la Gran Depresión y 6 millones de estadounidenses han caído en la pobreza durante la Administración Obama, generando todo esto un 50% de aprobación para el Presidente, Barack Obama tiene buenas oportunidades de reelegirse, y su arma secreta es el Partido Republicano con su complicadas elecciones primarias y aún más puede serlo su candidato.

Con lo cerrado del proceso republicano, cada primaria y caucus es importante dada la tendencia que puede generar. Ya se había comentado el efecto que podría tener para la campaña del senador Rick Santorum sus recientes victorias en Colorado y Minnesota –inclusive el concurso de belleza de Missouri- lo que parece confirmarse según las encuestas de los últimos días. De ser así podría haber un nuevo favorito en la carrera Republicana; estaría por verse si esas son buenas noticias para el GOP.

El próximo martes 28 de este mes se llevarán a cabo las primarias en Arizona y Michigan, y apenas 4 días después –el 4 de marzo- el caucus en Washington. Mitt Romney va ligeramente al frente en Arizona (36% a 33%) pero Santorum encabeza las encuestas en Michigan (37% a 33) y en Washington (38% a 27%). De resultar así los procesos en dichos estados, Santorum llegaría no sólo fortalecido sino como favorito al Súper Martes -6 de marzo- cuando se pondrán en juego 466 delegados a la Convención Nacional Republicana. Esto no sólo por el número de delegados comprometidos y las sorpresivas victorias, sino por haber vencido a Romney en su propio estado natal (Michigan). De hecho las encuestas y victorias del Senador ya están teniendo efecto en estado clave como Texas (155 delegados) en el que Rick Santorum va a la cabeza en las preferencias por 45% a 16% de Mitt Romney.

El problema del Partido Republicano se agudiza al cerrarse la carrera o con la voltereta de Santorum, pues ninguno de sus candidatos parece tener muchas probabilidades de vencer a Obama en la elección general. Por ejemplo, uno de los estados más fuertes para Mitt Romney en la elección interna es Massachusetts, en donde tiene una preferencia de 64% frente a 16% de Santorum, sin embargo ante una elección general Obama vencería al Gobernador 53% a 39%. La campaña de Romney se centra en que él sí es capaz de vencer al Presidente, incluso en debates, pero no está logrando imponerse a un político del siglo pasado (Newt Gingrich) ni a un joven e inexperto Santorum, cuyo radicalismo lo debilita importantemente en una elección general, abierta. Al parecer no sólo con dinero se gana la Casa Blanca, después de todo.

Rick Santorum tiene posturas muy radicales en cuanto a política social y a la sociedad misma; no sólo está contra el derecho al aborto, sino contra el matrimonio de personas del mismo sexo y prácticas homosexuales, aunque no contra la homosexualidad, tal y como él mismo afirma…caray, menos mal. El Senador también critica que la mujer trabaje fuera de casa, pues eso trae serios conflictos en el hogar y crisis en la familia y sus valores. Eso puede generar grandes simpatías en el GOP, pero sería muy poco probable que pueda convencer electores en Massachusetts, New York, California o Florida. Según un estudio de Real Clear Politics en el que aglutina diversas encuestas –Politico, CNN, Fox News, etc.- Barack Obama vencería a Rick Santorum por casi 8% en promedio; pasando por la diferencia de 2% que le otorga Rasmussen Tracking, hasta la de 12% de Fox News.

Este escenario ha dado pie a la posibilidad de que en la Convención Nacional Republicana se dé al apoyo a una tercera opción, es decir, un político que pueda cohesionar a un ya dividido Partido y convencer a electores –pensando en la general de noviembre- cosa que ninguno de los actuales pre-candidatos parece lograr. Entre los candidatos alternativos se manejan los nombres de Mitch Daniels (Gobernador de Indiana), Chris Christie (Gobernador de New Jersey) y Jeb Bush (hermano de GW y otrora Gobernador de Florida). Que esto se presente es posible aunque no muy probable, ya que la dinámica de la Convención es muy distinta a la ocasión anterior en que aconteció algo similar (1976). Ahora el stablishment del GOP tendría mucha resistencia por grupos con mucha influencia en sesiones plenarias, como el Tea Party.

La fortaleza de Barack Obama para buscar su reelección, no está en su Administración, sino en su papel como candidato, en su desempeño en los debates, en su conexión y capacidad para motivar al público, pero (probablemente) sobre todo en el Partido Republicano.

viernes, febrero 17, 2012

Nueva Alianza y la futura Elección Presidencial en México


Por Carlos Luis Sánchez y Sánchez

La reciente designación de Gabriel Quadri como precandidato del Partido Nueva Alianza a la Presidencia de la República termina de integrar formalmente el conjunto de alternativas sobre las que habrá de elegir al titular del Poder Ejecutivo el 1 de julio próximo. Quadri es un especialista en temas de economía urbana y desarrollo sustentable, un outsider desconocido no sólo para el común de la ciudadanía sino entre la clase política tradicional.

Lo relevante de ésta (pre)candidatura descansa en dos cuestiones: 1) Si Gabriel Quadri coadyuvará a que Nueva Alianza trascienda el umbral del 2% en la próxima votación nacional y con ello pueda conservar el registro como Partido Político y 2) si  Nueva Alianza jugará un papel estratégico en la elección Presidencial. Todo esto en la medida en que logre movilizar a una importante proporción de su coalición de electores, y con ello inclinar la balanza hacia Enrique Peña Nieto (PRI), Josefina Vázques Mota (PAN) y remotamente (por su franco rechazo al partido y su líder de facto Elba Esther Gordillo) hacia Andrés Manuel López Obrador (PRD).

En el primer caso, el hecho de que Nueva Alianza mantenga el registro no descansa en la candidatura de Quadri; el partido lo tiene asegurado con la votación que obtenga en los 175 distritos de mayoría que se reservó para ir sólo en la contienda cuando firmó la fallida alianza con el PRI en noviembre pasado. De hecho, la coalición con el PRI y el Partido Verde –que se basaba en ir aliados en 125 de las 300 diputaciones de mayoría, (72 candidaturas serían para el PRI,  30 para el PVEM y 23 para el PANAL) y que incluía también encabezar 4 Senadurías (Chiapas, Sinaloa, Puebla y Nayarit)– representaba para el PANAL un 3% o 4% extra aproximadamente; con la alianza con el PRI iban sobre un óptimo de 6% de la votación nacional.

Por otra parte, si Nueva Alianza jugará o no un papel de partido pivote en la elección de julio próximo dependerá de que la competencia electoral –que inicia formalmente a finales de marzo– se fragmente en más de dos candidaturas presidenciales relevantes. Es decir, que se vaya configurando paulatinamente un escenario reflejado en las encuestas en el que, por ejemplo, se vislumbre que el tercer candidato más votado (sea quién sea) superará un umbral del 20% y con  ello los punteros alcanzaran cada uno menos del 40% de los votos.

Como sabemos, ésta fue la distribución que se presentó en la elección de julio del 2006, en donde se atribuye a un segmento de votantes el haber sido decisivos en el triunfo de Felipe Calderón sobre Andrés Manuel López Obrador por menos de un punto porcentual (0.58% ó 243 mil 934 votos). Se ha especulado acerca de que estos votantes provienen de una coalición que habría sufragado por los distintos candidatos a Diputados Federales de Nueva Alianza, pero que no lo hicieron por Roberto Campa, el candidato a la Presidencia.

Lo relevante es que la explicación de la incidencia que tuvo y que posiblemente pueda tener Nueva Alianza en la elección Presidencial, se encuentra por un lado en un sistema de partidos predominantemente tripartita en el que un tercer candidato a la Presidencia puede alcanzar más del 20% de los votos y por otro en la vigencia de la regla de elección del Presidente de la República, basada en la mayoría relativa, lo cual produce un ganador con un estrecho margen de diferencia respecto del segundo lugar y con un bajo apoyo popular, tal y como sucedió en 2006. Este contexto ofrece a Nueva Alianza los incentivos necesarios no sólo para participar en la elección y avanzar en la consecución de escaños y prerrogativas, sino también para –como ocurrió hace seis años– hacer un llamado a la diferenciación de su voto. Sólo hay que recordar como Roberto Campa, en la última fase de la campaña, pedía que al menos le dieran al partido "uno de tres" votos; era una cuasi declinación implícita de Campa, como se dijo en ese entonces a favor de Felipe Calderón.

¿Esto fue así? En principio, con los datos oficiales a nivel agregado podemos ilustrar el éxito de la diferenciación del voto de la coalición "nuevo aliancista:" su candidato a la Presidencia obtuvo 401 mil 884 votos (0.96%) mientras que en la elección de Diputados de Mayoría la votación fue de 1 millón 872 mil 283 votos (4.54%) lo que a la postre le permitió obtener el registro como Partido Político Nacional.  Lo anterior muestra que más de 1 millón 470 mil votantes de Nueva Alianza, distribuyeron su voto entre el resto de los candidatos a la Presidencia: PRI/PVEM, PRD/PT/Convergencia e incluso Alternativa Socialdemócrata pero sobretodo habrían, si queremos ser conservadores, coadyuvado en el triunfo de Felipe Calderón. Esto justificaría la repartición subsecuente de carteras y posiciones en el Gobierno Federal (La Subdirección de Educación Media Básica en la Secretaría de Educación Pública, La dirección de la Lotería Nacional, la Secretaría Ejecutiva del Sistema Nacional de Seguridad Pública para el propio Campa entre las más mencionadas) a la lideresa magisterial Elba Esther Gordillo, líder de facto de Nueva Alianza.

Si Nueva Alianza contribuyó al triunfo de Calderón o no, sólo podemos saberlo con la ayuda de una encuesta de salida (exit poll por sus siglas en inglés) aplicando distintos análisis que pueden ir de lo descriptivo a lo inferencial. Un primer acercamiento con una sencilla tabla cruzada en que se presenta la relación entre  Voto por Diputado Federal y Voto por Presidente,   utilizando los datos de la Encuesta de Salida realizada por el Departamento de Investigación del Periódico Reforma nos indica que:


Voto por Presidente * Voto por Diputado

Voto por Diputado
Voto por Presidente
PRD/PT/CV
PRI/PVEM
PAN
Nueva Alianza
Alternativa
PRD
91.4
14.1
8.4
30.4
30.9
PRI
2.5
71.1
3.6
13.1
4.0
PAN
4.9
12.0
85.9
34.3
28.2
Nueva Alianza
0.1
0.4
0.2
11.0
1.3
Alternativa Socialdemócrata
0.8
1.7
1.4
8.5
32.9
Ns/Nc
0.2
0.6
0.5
2.8
2.7
Total
100
100
100
100
100
Coeficiente de Contingencia: .75 V de Cramer: .57  Chi-cuadrado: .000.
Fuente: Encuesta de Salida Nacional 2 de julio del 2006. Departamento de Investigación Periódico Reforma N: 5662


La distribución de las personas que votaron por Nueva Alianza por Diputado pero que lo hicieron por distintos partidos a la Presidencia de la República fue de la siguiente forma: En su mayoría, pequeña pero mayoría, por Felipe Calderón en 34.3%., en segundo lugar con 30.4% por el PRD (Andrés Manuel López Obrador también se benefició del voto de esta coalición) la diferencia entre ambos fue de .4% (similar a los resultados oficiales), 13.1% por el PRI, 8.5% por Alternativa Socialdemócrata y sólo en 11% por  Roberto Campa. En suma, es posible señalar, al menos en un primer momento, que existió una coordinación estratégica, escasa pero exitosa, entre los electores de Nueva Alianza que tuvo un peso específico en el triunfo de Felipe Calderón en la elección Presidencial del 2006.

Sin embargo, que una situación de este tipo se repita dependerá primero del curso mismo de  la campaña, es decir de que la brecha entre el primero y segundo lugar se acorte paulatinamente e indique que el día de la jornada la elección se pueda decidir por una mínima diferencia. Y segundo, dependerá de la capacidad de convencimiento y movilización que pueda tener Elba Esther Gordillo y los distintos líderes locales de Nueva Alianza para propiciar un voto diferenciado a favor de Enrique Peña Nieto o en su defecto Josefina Vázquez Mota.

El papel testimonial o no que pueda jugar Nueva Alianza, es función de un esquema de competencia de más de dos candidaturas relevantes que puede producir una polarización en las preferencias. Con ello la apuesta por Gabriel Quadri responde únicamente, desde mi punto de vista, a la intención de maximizar una base electoral, que con cálculos conservadores oscila entre el millón y millón y medio de votantes, y alcanzar un 5% o 6% de la votación nacional y con ello ampliar su representación en las Cámaras. Pero aún cuando este escenario no se cumpliera, el futuro del registro de Nueva Alianza está asegurado con un voto duro proveniente en su mayoría del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.




Carlos Luis Sánchez y Sánchez. Maestro en Estudios Políticos y Sociales por la Universidad Nacional Autónoma de México y Doctor en Investigación en Ciencias sociales, con orientación en Ciencia Política por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, sede México.

jueves, febrero 16, 2012

Rebelión en Siria

Por Amando Basurto.-

Una y otra vez se escucha decir, o se lee en los medios, que son pocos los días que le restan al régimen de Bashar al-Assad, presidente de Siria. Por fin, durante estas dos semanas hemos podido ver imágenes más claras de lo que en aquel país acontece. Y si, confirmamos que es un caso grave de violencia. Pero aún es muy difícil hacerse de información que lleve a un juicio claro e identifique plenamente al “grupo opositor”.

Los medios noticiosos no se cansan de recetarnos las viejas formas de hacer crónica sin tener clara idea de los sucesos y sin el mínimo rigor en el uso de la palabra. Y no es necesario ser un literato para poder distinguir entre “manifestantes” y “rebeldes.” La diferencia es fundamental en estos casos. Los primeros protestan públicamente tratando de alzar la voz –a veces con desobediencia civil– pero dentro del marco legal y político vigente. Los segundos toman calles y enfrentan a los cuerpos de seguridad utilizando algún tipo de arma y, aún más importante, desafían y exigen la dimisión de quienes están a cargo del gobierno y el cambio de la estructura legal y política. Sin esta distinción se vuelve imposible comprender lo que sucedió en Libia y lo que está acaeciendo en Siria. Simplemente no se puede comprender la posible racionalidad que tienen los embates que el ejército Sirio lanza contra sus opositores en las calles de Hama.

Al igual que sucedió en Libia, la sensación que dejan las notas mediáticas es que el gobierno ha utilizado una fuerza militar desmedida para detener “manifestaciones pacíficas.” Sin desechar la posibilidad de que estos regímenes en verdad sobre-reaccionen a manifestaciones civiles en sus países, es simplemente muy difícil creer que el gobierno Sirio esté gastando tantos recursos en detener “manifestaciones pacíficas.” Las imágenes que hora tenemos muestran a dos fuerzas (incomparablemente) armadas enfrentándose. Y no se trata –en lo más mínimo– de defender al gobierno Sirio, sino en reconocer la dignidad de rebeldía de aquellos hombres y mujeres que han decidido levantarse en contra de un régimen opresor. Me parece que es denigrante llamar “manifestantes” a un grupo de rebeldes (o revolucionarios).

Utilizar la denominación correcta no sólo permite tener una visión más clara de lo que está sucediendo (el gobierno Sirio está peleando por su subsistencia y Bashar al-Assad por su vida), también permite utilizar argumentos más inteligentes que el de “intervención humanitaria,” como el de reconocimiento de “beligerancia”. Reconocer el status de beligerancia significa que otros Estados y Organismos Internacionales le reconocen garantías internacionales al grupo que, en este caso, se ha levantado en contra del régimen Sirio (Consejo Nacional Sirio y el Ejército Sirio de Liberación). Esto implica otorgar espacio jurídico-político al grupo rebelde y calificar el principio de soberanía del Estado Sirio.

Esto explica tanto la portada del último número de The Economist como el contenido del artículo titulado “How to set Syria Free” (¿Cómo liberar Siria?) en su interior. La portada del número publicado el 11 de febrero pasado no muestra a un grupo de manifestantes sino a un nutrido grupo de rebeldes, muchos de ellos armados con rifles Kalashnikov. Después de explicar las razones por las que bombardear al ejército Sirio jugarían a favor de gobierno de al-Assad (y en contra de un desorganizado y desunido Ejército Sirio de Liberación), The Economist propone que el grupo rebelde muestre unidad y convenza a Kurdos y Cristianos de apoyarlos en contra del régimen. Acto seguido, la editorial propone que Turquía establezca y defienda una zona de seguridad (safe haven) al noroeste de Siria como la “creada para los Kurdos en el norte de Irak,” que permita la agrupación y entrenamiento del Ejército Sirio de Liberación y la formación de una “oposición creíble.” Lo meritorio del artículo es que en vez de recurrir al discurso “humanitarista” señala que lo que hay que hacer es reconocer y en su caso apoyar a los rebeldes. El grave problema es que parece ignorar por completo que los Kurdos son un grupo étnico que ha luchado históricamente por su independencia y se ubican al norte de Irak, norte de Siria y este de Turquía. De hecho, la mayor concentración poblacional de Kurdos se ubica en Turquía. Esto significa que si el gobierno turco aceptase establecer una zona de seguridad también aceptaría la posibilidad implícita de que en algún momento se cree una dentro de su territorio para proteger a la población kurda. Eso, muy probablemente, no va a suceder.

El presidente Bashar al-Assad quema las naves e invierte toda su morralla política en decretar el fin del gobierno de emergencia (que ha estado activo desde 1963) y en una reforma constitucional que termine con el unipartidismo. Liberalizar el país en medio de una revuelta resulta usualmente en una estrategia fallida. Es posible que la República Árabe Siria llegue pronto a su fin como la conocemos hoy, pero no lo hará sin agotar todas las instancias de fuerza y fuego que tiene a su alcance. Evitemos pues opiniones ideológicamente ingenuas, a nadie nos sirven.